EVOLUCIÓN

Sueldo vs. precios: ¿quién gana la carrera frente a la inflación y cómo evoluciona el poder de compra de los argentinos?

El desafío hacia adelante no pasa solo por evitar que los salarios vuelvan a perder frente a inflación, sino por recuperar y sostener el poder adquisitivo
Por Damián Di Pace
ECONOMÍA - 04 de Marzo, 2026

El salario promedio del sector privado registrado admite un análisis que va más allá de su condición de dato estadístico. Funciona como termómetro del poder adquisitivo de la clase media formal y, al mismo tiempo, como indicador de la calidad del mercado laboral. En una economía que desde hace más de una década evidencia dificultades para generar empleo privado genuino, con una estructura productiva que no logra expandir de forma sostenida el trabajo asalariado registrado y con una tasa de informalidad superior al 40% de los ocupados, la evolución del salario formal adquiere una relevancia central.

Esta variable no solo fija el estándar de ingresos de los trabajadores registrados e impacta sobre el consumo de los hogares, sino que también actúa como referencia para las negociaciones salariales en otros segmentos. La cuestión de fondo no es únicamente verificar si el ingreso nominal acompaña al índice de precios, sino evaluar si el empleo formal permite sostener un nivel de vida acorde a las necesidades básicas.

A partir de los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), y considerando un hogar tipo compuesto por dos adultos y dos menores que perciben dos remuneraciones promedio del sector privado registrado, analizamos la evolución del ingreso entre noviembre de 2023 y una proyección a marzo de 2026, así como su capacidad de cobertura frente a la canasta de alimentos y la canasta de servicios. El objetivo es doble: identificar en qué momento el salario perdió frente a la inflación y determinar cómo evolucionó su poder de compra en términos concretos.

Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 (último dato oficial disponible) la remuneración promedio del sector privado registrado aumentó 251,93%, prácticamente en línea con la inflación acumulada del período (249,40%). En términos agregados, el resultado es un "empate" entre salarios y precios. Sin embargo, ese equilibrio estadístico tiene matices. La trayectoria no fue lineal y, como veremos, el saldo final dista de reflejar una mejora consolidada del poder adquisitivo.

Entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025, en términos agregados, el resultado es un "empate" entre salarios y precios

El primer tramo del período estuvo marcado por una fuerte licuación del salario real. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2024 la remuneración nominal creció 81,8%, mientras que la inflación acumuló 93,3%. Ese desfasaje implicó una pérdida significativa en apenas cuatro meses, concentrada en el shock inflacionario posterior al cambio de régimen macroeconómico. Medido a precios constantes de noviembre de 2023, el salario promedio descendió hasta la zona de los $500.000, ubicándose por debajo del nivel inicial. Fue la etapa de mayor deterioro del poder adquisitivo dentro del período analizado.

A partir del segundo trimestre de 2024 comenzó una fase de recomposición parcial, en un contexto de reordenamiento de precios relativos. Las negociaciones salariales adoptaron una lógica de ajustes compensatorios: incrementos nominales que permitían recuperar parte de lo perdido, pero sin consolidar una tendencia sostenida. Durante los meses de cobro del aguinaldo -junio de 2024, diciembre de 2024 y junio de 2025- el salario real muestra picos transitorios que luego se corrigen gradualmente en los meses siguientes, erosionados por la inercia inflacionaria.

Entre noviembre de 2024 y marzo de 2025 el salario nominal creció 18,8%, mientras que la inflación fue de 10,1%, configurando una recuperación real en ese tramo. No obstante, hacia el cierre de 2025 reaparecieron señales de debilidad.

