ALERTA SUPERÁVIT FISCAL

Recaudación de ARCA en caída libre: 8 meses en rojo, consumo frío y una señal de alerta para la "motosierra"

La recaudación de marzo tuvo una caída interanual real de 4,5%, uno de los peores registros tributarios. Como consuelo, el IVA acompañó a la inflación
Por Fernando Gutiérrez
ECONOMÍA - 01 de Abril, 2026

A esta altura ya resulta un síntoma preocupante: la recaudación tributaria volvió a ser negativa en términos reales y acumula ocho meses seguidos de caída. El gobierno ha justificado esa situación con el argumento del alivio impositivo, pero son cada vez más los analistas que sostienen que el menor ingreso a la caja de ARCA es reflejo de un enfriamiento en la economía.

Con apenas un aumento nominal de 26,2%, la recaudación tributaria tuvo una caída interanual de 4,5% -asumiendo que el IPC de marzo rondará el 3% y la inflación anual acumulada será de un 32,2%-. Esto hace que marzo haya tenido una de las peores performances en cuanto a ingreso fiscal, y ponga mayor presión al gobierno para acentuar la "motosierra" sobre el gasto público, de manera de no poner en riesgo el superávit primario.

El informe oficial explica que hubo una serie de situaciones regulatorias y modificaciones en el calendario de pagos, que impactaron negativamente para la baja recaudación de marzo. Por ejemplo, porque no hubo ingreso de anticipos de Ganancias de sociedades con cierre de ejercicio diciembre (el más importante del año) ni anticipos de Ganancias de personas humanas.

Esto llevó a que Ganancias hiciera un flojo aporte -apenas 16% del total recaudado-. Mientras tanto, el IVA, el impuesto por excelencia vinculado a la actividad productiva y comercial tuvo un resultado aceptable, a tono con la inflación, después de varios meses de tendencia negativa.

El resultado resulta más positivo si se tiene en cuenta, además, que este año hubo un fuerte incremento de adhesión a planes de pago. En otras palabras, las cifras del IVA comercial -sin considerar de comercio exterior que se cobra en la Aduana- podría estar indicando una incipiente recuperación del consumo.

Aunque claro, esa interpretación también tiene su lado B: el IVA es un impuesto directamente ligado a la inflación, por lo que su incremento nominal es, de alguna forma, también un reflejo de la evolución al alza de los precios.

Lo mismo puede afirmarse sobre el impuesto a débitos y créditos -más conocido como impuesto al cheque-, que creció un 4,7% por encima de la inflación. Es un dato que confirma que, pese a que se trata de un tributo cuestionado por su efecto distorsivo sobre la economía, en este momento hace un aporte del que el gobierno no puede prescindir. Puesto en números, representa un 8% de los recursos fiscales.

Retenciones y aranceles, con bajo aporte

El ítem más llamativo de la recaudación de marzo es el ligado al comercio exterior. Con apenas $503.000 millones -apenas un 3% en la "torta" de la recaudación-, las retenciones hicieron un aporte muy exiguo. En la comparación interanual es un desplome de 35%, algo que se explica por el boom exportador que se registró un año atrás luego de la rebaja temporaria del impuesto al agro.

Es así que, pese al optimismo por los buenos volúmenes logrados en la cosecha -y el pronóstico de Toto Caputo sobre un ingreso exportador de u$s40.000 millones-, todavía no se refleja un cambio positivo en el aporte del campo a la caja de ARCA.

Lo que parece seguro es que, pese a las críticas por los incrementos en los costos de los insumos -derivados del petróleo-, el campo no tendrá este año otra ayuda de un "tax holiday". Los números fiscales están demasiado ajustados como para que Caputo pueda darse el lujo de prescindir de las retenciones.

Sobre todo, cuando acaba de verse obligado a posponer la actualización del impuesto a los combustibles, con el objetivo de no acentuar el malhumor social tras la suba de precios en las estaciones de servicio.

Con una suba real de 35%, el impuesto a los combustibles se ha transformado en uno de los puntales de la recaudación, al punto que ya resulta más importante que los derechos de exportación y los aranceles de importación.

Es posible que este fenómeno resulte pasajero, dado que tanto las exportaciones como las importaciones están registrando cifras bajas, en términos históricos. La expectativa del gobierno es que, a partir de abril, ya se note un cambio, cuando empiece a hacerse notar la entrada de divisas por la exportación sojera, que tiene su momento fuerte en el segundo trimestre.

En cuanto a las importaciones, parte de la mala performance se explica por el alivio en los aranceles -lo mismo que ha servido para abaratar el consumo en rubros como el textil y el electrónico y hacer de contrapeso a las subas de precios de los servicios-. Pero, también, se nota una caída en rubros de importación más ligados a la producción, como los bienes de capital y los insumos industriales.

Más dependencia de la motosierra

El otro rubro que confirma la frialdad de la economía es el de los ingresos a la ANSES. Tanto los aportes personales de los asalariados como las contribuciones patronales al sistema de seguridad social evolucionaron por debajo de la inflación.

En total, la recaudación de Anses tuvo una caída real de 2,8% respecto del año pasado, una tendencia que va en línea con el empeoramiento en las cifras de empleo que se han publicado en los últimos censos del Indec.

Lo cierto es que las perspectivas no son buenas en el lado de los ingresos a las arcas fiscales: lejos del 4,5% de aumento del PBI que proyecta el gobierno, los economistas que participan en la encuesta REM del Banco Central creen que la economía sólo va a subir un 3%.

Además, a ese contexto de frialdad en el consumo se debe sumar el hecho de que entrará menos dinero a las arcas estatales por el recorte de dos puntos en las retenciones al agro, lo que la consultora LCG estima en 0,1% del PBI. Y, sobre todo, que la ley de reforma laboral llevará a un menor ingreso por impuestos coparticipados y a un recorte de recursos de la Anses equivalente a 0,37% del PBI.

Es por eso que la expectativa del mercado es que, para que realmente se cumpla el objetivo fiscal de este año -un superávit primario de 1,5% y uno financiero, tras el pago de intereses, de 0,3% del PBI- el gobierno va a depender más del recorte de gastos que del aumento del ingreso.

Y es ahí donde aparece el pesimismo, porque los rubros en los que se basó Caputo para achicar el gasto en los primeros meses de su gestión ya no se pueden seguir cortando -básicamente la licuación inflacionaria de las jubilaciones y el congelamiento de la obra pública- y lo que queda es un tipo de gasto más rígido y con mayor costo político.

En definitiva, lo que ven los economistas es que cada vez se necesita un esfuerzo mayor en el recorte, para obtener una mejora marginal en las cuentas.

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