No hay patriotismo al ahorrar: cuándo comenzó la fuga de capitales y cómo protegen ahorros los argentinos

No hay patriotismo al ahorrar: cuándo comenzó la fuga de capitales y cómo protegen ahorros los argentinos
En esta nota, la historia de una costumbre de las elites que data de dos siglos atrás y luego adoptó la clase media. ¿Cómo funciona y cómo evolucionó?
Por Pilar Wolffelt
22.08.2020 18.05hs Economía

En la actualidad, se estima que hay fugados unos u$s500.000 millones por parte de argentinos, suma que incluye los fondos fuera del sistema financiero en el país y en el exterior y contabiliza aquellos que están en blanco y los que no. O sea que se podría definir como el total bruto de los fondos fugados.

"Entre un PBI y un PBI y medio", suelen decir los expertos en el tema, aunque todo depende de cómo se calcule el volumen de la economía nacional, ya que hay quienes lo estiman en u$s449.000 millones (como lo hace el Banco Mundial) y otros lo ubican en cerca de u$s350.000 millones.

Hablar de fuga de capitales no es una cuestión que se pueda abordar desde una sola perspectiva debido a la gran cantidad de mecanismos financieros que aglutina este concepto. Tal como lo explica a iProfesional Nicolás Zeolla, economista jefe de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDES), en materia de fuga de capitales hay diversas aristas, pero, los dos mecanismos centrales son:

-La dolarización del ahorro, que identifica como el mecanismo más masivo y extendido. "Es ahorro argentino fuera del sistema financiero local pero que permanece en el país", detalla el docente universitario e investigador del CED-IADES CONICET.

-El segundo elemento tiene que ver con la salida de capitales, que en volumen es representativo, pero lo efectúan actores con niveles de sofisticación altos en prácticas financieras porque requiere tener una cuenta en los mercados de capitales domésticos y en los externos y dinero suficiente para que esa estructura financiera se sustente.

En este punto, Mariana Luzzi, socióloga especializada en temas económicos del CONICET y doctorada en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, apunta que la fuga de capitales puede asumir distintas formas: cuentas en el exterior (incluso en paraísos fiscales), patrimonio inmueble en algún destino internacional o inversiones en mercados de capitales internacionales.

"Una razón muy fuerte para la fuga en todos los países del mundo es el objetivo de no tributar", afirma también.

Los mercados de capitales del exterior son un destino de fondos argentinos de las elites, mientras que en otros sectores más bajos lo son a través de la intermediación (una persona que es cuotapartista de un fondo local a través de un banco o una financiera y ese fondo invierte en mercados de capitales del mundo).

Así, además, Zeolla advierte que "no es lo mismo una persona que ahorra parte de su ingreso para poder acceder a una propiedad que alguien que utiliza la arquitectura financiera internacional y la elusión tributaria como forma de preservar su riqueza".

¿Por qué fugan los que fugan?

Una búsqueda de rentabilidad, un intento de estar al margen de los sobresaltos que la economía argentina tiene o una manera de diversificar cartera. Todos estos pueden ser fines de la fuga de capitales. "Cualquier persona que tenga un excedente financiero grande y quiera diversificar su cartera de activos compra activos de diferentes partes del mundo", explica Estanislao Malic, economista y director del Fondo de Inversiones Carlos Pellegrini.

Agrega que el 90% de los intercambios del mundo se hacen en dólares, por lo que la elección de comprar dólares implica "el acceso a la principal institución monetaria mundial" y asegura que, hoy, el poder de Estados Unidos se basa en su hegemonía monetaria.

En igual sentido, Zeolla sostiene que este tipo de comportamientos no pueden entenderse al margen de nuestra historia. No nos olvidemos que en Argentina tuvimos períodos muy largos de inflación. En la década de 1970 y de 1980 hubo promedios anuales de 400%. Vivimos dos hiper seguidas en 1989 y 1990.

