JUBILACIONES REBOTAN

Todos los jubilados le ganarán a la inflación desde el próximo cobro, pero la brecha entre haberes se estira

El mes próximo habrá un ajuste que superará en más de 2 puntos al IPC. Sin embargo, se estira la pirámide: la jubilación máxima es casi 6 veces la mínima
Por Fernando Gutiérrez
ECONOMÍA - 21 de Mayo, 2026

En los últimos meses se aceleró uno de los fenómenos que más controversia ha generado durante la gestión Milei: el ensanchamiento de la distancia entre los jubilados de la franja mínima y los que se encuentran en la punta de la pirámide.

Y con el cobro de la jubilación de mayo, llegará el momento en que esa diferencia se haga más grande. Hablando en plata, la máxima llegará a $2,6 millones, lo que equivale a 5,7 jubilaciones mínimas. En cambio, en diciembre de 2023, cuando Milei asumió la presidencia, la jubilación más alta superaba 4,4 veces la más baja.

El motivo está claro y ha sido objeto de extenso debate: mientras las jubilaciones se ajustan por inflación pasada, el bono compensatorio instituido por el gobierno peronista se mantiene congelado en su nivel de $70.000.

Esto generó un efecto de licuación inflacionaria para los beneficiarios de ese bono, que se acentúa cuanto más alto es el IPC. Puesto en números, en marzo de 2024 -cuando el bono se aumentó por última vez- esos $70.000 representaban un 34% de quienes cobraban el haber mínimo. En contraste, en la próxima jubilación correspondiente a mayo, el bono apenas representará un 15% del cobro.

Es así que, aunque en mayo se deben ajustar las jubilaciones según el IPC de marzo -que dio 3,4%, el valor más alto en un año-, el aumento real será bastante menor para los jubilados de la franja inferior: el ajuste por inflación sólo se aplica al monto de la jubilación "oficial", que quedará en $393.174. Al sumarse el bono, el total queda en $463.174, que en términos reales es un aumento de 2,8%.

Los jubilados del sector superior, que nunca percibieron el bono, sí sentirán el impacto pleno del 3,4% en su próximo haber.

Con ese dinero en el bolsillo, los jubilados deberán hacer frente a los aumentos de junio, que -según prevén los economistas que participan en la encuesta REM- darán un IPC de 2,1%.

Un punto de inflexión

Aun con esas diferencias, el dato relevante es que, salvo que ocurra alguna sorpresa en el plano de los precios, todas las jubilaciones empezarán a ganarle a la inflación a partir del mes próximo.

De hecho, los de los mayores niveles ya tuvieron una leve recuperación después de cobrar el haber de abril, que vino con un ajuste de 2,9% -equivalente al IPC de febrero-, mientras que la inflación de abril fue 2,6% y la de mayo se proyecta en 2,3%.

Y la perspectiva es que esa recuperación sea la tónica del año, si es que efectivamente la inflación retoma una senda bajista. Como los ajustes -de acuerdo con la regla indexatoria dispuesta en el nuevo régimen previsional- tienen una aplicación con dos meses de retraso respecto del IPC, eso implica que todos los aumentos serán por un porcentaje mayor al nivel inflacionario del momento en que se hace el cobro.

En otras palabras, el sistema permite que las jubilaciones crezcan en términos reales cuando la inflación baja, pero que se recorten si la tendencia es a la suba, como ocurrió durante 10 meses consecutivos, hasta que se quebró la tendencia con el IPC de abril.

Fue por este motivo que, en el arranque de la gestión Milei, el rubro jubilatorio sufrió un fuerte recorte, que posibilitó la rápida consecución del equilibrio fiscal. El rubro de la previsión social es, por lejos, el de mayor peso en el presupuesto nacional, con más de un 40% del total.

Después de haber alcanzado caídas reales de hasta 38% en febrero de 2024, empezó un camino de recuperación en el segundo semestre de ese año, que llegó hasta mayo del 2025.

En términos de gasto público, en abril ya se constató una suba del gasto previsional, que en la comparación interanual creció un 3,9% real.

Una sube, otra cae

Un informe del economista Nadin Argañaraz, grafica la evolución divergente que tuvieron los jubilados de la mínima respecto de los del estrato superior. Tomando como base el nivel de los haberes de noviembre 2023, y ajustados por inflación, el resultado es que los que reciben la mínima más el bono, cobraron en abril pasado un 10,3% menos que al inicio de la gestión Milei.

El resto, en cambio, se encuentra hoy un 7,8% encima del poder adquisitivo de hace dos años y medio.

Esa situación ambivalente es lo que hace imposible el acuerdo entre gobierno y oposición, dado que el ministro Toto Caputo se jacta de una recuperación real en el poder adquisitivo de las jubilaciones, mientras que los críticos apuntan a que en realidad están cada vez peor.

Ambos tienen razón, claro. Porque los números cambian drásticamente si se considera el haber jubilatorio solo, o acompañado por el bono extra. Se trata, de hecho, de dos categorías que viven situaciones completamente diferentes.

Enfocados en los "jubilados reales"

Y el gobierno nunca renegó de esa situación. Más bien al contrario, la divergencia creciente entre la punta y la base de la pirámide es un efecto buscado deliberadamente.

Lo que suele remarcar el ministro de Economía es que, en el universo de 7,5 millones de beneficiarios del sistema previsional, apenas un tercio son "jubilados de verdad", porque cumplieron los requisitos de edad y 30 años de aporte a la Anses.

Ese grupo de jubilados, donde el gobierno presume que tiene llegada electoral, está compuesto por personas que han expresado su irritación, ante cada moratoria -como la votada en 2023, que agregó 800.000 jubilados nuevos- o ante cada actualización de un bono para compensar la erosión inflacionaria sólo a la franja mínima.

"No sólo es inmoral que regalen jubilaciones a quienes no aportaron nunca, sino que profundiza el déficit estructural del país condenando a las generaciones futuras a la pobreza", decía Milei hace tres años, cuando ya era candidato presidencial.

Se achata la pirámide

Ese fenómeno generó un "achatamiento de la pirámide", de manera que la distancia entre la jubilación mínima y la máxima se iba achicando cuanto más alta era la inflación. Se producía por el efecto de la reforma de Martín Guzmán, que era de tipo "pro-cíclica". Es decir, cuando crecía la economía, subían las jubilaciones -que estaban atadas al nivel de recaudación de la Anses-, pero cuando había recesión, caían en mayor medida. Además, la inflación erosionaba todavía más el poder de compra, dado que los ajustes se realizaban en frecuencia trimestral.

Esto implicaba jubilaciones prácticamente congeladas en medio de un pico inflacionario, donde el único alivio vino por el lado de la suba de los "bonos extraordinarios" que el gobierno anterior había impuesto para los beneficiarios de la jubilación mínima, en un reconocimiento tácito de que la fórmula condenaba a la caída de los haberes.

La reforma aplicada por Caputo en 2024 reinstauró el ajuste por inflación, pero congeló al bono. Desde el punto de vista del gobierno, esa política implica terminar con una injusticia. Para la oposición, en cambio, se trata de un ajuste en cabeza de los jubilados de menor ingreso. Y es por ese motivo que los dos intentos de reforma jubilatoria en el Congreso han tenido como punto central el ajuste por inflación del bono complementario.

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