El "dólar que viene" anticipa los productos que serán más baratos para la clase media

En el Presupuesto, el Gobierno dejó en claro que no subirá más de un 5% con respecto al valor actual. Qué bienes se alejarán del alcance de los argentinos
Por iProfesional
ECONOMÍA - 20 de Septiembre, 2010

La Argentina es un paí­s que –hace rato- ingresó en un proceso que a esta altura resulta casi irreversible, al menos en el corto plazo: el de su fuerte encarecimiento en dólares.Sucede que, en el último año, la inflación le sacó 20 puntos de ventaja a la suba del billete verde (23 contra 3 por ciento). ¿Se acortará ese margen de aquí­ a las elecciones? No. Muy por el contrario, irá en franco crecimiento. Y este vaticinio no sólo es sustentado por la mayorí­a de los analistas privados sino que es, justamente, el propio Gobierno -en su Presupuesto 2011- quien ya dejó "sellado" a fuego el destino que le impondrá a la moneda estadounidense: solamente "dejará" que suba un 4,5% (de los actuales $3,97 a $4,15).Así­ las cosas, a esos 20 puntos que ya perdió el dólar contra la inflación real habrá que sumarles entre otros 15 o 20 (puntos) adicionales, de cara a los meses venideros, habida cuenta de la inercia inflacionaria que, inevitablemente, se arrastrará de un perí­odo a otro.El Gobierno tiene el poder de fuego para controlar el billete verde a su antojo y el consenso de los analistas afirma que -en pleno año electoral- no dudará ni un segundo en utilizarlo, para que la población se dedique a consumir y así­ el paí­s muestre altas tasas de crecimiento."El dólar el año próximo será administrado con suavidad", fueron los palabras del ministro de Economí­a, Amado Boudou, que trajeron preocupación a muchos industriales locales que observan cómo los artí­culos importados se abaratan cada dí­a más frente a los fabricados en el mercado doméstico. Ahora bien, ¿influye en el bolsillo de los argentinos este "divorcio" entre el dólar y la suba de precios? En efecto, habrá productos que les resultarán mucho más baratos de adquirir con el paso del tiempo, mientras que otros se irán alejando progresivamente de sus posibilidades. En tanto, llenar el changuito en el súper, los servicios, los precios de las propiedades y los salarios (no todos) tendrán nuevamente otro repunte dolarizado. En definitiva, irá profundizándose lo que ya se viene dando este año:

  • Electrónica importada barata: los artí­culos que tienen precios dolarizados (principalmente los electrodomésticos traí­dos del exterior y productos de alta tecnologí­a) se harán más accesibles en términos de salarios. Al respecto, un informe de Abeceb revela que los argentinos deben destinar una menor proporción de su sueldo para acceder a este tipo de artí­culos de consumo frente a los consumidores de paí­ses vecinos.
  • "Made in Argentina" más caro: los productos industriales fabricados en el mercado doméstico irán en aumento. Los sectores que utilizan mucha mano de obra y que deben otorgar aumentos salariales de dos dí­gitos sufrirán, inexorablemente, un encarecimiento de sus costos en dólares, que se trasladará al valor final. Esto se viene dando y se profundizará, por ejemplo, en el caso de la indumentaria, por lo que no resulta sorprendente ver cómo el precio de la ropa en Argentina -desde un jean hasta una camisa de marca– ya se encuentra al mismo nivel o más caro que el que se exhibe en otras capitales del mundo, a pesar del "4 a 1".
  • Ladrillos más costosos: los precios de las propiedades –en zonas de alta demanda- seguirán a los costos de construcción, más que al dólar. Esto implica que están dadas las condiciones para otro incremento -de entre un 6% y 10%- en el precio del metro cuadrado en barrios premium. "La falta de opciones de inversión hace que mucha gente siga mirando al mercado inmobiliario como refugio. De manera que los precios mantendrán una presión a la suba", pronostica el empresario inmobiliario Luis Ramos, de LJ Ramos.
  • Servicios en alza: los servicios, que incluyen a los gastos de esparcimiento, como cenar afuera, serán los que más aumentarán, siguiendo un fenómeno tí­pico de los paí­ses que aprecian su moneda. La excepción, afirman los economistas, son aquellos con precios regulados a nivel oficial. "Es difí­cil que haya cambios en la polí­tica tarifaria hasta 2012", afirma Diego Giacomini, economista jefe de Economí­a & Regiones.
  • Cancún más accesible: El turismo fuera del paí­s se hará más barato. Lo notarán sobre todo aquellos que viajen a los Estados Unidos y Europa. El efecto del atraso cambiario hizo que, por ejemplo, un pasaje a Madrid, que hace cuatro años requerí­a 2,3 sueldos en promedio, ahora sólo ascienda a poco más de 1 sueldo. En cambio, los paí­ses vecinos seguirán siendo más caros para el viajero argentino, debido a la revalorización de sus monedas, particularmente el real brasileño.
  • Llenar el changuito se hará más cuesta arriba: la apreciación de la moneda argentina "empuja" a los alimentos a la baja, en términos reales. Pero los precios de las materias primas presionan en sentido inverso. La opinión de los economistas es que, tal como ocurrió este año, seguirán subiendo en mayor proporción que la inflación promedio, una mala noticia para los segmentos de menores ingresos.
  • Salarios más altos en dólares: los sectores que han recibido aumentos que igualan o superan a la inflación han visto crecer sus ingresos en más de un 10% en dólares. Claro que eso no necesariamente significa que su capacidad de consumo sea más alta, ya que la inflación también pesa. Y este "juego" que tuvo lugar este año es un fiel reflejo de lo que vendrá en 2011. Es por eso que los hombres de negocios están haciendo más explí­cita su preocupación sobre una disminución en su competitividad. Uno de ellos es el presidente de Fiat, Cristiano Rattazzi, quien advierte que una suba salarial del 30% en pesos, con una devaluación que no llegará al 10%, implica un alza en dólares en torno del 20% difí­cil de sostener en el tiempo. Al respecto, un trabajo de Ernesto Kritz, director de la consultora SEL, indica que las industrias argentinas pagan casi un 15% más que hace un año en términos reales, tal como se puede observar en la siguiente infografí­a:

 

La forma en que cada sector se verá beneficiado o perjudicado ante el proceso de la creciente inflación en dólares es analizada por el economista Tomás Bulat, quien pronostica para 2011 una profundización de este efecto, en la medida en que la polí­tica del dólar planchado ocurra en simultáneo con un nivel inflacionario mayor aun al actual.