Asimismo, se produjeron grandes quiebras en el sector bancario, lo que implicó perjuicios para los ahorristas que tenían su plata en las entidades. "Así pasó en los ‘80 con el caso del Banco de Italia y todos los que vinieron después. En la década de 1990, con el caso del Banco Mayo también. Y en 2001, tuvimos el corralito", rememora Luzzi. Eso hizo que el temor a lo que puede pasar cuando se mantiene el dinero en las entidades financieras locales sea grande.

Sin embargo, el economista sostiene que "la voluntad dolarizadora de la economía argentina es compartida por otros países de ingreso medio, como el caso de Turquía, por ejemplo". Malic comparte esta postura y apunta que "la fuga de capitales no es un gen argentino, sino una condición estructural de un país periférico", aunque tiene características locales, como la parcial dolarización del sistema bancario y las cajas de seguridad como destino.

El dólar, uno de los instrumentos más elegidos a la hora de tener ahorros fuera del país

La ruta del dinero (y los inmuebles)

Por las características del proceso de fuga, que implica la salida de fondos del sistema financiero formal, es muy difícil estimar cómo se reparte el total de capitales implicados en estos procesos.

Algunos datos relevantes sobre estas cifras fueron que la mayor parte de las inversiones blanqueadas fueron realizadas en Estados Unidos (30%), Suiza (26%) y Gran Bretaña (15%) y el 9% estaban en Uruguay.

Ahora, al hablar de inmuebles, 57.000 propiedades de las 167.000 declaradas están en otras partes del mundo y el país rioplatense lideró el ranking, con un 49% del total (en valor, no en cantidad de propiedades), seguido por Estados Unidos  (37%), de lejos los siguió Brasil (4%).

Así, los capitales declarados en el exterior sumaban en abril de 2017 u$s113.000 millones, un dato magro (apenas el 22%) teniendo en cuenta el estimado de u$s500.000 millones totales fugados en el exterior -entre blanco y negro- mencionado anteriormente.

En nuestros días, Malic sostiene que un gran destino del dinero que va al exterior son los mercados de capitales internacionales y una parte va a inversiones inmobiliarias. Si bien parece uno de los predilectos, para él, el mercado uruguayo no es relevante en volumen, porque "es pequeño y su auge tiene que ver con un momento financiero determinado (el control de cambios)".

En los últimos años, aunque muy incipientes, las criptomonedas se consolidan también cada vez más como una alternativa para evadir controles de cambio y se presentan como una alternativa interesante para preservar el valor de capitales.

No obstante, cabe aclarar que el concepto de fuga suele ser tener una connotación negativa, pero no necesariamente implica un delito. Por eso, muchos prefieren hablar de exteriorización de cartera teniendo en cuenta que estas prácticas de remisión de dinero al exterior (cuyos principales destinos son Uruguay y Estados Unidos, pero también otros países como Panamá y Seychelles, entre otros) son ilegales en algunos casos, pero en otros no.

"Es una tema que tiene muchas capas, pero no todo dinero fugado es oscuro. Gran parte sí, por una cuestión de elusión tributaria, dado que los capitales en el exterior no pagan impuestos", aporta Zeolla. Y pone como ejemplo el blanqueo que implementó el gobierno de Mauricio Macri en 2016, en el marco del cual se declararon u$s100.000 millones de argentinos en el exterior, de los cuales una parte ingresó al país, pero otra quedó afuera en forma de propiedades o como activos financieros declarados.

En ese momento sorprendieron a las autoridades nacionales los resultados de ese proceso, pero no debería haber sido tan inesperado si tenemos en cuenta la cantidad de tiempo que un grupo selecto de argentinos lleva enviando su capital al exterior y menor podría ser el impacto todavía si tomamos en cuenta que en la década de 1980 este tipo de mecanismos se volvió accesible para un cliente financiero menos sofisticado, que encontró su destino principalmente al otro lado del Río de la Plata.

¿Cuándo comenzó la partida de capitales al exterior?

En cuanto a los orígenes de esta práctica, Malic cuenta que "desde siempre se fueron capitales al exterior". Luzzi coincide con Zeolla al señalar que "mantener patrimonio fuera de la Argentina siempre estuvo al alcance de los sectores sociales más altos porque requiere tener los conocimientos necesarios para hacerlo y estar inserto en los circuitos adecuados para poder hacer circular el dinero fuera del país".

