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Desigualdad laboral: las mujeres ganan menos, tienen jornada "doble" y sufren más desempleo

Desigualdad laboral: las mujeres ganan menos, tienen jornada "doble" y sufren más desempleo
Los últimos datos reflejan fuertes diferencias en el mercado de trabajo. Las causas detrás de la segregación laboral y la brecha de ingresos
Por Juan Manuel Barca
08.03.2019 11.02hs Economía

Maud Watts lavaba sábanas en una fábrica a principios del siglo XX. Trabajaba jornadas extenuantes, podía ser víctima de abusos físicos de su capataz y al regresar a su casa debía encargarse del cuidado de la casa y de su hijo, pese a compartir hogar con su marido.

Todo cambió cuando decidió participar del movimiento por el derecho al voto de las mujeres. A partir de esa decisión, su marido la expulsa de la casa y pone en adopción a su propio hijo, el jefe la despide, y la policía se dedica a encarcelarla a ella y sus compañeras.

"Las sufragistas", la película disponible desde el año pasado en Netflix, muestra una dura realidad que en los últimos cien años sufrió cambios importantes. Ahora las mujeres votan, muchas leyes dejaron de discriminarlas y su situación económica es menos desfavorable, pero así y todo en pleno siglo XXI persisten fuertes desigualdades. En el mercado de trabajo, por caso, ellas ganan menos, tienen jornada "doble" (si se considera el trabajo doméstico no remunerado) y sufren más el desempleo, entre otras desventajas.

En un informe publicado ayer, la OIT reconoció que "las diferencias de género relacionadas con el trabajo no han experimentado una mejora significativa durante 20 años".

Esto se refleja en que en 2018 las mujeres tenían 26% menos de probabilidad de tener un trabajo y percibían un 20% menos que los hombres. Uno de los principales motivos es que las empleadas madres experimentan una "penalización" profesional y salarial de la maternidad, mientras los padres se benefician de mejores empleos y salarios. 

En ese contexto, el principal obstáculo sigue siendo la cantidad de tiempo que las mujeres dedican al cuidado y al trabajo doméstico no remunerado, que apenas disminuyó, mientras que en el caso de los hombres aumentó solo en ocho minutos al día.

"A ese ritmo, serán necesarios más de 200 años para alcanzar la igualdad en el tiempo dedicado al trabajo de cuidado no remunerado", advirtió el estudio titulado "Un paso decisivo hacia la igualdad de género: un mejor futuro del trabajo para todos", con el que el organismo hizo un llamado a aplicar las leyes, revisar normas y garantizar los recursos necesarios.

En Argentina, la situación no es diferente. Pese a que el Gobierno de Macri alentó el debate del aborto legal, seguro y gratuito, y presentó proyectos legislativos (Ley de paridad salarial y Ley de Paternidad), las mujeres volverán a reclamar hoy cambios urgentes en el paro del 8M por el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que incluye una agenda laboral.

En ese ámbito, la tasa de actividad - la participación de ocupados y desocupados- y la tasa de empleo –la proporción de ocupados en la población total- es mayor en los varones por una diferencia de 20 puntos porcentuales, según la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del tercer trimestre de 2018.

 

 

La desocupación y la subocupación también afectan más a las mujeres, sin importar la edad, el nivel educativo o la posición en el hogar. Sin embargo, cuando se analizan las mismas tasas desagregadas por grupos de edad además de por sexo, son las mujeres más jóvenes las que presentan menores tasas de actividad y empleo, en simultáneo con las mayores tasas de desempleo y subempleo.

"Esto expresa que, incluso siendo menos en el mercado de trabajo, las mujeres tienen más dificultades para conseguir trabajo y/o trabajar una jornada completa de ocho horas", advierte la economista de la UBA Natsumi Shokida en su reciente trabajo "La desigualdad de género se puede medir".

Shokida es miembro de la organización Economía Femini(s)ta y trabaja en el equipo de Pobreza e Ingresos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC). Esto le permitió elaborar sus propios cálculos con las bases públicas del organismo y hacer una radiografía de la "masculinización" del mercado de trabajo.

