Madres, profesionales y deportistas: cómo cambió la mirada de las mujeres sobre su cuerpo
Ser madre, trabajar, emprender, entrenar y sostener una vida social intensa forman parte de la rutina de muchas mujeres. En ese contexto, también cambió la manera de relacionarse con las transformaciones que atraviesa el cuerpo.
El doctor Juan Manuel Serén, cirujano plástico y próximo presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires (SCPBA), observa ese cambio en su práctica cotidiana. Recibe mujeres jóvenes que llegan después de un embarazo y la lactancia, de una pérdida de peso o de años de entrenamiento, con una preocupación que no necesariamente pasa por aumentar el volumen de sus mamas.
"Muchas no vienen a buscar más volumen. Llegan porque sienten que sus mamas cambiaron y que esa nueva forma ya no representa cómo se ven a ellas mismas. Son mujeres que siguen trabajando, siendo madres, haciendo deporte y desarrollando sus proyectos, y quieren encontrar una alternativa que acompañe esa vida", explica.
La Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires contempla entre las indicaciones de la mastopexia la caída de las mamas y los cambios en su forma. La entidad explica que este procedimiento permite levantarlas y que puede asociarse a un aumento mamario cuando, además de reposicionar el tejido, se busca sumar volumen.
Después de la maternidad, otra relación con el cuerpo
El embarazo produce distintos cambios físicos y las mamas pueden aumentar de tamaño y volverse más sensibles desde las primeras etapas. También pueden modificarse las areolas y otros tejidos a lo largo de la gestación, según explica el American College of Obstetricians and Gynecologists.
Después del embarazo y la lactancia, algunas mujeres perciben cambios en el volumen, la posición o la forma de sus mamas. A eso se suman las variaciones de peso y los cambios propios de los tejidos con el paso del tiempo.
Para algunas, la consulta no significa querer volver exactamente al cuerpo que tenían antes de ser madres. Se trata de recuperar una forma con la que vuelvan a sentirse identificadas.
"Una mujer puede aceptar que su cuerpo cambió después de ser madre y, al mismo tiempo, decidir que quiere hacer algo con ese cambio. No son cuestiones contradictorias. Lo importante es entender qué espera, por qué consulta y si una cirugía realmente puede ayudarla a alcanzar ese objetivo", plantea Serén, creador del protocolo ERABAS de Rápida Recuperación en cirugía mamaria.
En ese sentido, la conversación dejó de centrarse exclusivamente en el tamaño. La forma, la proporción y la relación y armonía con el resto del cuerpo tienen cada vez más importancia en la decisión.
Entrenar, trabajar y no detenerse
Otro aspecto que aparece en las consultas es la necesidad de compatibilizar cualquier intervención con una agenda que no se detiene. Para una madre con hijos pequeños, una empresaria o una persona que entrena varias veces por semana, el postoperatorio también forma parte de la decisión.
"Hoy una paciente pregunta cuánto tiempo va a necesitar para volver a trabajar, cuándo podrá retomar el entrenamiento o cómo organizarse con sus hijos. La recuperación dejó de ser un aspecto secundario de la cirugía. Forma parte de la planificación", sostiene el especialista.
La actividad física ocupa, además, un lugar particular. Hay mujeres que entrenan de manera sostenida, cuidan su alimentación y tienen una relación muy activa con su cuerpo, pero que igualmente consultan por cambios en las mamas que no pueden modificar con ejercicio.
"Hay aspectos de la mama que el entrenamiento no puede corregir. Una persona puede fortalecer el tórax y mejorar su condición física, pero eso no significa que pueda modificar la posición o el exceso de piel de una mama que cambió después de un embarazo o de una pérdida importante de peso", explica el Dr. Serén.
Cuando la cirugía se integra a una vida que ya existe
Las redes sociales también modificaron la forma en que estas conversaciones llegan al público. Mujeres jóvenes, madres, deportistas, profesionales e influencers comparten sus experiencias y hacen visibles procedimientos que durante años estuvieron asociados casi exclusivamente con el aumento mamario.
En ese contexto, aparecen historias de pacientes con recorridos diferentes, pero atravesadas por una misma idea: la cirugía no ocupa el centro de sus vidas, sino que se integra a una vida que ya existe.
Para Agostina Tilli, gastronómica, interiorista y creadora de contenido, volver a confiar en un cirujano y en su propio cuerpo después de una experiencia previa difícil no fue sencillo. Según cuenta, aquella situación había condicionado su posibilidad de entrenar, realizar determinadas actividades y disfrutar de su cuerpo con tranquilidad.
"La cirugía con Serén significó mucho más que una corrección física. Sentí que pude cerrar una etapa que había sido una pesadilla y recuperar algo que había perdido: la seguridad en mí misma. Hoy puedo hacer ejercicio, moverme y vivir mi día a día sin ese dolor y eso para mí tiene un valor enorme. Más allá del resultado estético, lo que recuperé fue bienestar físico, mental y confianza", relata.
En el caso de Romina Natalia Parquet, empresaria y CEO de CIMC Wetrans Argentina, la decisión llegó después de un proceso personal. Es una mujer activa, trabaja y es mamá, y cuenta que durante muchos años sus prioridades estuvieron puestas en su familia y en su trabajo.
"No fue una decisión impulsiva ni algo que surgió de un día para el otro. En un momento sentí que también tenía ganas de ocuparme de mí y de sentirme mejor con mi cuerpo. No buscaba transformarme ni convertirme en otra persona. Quería verme y sentirme bien siendo yo. Una cirugía puede mejorar algo que vos querés cambiar, pero la seguridad y la autoestima no aparecen solamente en un quirófano. En mi caso, fue una decisión que acompañó un momento personal en el que elegí priorizarme un poco más", explica.
Para el especialista, estas experiencias también muestran por qué la indicación no puede separarse de la historia personal de cada paciente.
"Ver el resultado de otra persona puede generar una identificación o una inquietud, pero no define una indicación. Cada cuerpo, cada historia y cada expectativa son diferentes. Mi trabajo es escuchar qué busca esa paciente, explicarle qué posibilidades existen y también cuándo una cirugía no es la respuesta", advierte.
La expectativa ya no pasa solamente por el resultado final. También incluye entender qué se puede modificar, qué no, cómo será la recuperación y qué lugar ocupa una eventual intervención dentro de la vida cotidiana.
Más que cambiar el cuerpo, decidir sobre él
La mirada del especialista tiene, entonces, una lectura que excede a la cirugía estética. Son pacientes que atravesaron transformaciones importantes —maternidad, lactancia, cambios de peso, entrenamiento— y que, al mismo tiempo, construyeron nuevas rutinas profesionales y personales.
La decisión de realizar una cirugía puede formar parte de ese proceso, pero no responde necesariamente a la idea de volver al cuerpo de antes. En muchos casos, se trata de decidir cómo quieren verse después de todos esos cambios.