Entre noviembre de 2025 y la proyección a marzo de 2026, el salario nominal avanzaría 10,6% frente a una inflación estimada de 13,7%, lo que implicaría una leve mejora real, aunque sobre una base previamente deteriorada y una caída real en los últimos 6 meses. En términos de nivel, el salario promedio real en marzo de 2026 se ubicaría en torno a los $524.000 a precios constantes, prácticamente el mismo valor que en noviembre de 2023. Es decir, luego de una caída abrupta y una recuperación parcial, el poder adquisitivo vuelve al punto de partida. La desaceleración inflacionaria es condición necesaria para estabilizar el ingreso real, pero no suficiente para garantizar una mejora sostenida si los ajustes nominales pierden dinamismo.

Salario vs evolución de las canastas básicas

Para profundizar el diagnóstico, contrastamos el salario con la evolución de las canastas básicas. En el caso de la canasta de servicios, el deterioro reciente resulta significativo. Al inicio del período, dos salarios promedio permitían adquirir 1,19 canastas de servicios. En marzo de 2025, momento de mayor recuperación, esa relación mejoró hasta 1,77 canastas. Sin embargo, en noviembre de 2025 descendió a 1,18 y en marzo de 2026 se proyecta en 1,14.

En paralelo, el porcentaje del ingreso destinado a cubrir la canasta de servicios pasaría de 56,4% en marzo de 2025 a 87,3% en marzo de 2026, superando incluso el nivel registrado en noviembre de 2023.

En el caso de la canasta de servicios, el deterioro reciente es significativo

Este comportamiento sugiere que, aun cuando el salario logra acompañar al índice general de precios en el acumulado, pierde terreno frente a la dinámica de los precios relativos, particularmente en servicios. Se trata de un componente del gasto que suele tener menor visibilidad en las estadísticas públicas, pero que es determinante en la economía doméstica: tarifas, transporte, comunicaciones y otros servicios esenciales absorben una porción creciente del ingreso familiar.

La canasta alimentaria presenta una dinámica diferente. Con dos salarios promedio, en noviembre de 2023 podían adquirirse 5,64 canastas para un hogar tipo. En marzo de 2025 esa cifra ascendió a 6,76, reflejando una mejora en la capacidad de compra de alimentos y para marzo de este año podrían adquirirse 6,24 canastas. El porcentaje del ingreso destinado a alimentos del 16%, todavía por debajo del 17,73% registrado al inicio del período. El principal descalce, por lo tanto, no proviene del componente 

La canasta alimentaria presenta una dinámica diferente respecto a la de servicios

Ampliando la perspectiva, distintos estudios señalan que respecto de 2017 el salario privado formal acumula una caída cercana al 20% en términos reales. Aun cuando en algunos tramos recientes se verificaron mejoras interanuales, el nivel actual continúa por debajo del registrado a mediados de la década pasada. La recuperación observada desde el segundo semestre de 2024 debe interpretarse, entonces, como parcial y asentada sobre una base estructuralmente debilitada.

El escenario para este año presenta más sombras que luces. La desaceleración inflacionaria logró acotar, al menos transitoriamente, los desfasajes entre salarios y precios, contribuyendo a una relativa estabilidad nominal. Sin embargo, el poder adquisitivo continúa evidenciando fragilidad y marcada heterogeneidad entre sectores. La mayor pérdida se concentró en el shock de fines de 2023 y comienzos de 2024 y, desde entonces, no se consolidó una senda sostenida de recuperación real. Además, el proceso de desinflación fue acotado en el tiempo y, en los últimos meses, la dinámica de precios vuelve a generar inquietud.

Las lecturas sobre la coyuntura divergen. Para algunos, el presente refleja una estabilidad relativa; para otros, se trata de un estancamiento con riesgos latentes de deterioro. Lo cierto es que ya no se observa el ritmo de caída abrupta de etapas anteriores, pero tampoco una expansión consistente del poder de compra. El desafío hacia adelante no pasa únicamente por evitar que los salarios vuelvan a perder frente a la inflación, sino por recuperar y sostener la capacidad adquisitiva en el tiempo, transformando el actual equilibrio precario en una mejora tangible y duradera para los hogares formales.

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