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Crisis de Fate dispara el debate sobre el modelo con dólar barato y apertura comercial a fondo

La crisis de la empresa de neumáticos replanteó el debate sobre si la industria argentina no puede sobrevivir sin cepo cambiario y cierre a la importación
22/02/2026 - 06:08hs
Crisis de Fate dispara el debate sobre el modelo con dólar barato y apertura comercial a fondo

La crisis de la empresa de neumáticos FATE puso al discurso del gobierno ante su test más exigente: debe sostener la filosofía aperturista, lo que implica que el acceso de los consumidores a productos de bajo precio es mejor que sostener empleos industriales poco competitivos.

Y en esa "batalla cultural" está permitido usar armas de grueso calibre, como por ejemplo denunciar planes de conspiración política, como insinuó el propio Javier Milei al marcar el sugestivo "timing" de Javier Madanes Quintanilla para anunciar el cierre de FATE justo en pleno debate sobre la reforma laboral.

También se reflotó otra acusación grave, que ya se había escuchado a fin del año pasado, cuando la planta de Whirlpool cesaría la fabricación de lavarropas en su planta de Pilar por el bajón del consumo y la competencia importada. En ese momento, economistas afines al gobierno argumentaron que la actividad industrial en los últimos 20 años ha sido, en realidad, una excusa para obtener rentas financieras.

La explicación es que, en regímenes muy regulados -con cepo cambiario y cierre importador-, al industrial argentino le convenía tomar préstamos en pesos a tasas bajas, que luego se terminaban licuando con la inflación. Y que eso se completaba con un subsidio de hecho a la importación de insumos, porque se les daba prioridad para acceder al tipo de cambio oficial.

No por casualidad, los militantes del gobierno hicieron circular en las redes sociales una charla entre Madanes e industriales del rubro textil, en el que el líder de Aluar reconoce que, al final del gobierno de Alberto Fernández se produjo una masiva acumulación de stock, con la premisa de que sobrevendría un período de tipo de cambio alto, pero que eso finalmente no ocurrió, con lo cual el stock salió a la venta mucho más lentamente de lo previsto.

Felipe Núñez, uno de los principales asesores de Toto Caputo, fue quien tomó la voz acusatoria en esta polémica, al calificar a Madanes como "el empresaurio que durante años cobró el aluminio el doble en Argentina de lo que lo vendía en el exterior, e incluso hoy lo sigue vendiendo aproximadamente un 40% más caro en el país".

Es decir, la acusación lleva implícita la advertencia de que lo mismo que le ocurrió al rubro del neumático con la competencia importada le podría ocurrir al sector del aluminio.

FATE, punta del iceberg

En un ambiente hipersensibilizado tras la pelea con Paolo Rocca, líder de Techint -a quien Milei bautizó "Don Chatarrín de los tubos caros"-, se vuelve a instalar la eterna polémica: ¿la industria argentina no puede competir si no cuenta con protección estatal? ¿O, como afirman los industriales, Milei está practicando un liberalismo ingenuo que no se aplica en ningún país industrializado, donde los subsidios y los cupos de importación están a la orden del día?

El motivo por el cual le cuesta cada vez más defender su discurso al gobierno es que, lejos de tratarse de casos aislados, las empresas en crisis y con pérdida de empleo son la generalidad. Los números son elocuentes al respecto: en la industria se está usando, en promedio, apenas un 53,8% de la capacidad instalada, y hay casos extremos, como el automotor, donde el uso es de sólo el 31% de la planta-.

El gobierno se defiende con datos como el de la relativa estabilidad del empleo, después de que el censo del Indec publicara para el tercer trimestre del año pasado una desocupación de 6,6%. Sin embargo, los economistas críticos afirman que esa estadística oculta una realidad preocupante: en dos años se perdieron unos 200.000 puestos de trabajo informales -la mayor parte en el sector industrial-, mientras que los nuevos empleos están, sobre todo, en el cuentapropismo y los nuevos trabajos de servicios por aplicaciones de internet.

Y los economistas críticos recuerdan que no sólo está en crisis la "industria protegida" sino que también pasaron zozobras empresas del agro y del sector energético, los supuestos "ganadores" del modelo. En la lista hay nombres como Bioceres, Agrofina, Aconcagua y President Petroleum.

