SHOCK POR MEDIO ORIENTE

¿Exceso de optimismo en Argentina?: por qué el conflicto de Irán no garantiza una "lluvia de petrodólares"

Los antecedentes cercanos indican que el mercado petrolero sobrereacciona y luego corrige. Tanto en Irán como en Venezuela pasó lo opuesto a Ucrania 2022
Por Fernando Gutiérrez
ECONOMÍA - 06 de Marzo, 2026

Es el deporte más popular del momento: especular sobre hasta dónde puede llegar el precio del petróleo luego del ataque militar de Estados Unidos a Irán. Y en Argentina hubo una temprana reacción de optimismo ante la eventualidad de que la situación geopolítica se agrave y, entonces, ingresen más dólares de los previstos por la exportación del crudo producido en Vaca Muerta.

El razonamiento de los optimistas es que, gracias a la transformación de Argentina en un país exportador de energía, ahora este tipo de shocks externos pueden ser favorables, al contrario de lo que ocurrió tras la invasión de Rusia a Ucrania en 2022. Y no les falta razón: en aquel momento, ante una disparada en los costos de petróleo y gas, Argentina tuvo que importar combustibles por una inédita cifra de u$s12.868 millones -una cifra cercana a la que se proyecta para este año, pero no por compra sino por venta de energía-.

"El kirchnerismo había convertido el superávit de la balanza energética en un fuerte déficit que exacerbaba la escasez de dólares producto de la emisión monetaria, lo que nos volvía muy vulnerables a cualquier shock externo o climático", apunta Federico Domínguez, uno de los economistas cercanos al equipo de Toto Caputo.

El peor momento se dio en julio de 2022, cuando el alto consumo de gas hizo que la importación de energía ascendiera a u$s2.400 millones, el 29% del total de las importaciones argentinas en ese mes. En cambio, en el invierno de 2025 se gastó la octava parte y las compras de gas apenas representan un 4,6% del total.

Optimismo por petrodólares

Con esa experiencia en mente, los analistas argentinos que se entusiasman con la potencia creciente del petróleo argentina hacen el cálculo de que, por cada 10 dólares que suba el precio en el mercado global, el ingreso de divisas para Argentina se incrementa en u$s1.700 millones.

"Hasta hace pocos años, un shock de este tipo habría erosionado el saldo de la cuenta corriente; ahora lo impulsa", estimó Martín Castellano, director de Latam Research.

Y sobre esa base es que las previsiones originales de exportación de petróleo por u$s13.000 millones para este año, ahora se están revisando al alza. Ya con la suba en el precio del crudo registrada antes del ataque ordenado por Donald Trump, los analistas argentinos habían sumado más de u$s1.000 millones. Y, ahora, entre predicciones de que la cotización del barril podría acercarse a los u$s100, los más entusiastas prevén una lluvia de "petrodólares".

El optimismo va de la mano de los anuncios de YPF sobre su plan de inversiones por u$s6.000 millones con el objetivo de incrementar su capacidad de producción de petróleo "shale", un terreno en el que aspira a ser un jugador de relevancia mundial. El objetivo es llegar a una producción de 215.000 barriles diarios, lo que supone más del doble del nivel de producción de al inicio de la gestión Milei.

Mientras tanto, el propio Caputo, más focalizado en el plano geopolítico que en los precios, se mostró aliviado de que el conflicto haya encontrado a Argentina alineada con Estados Unidos e Israel y no con Venezuela e Irán.

El efecto Trump

Pero, sobre todo, lo que lleva a la cautela respecto de la suba del petróleo es el propio Trump, que es el primer interesado en generar una baja en el precio de los combustibles. Fue su principal tema de campaña electoral, ante consumidores enojados por la inflación. Y, desde su acto de asunción -en el que pronunció el célebre eslogan "drill, baby, drill"- dejó en claro que un pilar de su política sería el apoyo a la producción petrolera.

En contra de la agenda ambientalista de la "izquierda woke", Trump se erigió en un firme defensor del petróleo shale -el mismo tipo que existe en Vaca Muerta-, que exige la técnica del fracking -fractura de la roca mediante presión de agua-.

Y los expertos conjeturaban que, para compensar la inflación que causaría su política de suba arancelaria, Trump haría lo posible por bajar el precio del petróleo debajo de los u$s60. Esa presunción cobró fuerza tras la captura de Nicolás Maduro y el inicio del tutelaje sobre Venezuela, donde se fijó el objetivo de duplicar la producción hasta llegar a dos millones de barriles diarios.

Al revés de lo que ocurre hoy, hace apenas tres meses se generó un temor a una sobreoferta global de petróleo, porque ya se hablaba de un excedente de 2,3 millones de barriles diarios a nivel global, lo que llevó a los bancos de inversión a pronosticar un desplome del precio del barril WTI hasta los u$s52. Lo cierto es que, una vez más, se comprobó que el mercado había sobre reaccionado.

El precio nunca cayó debajo de u$s56, en parte por una revisión de la política de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que suspendió sus planes expansivos. Pero también porque se consideraba que la oferta venezolana tardaría en crecer.

¿Qué tan grave es la situación?

¿Puede ocurrir que otra vez el mercado esté sobre reaccionando, así como había ocurrido con la breve histeria alcista en junio del año pasado tras el bombardeo a Irán, y luego con los temores por un desplome del precio tras la intervención de Trump en Venezuela? Es la pregunta del millón en la industria petrolera, y la respuesta que se escucha con más frecuencia es que todo dependerá de si, como pronosticó el presidente estadounidense, se tratará de un conflicto de corta duración.

En ese caso, si se mantiene abierto el estrecho de Ormuz y EE.UU. logra contener un contraataque iraní a sus países vecinos, no hay motivos para pensar en una crisis de oferta de petróleo. Ni siquiera China, en principio el país más afectado, entraría en escasez inmediata: sólo 13% de su importación proviene de Irán, mientras que un 60% procede de Rusia y Malasia -que no dependen del estrecho-.

Los analistas prevén que el escenario de un barril a u$s100 sólo ocurriría si el conflicto se prolongara e Irán mantuviera una política hostil hacia Arabia, Kuwait y dañara por un período extenso la capacidad productiva del Medio Oriente. Pero, de momento, la visión que predomina es que la situación tendrá más parecidos con el ataque de junio del año pasado. Es decir, con "un repunte inicial del petróleo, que se desvanece a medida que disminuyen los temores de perturbación por Ormuz", pero "sin implicaciones macroeconómicas duraderas", como apuntó un reporte del banco ING.

Por otra parte, la OPEP reaccionó rápidamente con un anuncio de aumento de la cuota de producción, lo cual agregará 206.000 barriles diarios, una medida que se explica tanto por el alineamiento político de Arabia con Trump como por una oportunidad estratégica de incremento de la participación en el mercado global.

De hecho, algunos perciben que ya podría haber pasado el momento de mayor temor, dado que el barril WTI cerró a u$s79, ocho horas después de haber alcanzado un pico de u$s81.

Pero, volviendo al análisis geopolítico, lo que muchos analistas estadounidenses están poniendo de relieve es el clima político doméstico: este año hay elecciones legislativas de medio término, y para Trump sería un escenario negativo llegar a la votación con cotizaciones petroleras que presionen los precios de las naftas. En su plan, el efecto de la operación militar sobre Irán debería tener el efecto opuesto.

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