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Nuevo cepo: ¿primer síntoma de un mayor cierre importador por la falta de dólares?

Nuevo cepo: ¿primer síntoma de un mayor cierre importador por la falta de dólares?
En el Banco Central anunciaron trabas para importar productos de lujo, pero las primeras reacciones del mercado fueron de desconfianza
Por Fernando Gutiérrez
07.01.2021 12.30hs Economía

Los que estaban inquietos por saber cuánto tiempo se extendería la paz cambiaria de fin de año y a partir de cuándo el Gobierno empezaría a tomar recaudos para evitar la clásica tensión veraniega con el dólar tuvieron en las últimas horas las primeras señales.

Ni siquiera con la noticia ampliamente festejada de que la soja superaba en el mercado de Chicago la marca de los u$s500 -lo cual, según estima la Bolsa de Comercio de Rosario, permitiría que el complejo sojero deje en 2021 un 35% más de dólares de lo que dejó en 2020, al alcanzar la cifra de u$s34.800 millones- pudo disimular lo indisimulable.

Tras haber duplicado la base monetaria y haber emitido títulos para reabsorber, que ya superan a la cantidad de pesos en circulación, el Banco Central sigue en problemas. No importa que le toquen unas jornadas de tregua, como la del miércoles, en la que pudo comprar unos u$s25 millones: las reservas siguen siendo escasas -un nivel neto de unos u$s1.500 millones-.

Por otra parte, según una estimación del economista Esteban Domecq, aunque la cuenta corriente -es decir, la diferencia entre los dólares que entran y los que salen- sigue dando un resultado positivo por u$s3.100 millones, el número se torna negativo cuando se considera la cuenta financiera: por pagos al exterior, en 2020 salieron u$s5.100 millones, a lo que se debe sumar la "fuga" de ahorristas por u$s3.040 millones.

En definitiva, con uno de los cepos más duros y restrictivos, la cuenta neta fue una pérdida de reservas por u$s5.040 millones en el año.

Ni la euforia por la soja a u$s500 pudo disimular los problemas de caja del Banco Central, que tomó más medidas restrictivas
Ni la euforia por la soja a u$s500 pudo disimular los problemas de caja del Banco Central, que tomó más medidas restrictivas

Y, para peor, todo indica que estos son los últimos días antes de que la brecha entre el tipo de cambio oficial y el dólar paralelo regrese a sus niveles pre-tregua navideña. Después de todo, esa distorsión cambiaria, y no la escasez de maíz, es el verdadero fondo del conflicto entre el Gobierno y los productores rurales.

Las propias agremiaciones maiceras argumentaron que, con un nivel de producción de casi 50 millones de toneladas, lo último que existe en el país es el riesgo de desabastecimiento, pero en cambio sí reconocieron problemas de oferta. Todo un clásico argentino: ante la distorsión cambiaria, los productores extreman la cautela a la hora de comercializar el cereal.

Muchos ya están advirtiendo ese riesgo de achique en el ingreso de dólares y, sobre todo, que los dólares que entren puedan efectivamente mejorar la posición del Banco Central. Tal es el caso de la consultora PxQ, de Emmanuel Alvarez Agis, que prevé en u$s4.000 millones el superávit de cuenta corriente pero observa que el Gobierno no logrará sacar provecho de ello en la medida en que la brecha siga alta y no se modere la expectativa inflacionaria.

Los dólares no alcanzan

Los primeros síntomas de este problema ya se habían visto con las últimas estadísticas de comercio exterior. El dato de noviembre pasado fue muy elocuente al respecto: las importaciones crecieron al 20% mientras que las exportaciones cayeron un 25%, lo cual redujo el superávit a apenas u$s270 millones, algo así como la cuarta parte de lo que se venía registrando en los meses del primer semestre.

Es cierto que hay factores coyunturales para que ello haya ocurrido, pero también hay una dinámica estructural: cuando la economía entra en fase de recuperación, automáticamente se requieren más divisas para comprar insumos y maquinaria. De hecho, los economistas manejan desde hace años la siguiente fórmula: por cada punto que aumenta el PBI, se requiere que suban tres puntos porcentuales la importación.

Y el Gobierno espera una suba de la actividad de por lo menos 5% para el año próximo, lo cual marca todo un desafío en el manejo de las importaciones.

Es por eso que desde el año pasado el ala más radicalizada del Gobierno está reclamando que se administre de manera más cuidadosa los pocos dólares disponibles, de manera de dejar de canalizar divisas hacia importaciones consideradas "suntuarias" o que compitan directamente contra productos de industria nacional.

