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¿Se viene un cepo más duro?: el desplome de exportaciones deja al descubierto una escasez aguda de dólares

Febrero dejó un superávit comercial mínimo y ya pronostican caída de 30% en la exportación agrícola del "trimestre dorado". Mientras, el BCRA vende dólares
Por Fernando Gutiérrez
22/03/2023 - 13:00hs
¿Se viene un cepo más duro?: el desplome de exportaciones deja al descubierto una escasez aguda de dólares

El mínimo superávit que registró la balanza comercial no da como para festejar: los u$s182 millones que quedaron a favor no llegan a compensar el déficit que se había registrado en enero, con lo cual el primer bimestre del año sigue con números en rojo por u$s261 millones. Un dato negativo que se suma al clima enrarecido del mercado financiero, donde el movimiento del dólar paralelo vuelve a causar preocupación.

Aunque no fue un dato sorpresivo, no deja de ser impactante la caída de 33,6% observada en las ventas de productos primarios. De esta manera, la exportación total registró en febrero una merma de 18,9% interanuales, lo que la convierte en la caída mensual más profunda de los últimos siete años.

A esta altura, la previsión que había hecho Sergio Massa para este año -que implicaba un holgado saldo positivo con no menos de u$s12.000 millones, y con subas tanto en exportaciones como en importaciones- ha sido prácticamente dejada de lado por el mercado.

Para que se cumpla la previsión oficial, sería necesario que, en cada mes, haya un superávit promedio superior a u$s1.200 millones, una cifra que luce como un objetivo imposible si se considera que el año pasado la cifra registrada fue una media de u$s576 millones -incluyendo tres meses con registros negativos-.

Si, además, se agrega el "efecto sequía", entonces la perspectiva se torna mucho más sombría. Las últimas proyecciones de la Bolsa de Rosario -que acaba de corregir, una vez más, sus números a la baja- son bien elocuentes: el año terminará con exportaciones agrícolas por u$s30.710 millones y un volumen total de u$s76.341 millones.

Esto implica, respectivamente, una caída de 26% para el sector agrícola y de 14% para la exportación total. Y ante esa situación, va quedando en claro cuál es la medida compensatoria a la que está echando mano el Gobierno: una mayor restricción de las importaciones.

"Dada la reticencia del Gobierno a realizar un ajuste del tipo de cambio oficial, la merma en la oferta de dólares del agro se buscará compensar -parcialmente- mediante un endurecimiento de las restricciones a la importaciones, algo que ya comenzó a vislumbrarse hacia fines del año pasado", apunta un reporte de la consultora Abeceb.

En febrero, se registró una caída de 10% respecto del mismo mes del año anterior -aunque, como hubo un aumento de precios de las mercaderías importadas, en realidad la caída es mayor si se las mide no en plata sino en volumen-.

La exportación registró una caída récord y la balanza comercial dejó un superávit comercial mínimo en febrero
La exportación registró una caída récord y la balanza comercial dejó un superávit comercial mínimo en febrero

Menos dólares, más recesión

Ese recorte importador es, al mismo tiempo, una necesidad de la sufrida caja del Banco Central, pero también es un reclamo político de la coalición gobernante. Sin ir más lejos, en su reciente discurso en la Universidad de Río Negro, Cristina Kirchner volvió a quejarse sobre la falta de un control más directo en el comercio exterior por parte del Estado, como forma de evitar los "festivales de importaciones" en rubros superfluos. Y deslizó la propuesta de que ese control se formalice con reformas institucionales, incluyendo una nueva carta orgánica para el BCRA.

Es por eso que los economistas, muy lejos de los pronósticos oficiales de una suba del PBI en un 3,5%, ya hablan de estancamiento. La encuesta REM del Banco Central marca que la expectativa es un crecimiento igual a cero para la actividad económica de este año, aunque las consultoras y bancos más pesimistas ya están previendo escenarios de recesión.

El motivo es claro: entre los economistas argentinos hay consenso sobre la "regla del 3 a 1" entre importaciones y PBI. Esto implica que se necesita que suban tres puntos porcentuales en la importación para que la economía crezca un punto, dada la dependencia de la industria nacional respecto de los insumos y maquinaria importada. Siguiendo esa regla, para que se concrete el crecimiento de 3,5% que proyecta Massa, las importaciones tendrían que crecer este año en el entorno de 10%, hasta el nivel de u$s90.000 millones. En cambio, los economistas creen que las compras de mercadería importada disminuirán en un 7%, lo que abre las puertas a la recesión.

Mientras los industriales siguen repitiendo sus advertencias sobre riesgo de paralización de actividades si no pueden acceder a las divisas, los economistas siguen corrigiendo sus previsiones sobre la producción industrial del año. Un reporte de la consultora LCG indica que, con un escenario probable de mayores restricciones en la entrega de dólares para importar, la industria tendrá un crecimiento apenas marginal del 0,3%.

Esto contrasta con la expectativa del Gobierno, que pone sus fichas a que la industria tenga un crecimiento fuerte este año y que aporte divisas por exportaciones, de manera tal de atenuar la crisis del campo.