Ganando la carrera dolarizada"A fines del 2011 el peso en relación al dólar tendrá un valor similar al que tení­a en el punto más bajo de la convertibilidad. Y esto es preocupante, por la incidencia que tendrá sobre la fuga de capitales la combinación de incertidumbre polí­tica-electoral con atraso cambiario", advierte Mario Brodersohn, director de Econométrica y ex secretario de Hacienda. En tanto, Jorge Vasconcelos, director del Ieral, pone la lupa sobre las diferentes velocidades a las que crecen los costos y los ingresos en las empresas. "Una inflación del 25% anual conlleva el riesgo de que en los meses subsiguientes los precios que definen los costos vayan por el andarivel del 35%, mientras que los de la facturación por el 15%. El promedio seguirá siendo 25%, pero con un fuerte impacto en la rentabilidad", afirma.Es verdad que toda la región vio apreciar sus monedas, como consecuencia de los cambios que vienen ocurriendo en el contexto internacional. Pero también es cierto que este año la inflación en dólares de la Argentina muestra una gran diferencia respecto de la de otros paí­ses de la zona, donde el promedio del encarecimiento dolarizado es de apenas un 3 por ciento.

Es decir, mientras los vecinos mantienen un panorama estable en materia de inflación y tipo de cambio, con un encarecimiento "verde" no muy alejado de lo que ocurre en el mundo, en la Argentina el escenario es muy diferente. "El tipo de cambio real va a seguir bajando, en parte como consecuencia de una nueva estructura económica mundial. La debilidad del dólar y el aumento de la demanda por productos agrí­colas son dos factores que se quedarán por un buen tiempo", afirma Giacomini, de Economí­a & Regiones. Pero el analista también destaca los factores locales que hacen que la inflación dolarizada sea mayor en la Argentina que en otros territorios. "La diferencia es que nosotros tenemos una suba de precios del 24% y ya sin superávit primario. Y el Gobierno no puede hacer como los paí­ses vecinos, que dejan apreciar nominalmente su moneda. Porque si lo hace los industriales y los exportadores se perjudican. Y si quiere apurar la devaluación se genera inquietud social", sostiene Giacomini. En la misma lí­nea, Mariano Lamothe, economista jefe de la consultora Abeceb, considera que la previsión que el Gobierno hace sobre el tipo de cambio en su proyecto de Presupuesto guarda cierta coherencia interna. "Si se genera una expectativa de devaluación más alta, eso puede dar lugar a una mayor salida de capitales. Y eso implicarí­a un menor nivel de consumo. Por otra parte, un dólar quieto es el único ancla que le queda para frenar la inflación", indica. La conclusión general de los analistas es que lo que alguna vez fuera un modelo económico apuntalado por un tipo de cambio alto ha ido quedando completamente desdibujado.¿Es para preocuparse? Lamothe cree que, si bien en la relación bilateral peso-dólar hay una marcada pérdida de competitividad, cuando se compara con las monedas de los vecinos todaví­a hay colchón para aguantar. "La devaluación del dólar en relación a las principales monedas internacionales ha neutralizado parcialmente que la inflación en la Argentina sea 10 veces más alta que la internacional", puntualiza Brodersohn.Presión en aumentoLo que caracteriza a la inflación en dólares es que no todo el mundo se ve afectado por igual. Primero, porque algunos precios suben mucho más rápidamente que otros. Y segundo, porque se produce una especie de "barajar y dar de nuevo" en la reasignación de recursos de la economí­a. En otras palabras: hay ganadores y perdedores.Un clásico perjudicado en momentos en que los precios en dólares empiezan a subir son las industrias que venden su producción al mercado interno. Especialmente aquellas a las que les resulta difí­cil competir contra las importaciones de paí­ses que tienen muy bajos costos de producción. Por eso, aquellos sectores intensivos en mano de obra han visto crecer sus costos salariales, por lo cual sus márgenes de ganancia han disminuido.Y en este punto es donde se produce otra de las fuertes divisorias que deja la inflación dolarizada: la de los trabajadores que podrán defender sus ingresos por pertenecer a sectores bajo convenio y la de aquellos que verán diluir más rápidamente su poder adquisitivo.Según Kritz, los primeros representan un tercio de la fuerza laboral del paí­s. En un segundo escalón, el analista ubica a los estatales y a los trabajadores que no están encuadrados en un sindicato, que obtendrán ajustes de menor magnitud. Y el otro tercio, el que más directamente sufrirá el impacto de la inflación, será el de los trabajadores informales.En la misma lí­nea, Giacomini advierte que este fenómeno está lejos de atenuarse: "En los próximos meses veremos cómo esa brecha -que empezó este año- va a tender a profundizarse, porque al ser un año electoral, es muy probable que la presión sindical vuelva a contar con el aval del Gobierno".Fernando Gutiérrez(c) iProfesional.com

Te puede interesar

Secciones