"Los dólares son para producir, no para guardar", sintetizó el presidente Alberto Fernández, cuando finalmente los funcionarios lo persuadieron de que, a pesar de lo que había dicho durante la campaña electoral, debía sostener los controles discrecionales.

Y en las últimas horas se dieron nuevos pasos que marcan cuál podrá ser la tónica del 2021: el Banco Central anunció mayores restricciones para las importaciones de lujo. "Una medida anti-Lamborghini", la definieron los funcionarios, pero en el mercado se prendieron las alarmas de inmediato: hay antecedentes históricos de restricciones que empezaron con productos de lujo y rápidamente se extendieron a importaciones de artículos de consumo masivo.

La medida implica que una serie de productos (correspondientes a unas 70 posiciones arancelarias) deberán financiar sus importaciones, sin acceso al mercado de cambios ni a operaciones como el "contado con liqui".

Los importadores que traen un producto de lujo pueden acceder al mercado financiero recién un año después. En el interín, deben conseguir su propio financiamiento, sea con divisas propias o del exterior. En otras palabras, que tal como se venía reclamando, no habrá dólares de las reservas del Central disponibles para los productos de lujo.

Incluye, además de los citados "Lamborghinis", a motos, embarcaciones, joyas, caviar, whisky y otros consumos de alta gama.

A primera vista, la medida parecería a salvo de críticas en un país escaso de reservas. Salvo por el hecho de que hay sospechas de que las restricciones podrían no detenerse aquí.

Se trata de una medida que podría leerse como parte de apoyo a la industria nacional, sobre todo luego de conocidos los datos de la producción automotriz de 2020 -257 mil unidades fabricadas, 137.000 exportadas, los peores registros desde la debacle de 2002-. Sin embargo, no debe perderse de vista que la industria automotriz argentina es una alta demandante de divisas, por lo que, desde el punto de vista de la caja del Banco Central, el fomento a la industria tampoco aparece como una panacea.

En la city siguen de cerca la estrategia del Central, que trata de mantener contenido al dólar paralelo, aun al costo de hundir los bonos
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Desconfianza por el futuro

Por lo pronto, en el mercado hizo algo de ruido el hecho de que esta medida restrictiva saliera poco tiempo después de un anuncio sobre un nuevo registro general para que tanto exportadores como importadores tengan un acceso con menores trabas burocráticas a las operaciones de comercio exterior. Pero que algunos ven como una instancia de mayor contralor en el manejo cambiario.

Lo cierto es que las primeras reacciones dejaron traslucir desconfianza respecto de cómo seguirá la política comercial durante 2021.

"Esta es la pax cambiaria lograda por el BCRA, a fuerza de prohibir prácticamente las importaciones. Hoy son éstas. Mañana, con menos dólares, serán más", advirtió Christian Buteler, uno de los analistas más influyentes de la city financiera.

Más gráfico, el economista Gabriel Zelpo ironizó: "Hoy es anti Lamboghini, mañana Volkswagen".

Mientras el también economista Iván Carrino calificó la medida como "más intervencionismo para solucionar los problemas del intervencionismo".

Y, más ácido todavía, el diputado opositor Luciano Laspina dio a entender que las restricciones abrirán paso a situaciones discrecionales: "Gran negocio para los contrabandistas con acceso al poder. Nace una nueva burguesía nacional... pero militantes, ojo".

Lo cierto es que la respuesta de mayor cierre comercial ante los problemas cambiarios ha sido recibida con fuerte escepticismo.

Por caso, Jorge Vasconcelos, de la Fundación Mediterránea, recordó que los ciclos de brecha cambiaria elevada no han sido duraderos, debido a su efecto de desaliento exportador en paralelo con un boom de demanda de dólares para importar.

"Pese a que esos malos incentivos se han hecho visibles en poco tiempo, recortando drásticamente el superávit comercial, no se ha visto todavía en el seno del Gobierno una definición clara acerca de si se comenzará a resolver este problema de raíz, o sólo se intentará operar sobre las consecuencias, escenario en el cual se acentuarían las restricciones y los controles, un camino contraindicado si se aspira a recuperar inversiones y empleos", advirtió.

Mientras tanto, el Gobierno continúa con su intento de reprimir a los dólares paralelos por la vía de la intervención en el mercado de bonos. En las últimas jornadas el Central tuvo una participación intensa, cuyo resultado fue la caída en el valor de los bonos de deuda soberana, que otra vez cotizan en niveles de papeles con riesgo de default.

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