LEGADO 2026: innovaciones argentinas buscan transformar la forma de producir alimentos
Una semilla recibe un tratamiento con plasma antes de llegar al campo. Una fruta destinada a exportación es protegida con una tecnología desarrollada a partir de biopolímeros de origen microbiano para que llegue en mejores condiciones a destino.
Son soluciones diferentes, pero parten de una misma pregunta: cómo producir alimentos de manera más eficiente y sostenible.
Detrás están Guadalupe Murga, de Sylvarum, y Joaquín Fisch, de Nat4Bio, las dos startups argentinas seleccionadas entre los diez emprendimientos que avanzaron en LEGADO 2026, el programa de innovación social de Bayer Foundation impulsado por Endeavor.
Ambas compañías ya cuentan con tecnologías desarrolladas y probadas en condiciones reales. El desafío ahora es otro: lograr que soluciones creadas en Argentina puedan crecer y generar impacto a mayor escala.
Evitar que una fruta se pierda antes de llegar a destino
Joaquín Fisch dimensiona el problema que busca resolver Nat4Bio con un dato: entre el 40% y el 50% de las frutas y verduras producidas a nivel global se pierde antes de ser consumido. En postcosecha, explica, una de las principales causas son las podredumbres provocadas por hongos.
Para países exportadores como Argentina, el problema tiene además impacto económico. Cítricos, peras, manzanas y frutas de carozo pueden pasar semanas dentro de un contenedor hasta llegar a destino.
"Cada punto de podredumbre son divisas que no entran y empleo estacional que no se sostiene", resume Fisch.
Frente a un escenario en el que desarrollar nuevos fungicidas resulta cada vez más costoso y los mercados establecen mayores restricciones sobre residuos y dosis, Nat4Bio decidió abordar el problema desde otro lugar.
"En lugar de desarrollar una nueva molécula, decidimos enfocarnos en la formulación", cuenta Fisch.
El equipo observó cómo la naturaleza logra que determinadas sustancias se adhieran eficientemente a los tejidos vegetales y, a partir de allí, desarrolló bioproductos basados en polímeros de origen microbiano.
"En postcosecha, más del 90% de lo que se aplica nunca actúa. Con nuestro producto, el mismo principio activo, a la misma dosis, protege mucho más porque efectivamente llega", explica.
Su primer producto, NTBase, fue probado durante 2026 con empresas líderes en exportación de cítricos del Noroeste argentino. Según Fisch, los pilotos mostraron menor incidencia y severidad de podredumbres en destino sin necesidad de utilizar más fungicidas.
Pero para el emprendedor existe una condición para que una solución sustentable pueda extenderse: también tiene que cerrar económicamente.
"Por más que el impacto social y ambiental sea real, es condición necesaria generar impacto económico positivo para los clientes. La agricultura opera con márgenes muy bajos, por lo que es difícil exigirle a un cliente que pague una prima de precio por sostenibilidad".
Electricidad para mejorar una semilla
Sylvarum trabaja en el otro extremo del ciclo productivo: antes de la siembra.
La startup liderada por Guadalupe Murga desarrolló una tecnología basada en plasma que utiliza electricidad para mejorar la calidad y el desempeño de las semillas, reduciendo la dependencia de insumos químicos.
"Buscamos transformar la manera en que producimos alimentos, haciendo que las semillas sean más fuertes y productivas desde el inicio", explica.
La tecnología ya está dando el salto del laboratorio al campo, con pruebas junto a empresas agrícolas y productores en maíz, soja, girasol y cebada.
"En nuestros ensayos hemos logrado acelerar la germinación hasta un 60% y observar incrementos de rendimiento de hasta un 12%, además de mejorar el vigor y la calidad de las semillas", afirma Murga.
Para la emprendedora, el impacto tiene además otra dimensión: "Una tecnología desarrollada desde Argentina puede convertirse en una herramienta concreta para que los productores sean más eficientes y puedan producir más con los mismos recursos".
El desafío de pasar de la innovación a la escala
Nat4Bio y Sylvarum llegaron a LEGADO en un momento similar: ya tienen tecnologías desarrolladas y validaciones. El próximo desafío es conseguir que esas soluciones crezcan.
Es precisamente el tipo de emprendimientos al que apunta el programa de Bayer Foundation: startups de base tecnológica o científica que superaron su etapa inicial y necesitan dar el siguiente salto.
"Uno de nuestros mayores desafíos es convertir una tecnología validada en una solución que pueda escalar globalmente", reconoce Murga. Para ella, el acceso a mentores, empresas y referentes puede acelerar ese proceso. "LEGADO puede ser un puente muy importante entre la innovación que estamos desarrollando y el impacto que queremos generar a gran escala".
Para Fisch, la selección tiene un significado particular. Nat4Bio se había presentado en ediciones anteriores sin lograr superar las primeras fases.
"Haber sido seleccionados en 2026 indica que estamos en la dirección de crecimiento correcta", afirma. Y considera que la red de Bayer y LEGADO puede ayudarlos a "expandir nuestra propuesta de valor a nuevos cultivos y geografías, amplificando así el impacto positivo".
Allí las dos historias se encuentran con uno de los conceptos centrales de LEGADO: la innovación social no termina en desarrollar una buena solución; necesita ser sostenible y alcanzar escala.
Innovar desde América Latina
Para Murga, hay además un valor especial en demostrar que este tipo de desarrollos puede surgir desde la región.
"Somos una startup deep-tech nacida en Argentina, y recibir este reconocimiento nos da visibilidad, respaldo y confianza para seguir llevando una innovación que desarrollamos acá hacia otros mercados de la región y del mundo".
Su mensaje para otros emprendedores resume buena parte de ese recorrido: "No subestimen el poder de construir desde nuestra región. Muchos de los grandes desafíos globales tienen una enorme oportunidad de innovación en América Latina".
Fisch suma otra condición: para que el impacto ambiental y social perdure, también debe generar valor económico.
Las dos miradas confluyen en un mismo punto: la innovación demuestra su verdadero impacto cuando consigue resolver un problema concreto y multiplicar su alcance.
Ese es ahora el desafío para Nat4Bio y Sylvarum: llevar dos soluciones desarrolladas en Argentina a una escala capaz de contribuir a producir y conservar alimentos de una manera más eficiente y sostenible.