Al respecto, el economista observa que, desde el gobierno de Bernardino Rivadavia (1826-27), cuando la Argentina aún no existía como tal sino que eran Las Provincias Unidas del Río de La Plata, en adelante el país tiene un comportamiento repetitivo de endeudarse con el exterior para financiar la fuga de capitales interna o externa.

Y, en una línea histórica coherente con Malic, la socióloga y profesora adjunta en la Universidad Nacional de General Sarmiento indica que el inicio de este tipo de prácticas se remonta a finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la elite argentina terrateniente tenía propiedades en Europa y pasaba una parte del año allí, principalmente en París. "Eso implicaba que tuvieran una parte de su vida en ese continente y, si bien es una costumbre que usualmente se piensa más en clave cultural, venía de la mano de tener capital en Europa y mover dinero de una plaza a la otra", relata.

"La preferencia de las distintas modalidades va cambiando a lo largo del tiempo y, sobre todo, muta lo que se vuelve accesible para un cliente financiero menos sofisticado", afirma. Es así como, en un primer momento, la hegemonía monetaria la tenía Inglaterra con la libra, que junto con el oro lideraba el ranking de preferencias, pero luego se corrió hacia Estados Unidos y el dólar.

Un fenómeno ochentoso

"En los últimos 40 años, se ha vuelto más frecuente que una población que no forma parte de la elite (clase media-alta profesional) empiece a colocar su capital en Uruguay, donde se puede abrir fácilmente una cuenta en dólares sin ser residente a fin de mantener el dinero a salvo de los vaivenes de las finanzas nacionales", escribe Luzzi. Así, por esos años, ese recurso que hasta entonces era exclusivo de sectores altos con gran involucramiento financiero, se volvió un poco más masivo.

La socióloga cuenta que la relación entre la plaza financiera uruguaya y la argentina se remonta a los años ’60 y se afianzó en la década siguiente. Vino de la mano con que, por esa época, la elite porteña encontró en Punta del Este "el" gran lugar de veraneo y de inversión para ese disfrute.

No es hasta 1980 que la clase media alta se suma a esta tendencia porque, según explica Luzzi, "Uruguay era –y sigue siendo- el off shore a mano y más barato". Sólo hace falta tomar un ferry e ir a Colonia o Montevideo, poner la plata en un banco local y volver en el día. Si bien una versión más compleja que algunos eligen es abrir, a través de su banco local, una cuenta en Nueva York, esto tiene otro costo al igual que las inversiones inmobiliarias en Miami, que tomaron dinamismo en las últimas décadas.

Hacia dónde vamos

Ante este panorama, Zeolla plantea que deberíamos plantearnos como sociedad "qué hacemos con el excedente argentino". Se pregunta si lo que queremos es que la fuga nacional termine financiando a los gobiernos de otros países. En caso de que la respuesta sea negativa, confía en que, si bien no se puede cambiar esta tendencia de un día para el otro, hay que ir en ese sendero.

Para ello, Malic sugiere algunas soluciones posibles, como implementar herramientas que les garanticen a los argentinos su poder de compra a través del tiempo e iniciar el camino hacia la pesificación de la compraventa de inmuebles y algunos bienes como autos de lujo que hoy están dolarizados. "El tener un mercado bancario es una barbaridad, el estado se tiene que ir adaptando a fin de generar moneda estable y restringiendo el nivel de competencia de otras divisas", concluye.

Todo esto, debería ir acompañado, sin dudas, de un fortalecimiento del mercado de capitales, crear herramientas de ahorro con incentivos de precio y culturales y una fuerte pata en la educación financiera de los sectores medios y bajos. Sin dudas, se requiere un plan certero en ese sentido porque, tal como lo advierte Zeolla, "ningún país del mundo soporta 6 puntos de su PBI de fuga de capitales", como sucedió hasta hace poco en Argentina.

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