MERCADO

Para el FMI, la crisis argentina sigue el mismo modelo que la del "tequila" de México en 1994

Informes de los técnicos del organismo apuntan a una similitud en las causas y creen que la recuperación post devaluación y ajuste seguirá un rumbo similar
ECONOMÍA - 31 de Octubre, 2018

El debate económico de estos días se centra en un gran interrogante: ¿será posible que, esta vez sí, lo peor de la crisis haya pasado? ¿Que la estabilización cambiaria se mantenga y, por fin, se convierta en el inicio de la salida? Y, tímidamente, empiezan a aparecer pronósticos optimistas.

Desde el sector privado, el último informe de la Fundación Mediterránea fue el primero en plantearlo abiertamente: “Octubre, el mes bisagra de la crisis”.

El reporte, firmado por el economista Jorge Vasconcelos, propone que ante la estabilización financiera, la inflación empezará a aflojar. Y que, ya sin la sequía y con el empuje del sector energético, en un contexto de notable mejora de las cuentas externas, la actividad económica tiene espacio para ir mejorando.

“La percepción de que lo peor ya pasó tardará en llegar por los coletazos en el mercado de trabajo y en el cuadro financiero de no pocas empresas”, escribe Vasconcelos, para poner en contexto su percepción positiva.

El economista Luis Secco cree que la economía argentina también tiene chances de arrancar hacia el segundo trimestre del año próximo. Le pone fichas al campo y a la energía, dos sectores que pueden aportar a la macro pero que difícilmente se hacen sentir en el corto plazo.

También otros informes de consultoras influyentes, como Consultatio, apuntan a la perspectiva de una inflación que empiece a ceder sobre fin de año, como consecuencia del apretón monetario del Banco Central, y la posibilidad de que se produzca un encadenamiento de efectos positivos hacia una recuperación.

"El mejor escenario al que Argentina puede aspirar hoy es a un ajuste macroeconómico rápido que permita reducir los desequilibrios fiscal y externo y la deje en condiciones de volver a crecer: una recuperación en V", afirma el reporte.

Aunque advierte que todavía no están despejados los riesgos de desvío, destaca que lo que muestran los datos fiscales, de sector externo y nivel de actividad conocidos la semana pasada es que la economía está encaminada en esa dirección de recuperación.

No deja de ser un avance: hasta hace algunas semanas, casi no había economistas -fuera del equipo económico del Gobierno- que se atrevieran a pronosticar un escenario de salida de la recesión. ¿Voluntarismo o bases sólidas para la ilusión? Para responder esa pregunta, es interesante la visión del Fondo Monetario Internacional sobre la posible evolución de la economía local.

Reminiscencias del Tequila

En su informe con el último análisis de la situación de la economía argentina (el primer review del Stand By), el staff del Fondo incluyó tres ejemplos de resultados de programas de estabilización con agregados monetarios, como el que ahora se aplica en la Argentina.

Uno de esos ejemplos es la crisis mexicana de 1994 cuyo efecto dominó sobre toda América latina fue conocido como "Tequila". Que, además, se trató de un terremoto originado en variables similares a la que disparó el de la Argentina: déficit de cuenta corriente elevado; atraso cambiario, abultada emisión de deuda en moneda local de cortísimo plazo y un hecho externo que encendió la mecha.

También coinciden en un rescate masivo: en aquel momento entre el Tesoro estadounidense (u$s20.000 millones) y del FMI (u$s17.700 millones), por un total de u$s51.600 millones.

Además de la crisis mexicana, los técnicos del Fondo Monetario (en la página 14 del informe) citan como ejemplos a Indonesia (1997) y Turquía (2001).

El caso es que lo sucedido en México hace 24 años está siendo repasado en estos días en algunos bancos internacionales. Los analistas pretenden dilucidar si aquella dinámica podría repetirse ahora en la Argentina.

Básicamente, se indaga en el timing que tuvo aquella crisis, a partir de la devaluación. En el reporte preparado para la Argentina, el staff del Fondo describe lo sucedido en México, y que ahora se busca replicar aquí: “Una vez que el banco central (de México) tomó medidas para asegurar que las tasas subieran a casi el 100%, la inflación y el tipo de cambio se estabilizaron. En medio de una caída en el PBI del 10%, la suba de precios se redujo gradualmente”.

En efecto, el tipo de interés en 1995 de México resultó del 51% contra el 42% que el FMI había fijado como objetivo. Acaso este sea un escenario muy similar al que finalmente se vea en Argentina. De hecho, ese 42% era el tope máximo esperado en el primer acuerdo entre la administración Macri y Christine Lagarde.

