Argentina tiene autos cada vez más viejos circulando por las calles: qué implica y cuál sería la gran solución
Cuando se publican las cifras del parque automotor circulante en Argentina, es inevitable no pensar en los motivos, pero especialmente, en el modo de recuperar lo perdido.
Hace algunos días, la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), difundió su informe anual correspondiente a 2025, y las noticias no fueron buenas.
Según la entidad que nuclea a los autopartistas argentinos, el parque de autos que recorre las calles y rutas de todo el país volvió a envejecer más que el año calendario, lo que amplía más aun la distancia con el ideal y genera otro tipo de perjuicios como el de una mayor contaminación ambiental.
Sin embargo, lo que salta como principal conclusión, es que los argentinos todavía no pueden renovar sus autos como ocurría una década atrás, y se van quedando con sus unidades más tiempo del esperado.
Los autos, cada vez más viejos
En 2023 la edad promedio de los autos circulando por Argentina era de 14,1 años. Al año siguiente, como no podía ser de otro modo con un mercado que se retrajo con menores ventas de unidades 0 km, la edad pasó a ser de 14,3 años de antigüedad.
Pero en 2025, a pesar de un alza en las ventas de vehículos nuevos que alcanzó el 47%, esa mejora no se pudo reflejar en la edad promedio de los autos, la cual, de hecho, aumentó más todavía, pasando a ser de 14,8 años.
El dato no debe sorprender, porque en el mismo informe anual de AFAC de 2024, se había calculado que para interrumpir el proceso de envejecimiento del parque circulante, era necesario que se vendieran 1.100.000 unidades 0km en 2025, cosa que no solo no ocurrió sino que la cifra apenas superó el 50% con los 612.000 patentamientos que se computaron durante el año.
Con la mejora de las ventas de autos 0Km de 2025, al menos esa cifra no se modificó y el 1,1 millones de unidades sigue siendo la cifra objetivo del mercado para evitar que siga el proceso negativo.
Las consecuencias de un parque automotor viejo
Los números del informe 2025 señalan que el parque aumentó un 1%, pasando de 15.552.418 autos en 2024 a 15.784.385 el año pasado, de los cuales el 39,7% tienen entre 10 y 20 años de antigüedad y el 27,4% tiene más de 20 años. Esto significa que casi el 70% de los autos que circulan tienen más de 10 años de vida.
Con los avances de la tecnología y de las exigencias de emisiones contaminantes que los Gobiernos de los países más desarrollados aumentan año tras año, tener un parque circulante obsoleto daña el medio ambiente, pero además, impide que se puedan actualizar los estándares de cuidado del medio ambiente, que sólo se puede aplicar a las unidades nuevas que entren al mercado automotor.
Así, pruebas de emisiones de las Verificaciones Técnicas Vehiculares (VTV), tienen menor incidencia en cuidar la contaminación ambiental y solo pueden mantener los niveles actuales por más tiempo, pero sin poder avanzar en una agenda de reducción de CO2 y Nox desde el parque automotor circulante.
Pero tener automóviles con una edad promedio de casi 15 años de antigüedad, y que el 27% tengan más de 20 años desde que empezaron a circular, además de ser un "ancla a tecnología más antigua", también es motivo de mayores roturas, de mal funcionamiento por desgaste y de un peligro potencial de mayor siniestralidad vial.
Todo esto está asociado a costos para todas las partes involucradas. Para los particulares porque tienen que gastar más dinero en mantener funcionando sus autos, pero también en el costo de las pólizas de seguro automotor, que a más antiguos son los autos tienen que gastar más dinero para reparar los siniestros en los que quedan involucrados sus vehículos asegurados.
Hoy los costos de reparabilidad son tan altos, que muchos accidentes que en otra época se consideraban reparables, son pasados a un estado de Destrucción Total, por la falta de repuestos y el costo de la mano de obra. Para los seguros termina siendo "más negocio" pagar el auto como inservible que su reparación, lo cual termina incrementando los costos para las aseguradoras, por tener una cartera de clientes más proclives a roturas.
Como consecuencia secundaria, ante el aumento de los seguros en autos más viejos, que naturalmente son los que tienen las personas cuyos ingresos no les permiten tener un auto más nuevo por falta de liquidez monetaria, empieza el proceso de reducción de las coberturas, con un universo de usuarios que bajan su costo de seguro achicando el tipo de póliza, que pasa de Todo Riesgo sin franquicia a Todo Riesgo con Franquicias cada vez más bajas, a Tercero Completo y a Responsabilidad Civil y nada más.
Consecuencias de los autos viejos
Del mismo modo, hay otros rubros que se ven afectados, porque a mayor cantidad de accidentes se producen deterioros en la infraestructura vial, que si es privada genera un costo que se termina trasladando a peajes, y si es pública afecta los presupuestos de mantenimiento vial; y se producen mayores costos médicos con la misma discriminación entre la salud pública y la particular, pero que en cualquier caso termina generando más gastos que alguien tiene que pagar.
Inevitablemente, son costos estructurales intangibles o que requieren una trazabilidad de toda la cadena de gastos que implica tener autos más obsoletos. En esa cadena también hay sectores que pueden utilizar mejor el parque automotor viejo de un país, como los desarmaderos legales, que desde el año pasado tuvieron un aumento de las piezas recuperables de automóviles que se dan de baja por siniestros o por antigüedad.
Existe la idea de generar un círculo virtuoso que involucre a esta parte del negocio de modo tal que los usuarios de autos de más de 15 o 20 años, puedan considerar para que esos vehículos no se sigan vendiendo como autos usados, sino para desguace, a cambio del recupero de parte de su capital por medio de las autopartes que se pueden reutilizar en el mercado de reposición.
Pero ese sistema sólo puede funcionar si a esa cuota de partes que se recuperan se le puede sumar un capital adicional que impulse la venta de vehículos más nuevos, y eso requeriría un programa tipo "Plan canje", que el Estado pareciera no estar en condiciones de asumir, al menos en esta época.