La duda sobre la cuenta del gas

Pero, aun teniendo en cuenta ese "apriete" adicional que se espera en las importaciones, lo que el mercado espera es que el superávit comercial caiga a niveles mínimos, de apenas u$s3.000 millones. La cifra es la mitad de la registrada el año pasado, que ya de por sí era modesta.

El argumento central del ministro Massa para pronosticar un superávit holgado era una disminución fuerte en la importación de gas, gracias a los avances en el gasoducto Kirchner, que podría trasladar el combustible desde el yacimiento de Vaca Muerta a los grandes centros urbanos. Esto, en su plan, implica no solamente una disminución en la cantidad de gas importado sino también una suba en la cantidad de petróleo que Argentina exporta.

La disminución en la importación de gas es la gran apuesta de Massa para compensar parcialmente la caída en las ventas de productos agrícolas
La disminución en la importación de gas es la gran apuesta de Massa para compensar parcialmente la caída en las ventas de productos agrícolas

Puesto en números, Massa espera que la cuenta de importación de energía se reduzca en al menos u$s2.500 millones, lo cual reduciría a menos de la mitad el déficit comercial de ese rubro, que el año pasado cerró en u$s4.470 millones. Pero claro, es una meta que asume que la obra del gasoducto terminará en tiempo y forma como para que, cuando lleguen las temperaturas invernales, ya haya una provisión del gas argentino en los grandes centros de consumo. Y es un punto sobre el que los expertos en energía no muestran consenso.

Por lo pronto, en las importaciones que reporta el Indec, el rubro de combustibles sigue siendo alto en este arranque del año: u$s1.330 millones, lo que implica un 12,8% de la "torta" total de importaciones. Ese volumen de compras sigue siendo un 5,2% mayor al que se registraba hace un año.

¿Qué pasó en enero y febrero con la energía como para que se haya producido un salto importador en plena época estival? Los analistas apuntan que la abultada cifra se podría explicar por una planificación anticipada de la política energética. Desde esa óptica, no necesariamente se lo debe considerar un mal dato, porque podría restar presión a la importación de energía durante la época invernal, cuando probablemente se produzca una suba en los precios del mercado internacional.

Comercio exterior: un deslucido "trimestre dorado"

Pero si la "foto" del comercio exterior es mala, lo que viene puede ser peor. Porque ni siquiera queda la esperanza de que la situación mejore en el "trimestre dorado" al que todos los gobiernos apuestan para equilibrar la caja de dólares.

Entre abril y junio suele darse el mayor ingreso de divisas por la exportación de la cosecha gruesa y es por eso que en esa época del año son raras las turbulencias cambiarias, que más bien tienden a ocurrir en verano, cuando disminuye el aporte del campo.

Pero este año, en ese trimestre no habrá mucho a lo que echar mano: la proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario es que todo el complejo agrícola exporte u$s8.960, lo que implica un desplome de 30% respecto del volumen que se había exportado en el mismo período del año pasado.

Y, si bien en este 2023 podrá jugar a favor una cuenta más pequeña en la compra de gas, habrá una mayor cuota de nerviosismo en el mercado por la campaña electoral y por las dificultades para cumplir con las metas acordadas con el Fondo Monetario Internacional.

Mientras la exportación se desploma, el Banco Central no deja de perder dólares, lo cual intensifica las versiones sobre una intensificación de las restricciones cambiarias
Mientras la exportación se desploma, el Banco Central no deja de perder dólares, lo cual intensifica las versiones sobre una intensificación de las restricciones cambiarias

¿Pensando en un cepo más duro?

Massa es plenamente consciente de ese tema, y por eso en los últimos días ha intentado llevar calma al mercado por la vía de acuerdos con organismos multilaterales de crédito, como el Banco Interamericano de Desarrollo o la Corporación Andina de Fomento.

Esas líneas de crédito han sumado u$s680 millones a las reservas. Y además se agregó la activación de un nuevo tramo del "swap" con el banco central de China, por otros u$s1.000 millones, mientras se siguen las negociaciones con Brasil para implementar la "moneda común" en el comercio bilateral.

Sin embargo, estos números empalidecen ante la sangría de divisas del Banco Central, que todos los días debe desembolsar dólares para defender al tipo de cambio oficial. Sólo en las últimas dos jornadas se vendieron u$s350 millones, con lo cual se acumulan unos u$s2.300 millones en lo que va del año.

Y resulta inevitable, con ese marco, que se intensifiquen los rumores sobre desdoblamiento cambiario, la aplicación de más dólares sectoriales y otras variantes de devaluaciones indirectas.

Pero, sobre todo, lo que se refuerza es la sospecha de que dentro de la coalición gubernamental está la propuesta de más "mano dura" en materia cambiaria. Desde el kirchnerismo ya se está planteando la pregunta de "quién pagará el costo de la sequía".

Esto lleva a propuestas sobre un endurecimiento del cepo cambiario y, sobre todo, a reflotar un viejo anhelo de Cristina Kirchner: que el Banco Central corte la provisión de divisas para las empresas argentinas con deudas dolarizadas, que se verían obligadas a procurarse en el exterior los billetes para hacer frente a sus obligaciones.

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