Esa escalada de los precios se dio luego de la suba del dólar del 123% frente al peso mexicano.

El máximo nivel de inflación, en México, ocurrió cuatro meses después de la devaluación. En abril de 1995, la inflación trepó al 8%. A partir de entonces, el indicador mensual decreció del 4,2% al 2,5%.

México recién pudo establecer el sistema de metas de inflación en 2001, seis años después del estallido de la crisis.

Como ahora en Argentina, aquel plan de estabilización armado para la nación azteca recurrió en elevadas tasas de interés y un exigente plan monetario que le dio sustento.

La tasa “real”, que durante el año anterior a la explosión se había ubicado entre 5 y 8 puntos, saltó a un promedio de 35 puntos “reales”. Es decir, por encima de la inflación. En términos nominales, el costo del dinero llegó al 100% anual en el peor momento de la crisis.

Para aquellos “ansiosos” de que Guido Sandleris aplique un rápido descenso de tasas, hay que ser bien claro: el FMI recién dio su visto bueno a que eso sucediera en 1996, el año siguiente a la devaluación.

El organismo internacional organizó el plan en base a una tasa de interés “real” elevada. De hecho, el Banco Central de México reconoció -en los informes anuales de la época- que fue la brusca caída del crédito, la baja del consumo y la caída del poder adquisitivo de los salarios como las variables claves para salir del atolladero.

Obviamente, esos indicadores del mercado interno se complementaron con la reacción de la denominada “cuenta corriente” -la que mide los flujos de entrada y salida de dólares al país-. Por la devaluación, los viajes de mexicanos al extranjero colapsó. En 1995, la caída resultó del 41%. Y rápidamente se logró un superávit comercial. Cualquier parecido a la actualidad argentina, no es pura coincidencia.

La caída en la actividad provocó por entonces un salto en el desempleo. La tasa, que en México 1994 fue del 3,7% subió al 6,3% un año después del estallido.

Ese deterioro se sumó a la caída del poder adquisitivo de quienes seguían trabajando: resultó del 12,5% hacia finales del ‘95. De acuerdo al informe oficial, la masa salarial total cayó nada menos que 20% en el año de la crisis.

La Argentina versión 2018 se encuentra peor parada que aquel México de hace casi un cuarto de lustro. La desocupación del segundo trimestre -cuando la crisis todavía no se había hecho sentir con toda su potencia- ya había crecido al 9,6%.

Inflación y crecimiento

¿Logró la estrechez monetaria desacelerar la inflación? No al nivel proyectado por el gobierno mexicano. Del 51,2% de 1995 pasó al 27,7% del año siguiente. Se había proyectado 20,5%.

Una realidad que puede dar idea de la Argentina 2019, más allá de que el Gobierno prevé una inflación del 23% punta a punta el año que viene.

Una diferencia con Argentina es que México logró salir de la crisis en un año después de:

  • Formalizar un acuerdo de precios y salarios, que ancló las expectativas de empresarios y sindicatos
  • Un acuerdo comercial con los Estados Unidos, que a su vez habilitó a empresas de ese país a invertir en México.

En ese contexto, y a pesar de las elevadas tasas, la economía mexicana pudo empezar a despegar en el tercer trimestre de 1995. Es decir, a menos de nueve meses del estallido. Se trata de un dato relevante que entusiasma a los funcionarios del Gobierno, ya con la mente puesta en el año electoral argentino y en si los tiempos económicos podrán calzar con los tiempos políticos.

En México, el sector agropecuario y la producción pesquera lideraron la mejora. En un año que finalizó con una fuerte recesión, del 6,9%. El PIB, que había caído 10,5% en el segundo trimestre de 1994, se contrajo 6,6% en el cuarto trimestre.

El dato más relevante es que en ese cuarto trimestre ya hubo una expansión del 2,3% versus el tercer trimestre. Y en el tercer trimestre ya se había notado un crecimiento del 2,8% contra el segundo.

En 1996, México ya había superado el tembladeral. La economía se reactivó fuerte y cerró con un saldo positivo del 5,1% (que contrastó con la caída del 6,2% el año de la crisis).

Es lo que sucedió hace más de dos décadas en México. Y es el antecedente al cual se aferran los optimistas que esperan el famoso rebote en forma de "V" en la Argentina. Todavía son minoría, es cierto, porque lo que predomina entre los economistas del sector privado son los que esperan una "L", es decir una caída fuerte con un posterior período de estancamiento.

Sin embargo, empiezan a aparecer los argumentos para los que prefieren ver el vaso medio lleno. Un vaso de tequila, preferentemente. 

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