"FATE es un tema micro. También Techint. Pero si son muchos, es un tema macro", sintetiza Hernán Lacunza, ex ministro de economía en la gestión macrista.

¿Es el mundo o es el modelo Milei?

Es entonces cuando se plantea uno de los puntos centrales en la "batalla cultural": ¿esta situación ocurre como consecuencia del cambio tecnológico que se ve en todo el mundo, o está directamente ligado al modelo económico de Caputo, que reprime el tipo de cambio y revive las tasas altas en pesos?

No es un debate inocuo: si predomina la primera visión, entonces el gobierno gana respaldo en el sentido de que la solución está en una mayor flexibilidad laboral, que se adapte mejor a los cambios tecnológicos y sociales.

Curiosamente, en medio de un conflicto sindical en 2024, la propia FATE emitió un comunicado que parecía coincidir con la visión oficial, al enfatizar las ineficiencias derivadas de la regulación laboral. Se quejaba de su operatoria se dificulta por "sobrecostos derivados de la legislación del trabajo, baja productividad laboral, ausentismo, elevada conflictividad gremial".

En cambio, si se impone la visión de que la crisis industrial es consecuencia del plan económico, ganarán credibilidad los economistas que critican el retraso cambiario y se recreará una expectativa devaluatoria.

No por casualidad, el gobierno aprovechó que, justo en medio del debate, salió el dato del comercio exterior de enero, donde se registró una aceleración de 19% en las exportaciones y un retroceso en las importaciones, lo cual dejó un superávit de casi u$s2.000 millones. Como viene sosteniendo desde hace tiempo el ministro Caputo, se hace difícil argumentar que hay atraso cambiario cuando las exportaciones baten récords.

Sin embargo, también en este dato hay una "letra chica": los superávits de los últimos meses son la contracara de lo ocurrido antes de la elección legislativa de octubre. En ese momento ocurría un clásico: ante la expectativa de una devaluación post electoral, los exportadores retenían su producción mientras que los importadores se apuraban a acumular stock.

Por otra parte, los bienes de consumo final ya representan un 26% del total importado, el doble respecto de hace un año, mientras que están en caída las importaciones de bienes de capital e insumos de la industria.

Apostando al argumento del precio

Lo cierto es que el apoyo al gobierno parece en declive. Así lo marcan las encuestas sobre la reforma laboral y los índices de confianza del consumidor, como el que mide la Universidad Di Tella, que marcó un abrupto descenso de 4,7% en febrero.

En coincidencia, los índices que predicen cambios de tendencia en la actividad económica ya están marcando una casi certeza de recesión para los próximos meses.

Esto lleva a que el gobierno apueste todas sus fichas a la batalla de la inflación. Y es una pelea en la que sus principales aliados son, precisamente, los temas que más le incomodan a la industria: el dólar barato y la apertura comercial.

Es elocuente el hecho de que aquellos rubros donde se registra la mayor crisis de producción son los que menos sufrieron la inflación. En textiles e indumentaria, apenas hubo aumentos de apenas 15% en el último año, lo que implica una caída real de 12,7% frente al IPC promedio.

Es un fenómeno que, en buena medida, se explica por el "efecto Shein": las importaciones "hormiga" por la vía compras online ya se ubican en un promedio de u$s100 millones mensuales, y representan un 20% del consumo argentino en rubros como productos de electrónica. El volumen que genera esta importación se cuadruplicó el año pasado, por el incentivo de la exoneración arancelaria para productos de costo menor a u$s1.000 -un factor que se potencia, claro, por el atraso del dólar-.

Es así que el rubro de electrónica y equipamiento del hogar también ayudó a contener la inflación: apenas registró aumentos de 19% contra una inflación anual de 32,4%.

¿Y los neumáticos? Para el gobierno, lo que está sucediendo también es un buen síntoma. "Recordemos que hasta el 2024, pinchar goma era un problemón para la mayoría de los argentinos, ya que reponerla salía cuatro veces el precio equivalente en un país vecino", argumenta Felipe Núñez, que agrega que actualmente el sobreprecio respecto de la región es sólo un 20%.

Por cierto que el abaratamiento en el consumo no es un argumento menor en este debate. Y tampoco es casualidad que Milei haya calificado como "datazo" la inflación minorista de enero -dio 1,7%-, que supuestamente estaría anticipando un freno en los precios minoristas para los próximos meses.