En su informe encontró que las mujeres enfrentan mayores niveles de empleo no registrado: un 37% no son inscriptas por sus empleadores en la seguridad social, mientras que en los varones, la tasa de informalidad es del 32,1%.




Brecha de ingresos

En cuanto a los ingresos mensuales, las mujeres ganaron en promedio $15.461 y los hombres, $20.963, según los últimos datos disponibles del INDEC del tercer trimestre del 2018. Esto significa que de una población de 16,8 millones y contemplando todos los ingresos percibidos (sean de origen laboral o no laboral, como jubilaciones y pensiones, cuotas alimentarias, subsidios, entre otros), las primeras perciben ingresos que, en promedio, son 26,2% menores que los de los varones. En el caso de los ingresos mensuales por ocupación principal, el informe de Shokida muestra que la brecha es de 25,2%.

La disparidad es mayor en el sector no registrado: las asalariadas ganan un 37,2% menos que sus pares, por lo que la brecha de ingresos se amplía para quienes tienen peores condiciones de trabajo. La distancia se mantiene a pesar de que existan iguales niveles de calificación.

 

Así, por ejemplo, mientras los asalariados en ocupaciones profesionales perciben un ingreso medio de $35.218, las mujeres en ese mismo rubro reciben uno de $28.036; es decir, un 20,4% menos que los varones. En los puestos no calificados, en tanto, los varones ganan $12.055 en promedio y las mujeres, alrededor de $7.404, una diferencia del 38,6%.

La brecha, en cambio, disminuye en forma notoria a entre 5,7% y 6,5% (según el menor o mayor nivel de calificación) cuando se comparan los ingresos por hora de las personas. De estos datos, se desprende que las mujeres trabajan menos horas que los varones, lo que explica una parte de la brecha de ingresos mensuales.

 

"El hecho de disponer de menos horas de trabajo remunerado implica inferiores ingresos mensuales, porque las mujeres tienden a tener un trabajo part time, una doble jornada. Una  ocurre fuera de la casa y la otra es de trabajo doméstico en el hogar, mientras los varones trabajan una jornada full time", señaló Shokida a iProfesional.

Según el informe, 7,5 de cada 10 personas que realizan tareas en el hogar son mujeres. Se trata del cuidado de personas, el apoyo escolar a los niños y la reproducción cotidiana de los miembros del hogar, una actividad no remunerada que termina por ejercer una severa restricción para la participación de las mujeres en el mercado de trabajo.

Una vez dentro, las asalariadas son objeto de una segregación en rubros determinados (un fenómeno conocido como "paredes de cristal") o en ciertos niveles de jerarquía ("techo de cristal"), que impiden la realización de tareas de mayor calificación y la percepción de mejores ingresos.

Así, la estructura ocupacional reproduce la división sexual del trabajo tradicional, en la cual tanto el trabajo en casas particulares como la enseñanza y los servicios sociales y de salud, son actividades claramente feminizadas.

 

Por caso, un 97,6% de las personas que se dedican al servicio doméstico remunerado son mujeres. Y casi 2 de cada 10 del total de ocupadas es empleada en esa actividad, según los datos relevados por Shokida.

La presencia de las mujeres es abrumadora en sectores en los que se refuerzan los roles reproductivos y de cuidado, y contrasta con la ocupación casi marginal en construcción, transporte y almacenaje.

Todas estos condicionamientos influyen en la distribución del ingreso. Para calcularlo, es necesario ordenar a las personas por grupos según el sexo y el nivel de ingreso individual, en los que 1 es el decil más bajo y 10, el más alto.

El trabajo de la economista revela que los deciles más bajos, es decir aquellos estratos de menores recursos, están compuestos mayoritariamente por mujeres, mientras que los más altos están integrados, a la inversa, en su mayoría por varones.

 

"La familia como unidad de reproducción siempre puso a la mujer en un lugar más privado, a cargo de tareas domésticas y la crianza. A partir de ese rol histórico en términos mundiales, a medida que se desarrolló la productividad del trabajo se liberó de muchas tareas en los hogares y pudo entrar al mercado de trabajo. Pero las diferencias persisten por las horas que las mujeres dedican al trabajo doméstico", señaló Shokida a este medio.

 

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