Cuál es la diferencia entre RIMI y RIGI y cómo impacta cada uno
El gobierno, en el marco de la Ley de Modernización Laboral, reglamentó el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), un esquema que incrementa el alcance de los beneficios fiscales para inversiones productivas en Argentina.
Este esquema convive con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Si bien ambos buscan fomentar inversiones y mejorar la competitividad, existen diferencias importantes vinculadas al tamaño de los proyectos, los requisitos de acceso y el tipo de beneficios contemplados.
Cómo funciona el RIMI y quiénes pueden acceder
El Gobierno reglamentó recientemente el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI) mediante el Decreto 242/2026, en el marco de la Ley de Modernización Laboral. La medida apunta principalmente a micro, pequeñas y medianas empresas, hasta el tramo 2, que buscan mejorar su capacidad productiva.
El objetivo del esquema es facilitar inversiones vinculadas al crecimiento productivo, la incorporación de tecnología y el desarrollo de infraestructura. El esquema también contempla la posibilidad de que entidades sin fines de lucro registradas ante ARCA participen.
Para acceder al régimen, las empresas deben contar con certificado MiPyME vigente y no tener deudas fiscales exigibles. El programa también permite la participación de compañías extranjeras, siempre que las inversiones se desarrollen dentro del territorio argentino.
Las inversiones alcanzadas por el RIMI deben estar vinculadas a actividades productivas concretas. El régimen excluye operaciones financieras, compra de bienes destinados a reventa y adquisición de automóviles.
Entre los proyectos que pueden ingresar se encuentran:
- Compra o fabricación de bienes de capital nuevos
- Equipamiento tecnológico, informático y de telecomunicaciones
- Obras de infraestructura productiva
- Sistemas de riego y mejoras agropecuarias
- Incorporación de animales con fines productivos
- Proyectos vinculados a eficiencia energética y energías renovables
En el caso de obras de infraestructura, solo se pueden incluir aquellas que tengan menos del 30% de avance al momento de la entrada en vigencia del régimen. Esto se debe a que el objetivo es priorizar proyectos nuevos.
Los montos mínimos de inversión varían según el tamaño de cada empresa. El piso arranca en los 150.000 dólares para microempresas y puede alcanzar hasta los 9 millones para medianas tramo 2.
Es importante tener en cuenta que, para calcular esos valores, se toma como referencia la suma de las inversiones elegibles realizadas dentro del plazo previsto. Para ello, se toma como referencial el tipo de cambio comprador del Banco Nación correspondiente al día anterior a la facturación.
Sin embargo, existen algunas excepciones donde no se exige inversión mínima, especialmente en proyectos considerados estratégicos para determinadas actividades productivas. Entre ellos figuran sistemas de riego, mallas antigranizo, inversiones en eficiencia energética y bienes semovientes vinculados al sector agropecuario.
Uno de los principales atractivos del RIMI son los beneficios impositivos que incorpora. Entre ellos se destacan:
- Amortización acelerada en el Impuesto a las Ganancias
- Recupero anticipado de créditos fiscales de IVA
- Incentivos vinculados a costos energéticos
La amortización acelerada permite deducir inversiones en plazos mucho más cortos, mientras que el IVA puede recuperarse desde los tres meses posteriores a la inversión, mejorando el flujo financiero de las empresas.
Cuál es la diferencia entre el RIMI y el RIGI
Aunque ambos esquemas buscan fomentar inversiones, el RIGI y el RIMI fueron diseñados para perfiles empresariales muy distintos.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) está pensado para proyectos de gran escala, generalmente asociados a sectores estratégicos como minería, energía, petróleo, gas e infraestructura de gran volumen.
Su objetivo principal es atraer capitales importantes, incluso internacionales, mediante reglas de estabilidad fiscal de largo plazo. El RIMI, en cambio, apunta a inversiones medianas y pequeñas vinculadas tanto al entramado productivo local como al desarrollo de pequeñas y medianas empresas.
Su objetivo es facilitar que PyMEs puedan modernizar procesos, incorporar equipamiento o ampliar capacidad productiva sin tener que realizar inversiones multimillonarias. Otra diferencia a tener en cuenta son los valores mínimos requeridos para ingresar a cada esquema.
Mientras el RIGI exige inversiones considerablemente más elevadas, el RIMI reduce significativamente esas barreras de entrada al permitir el acceso de empresas de menor tamaño.
También cambian los beneficios principales de cada régimen. El RIGI prioriza la estabilidad fiscal y regulatoria durante largos períodos, algo clave para proyectos de gran escala que requieren previsibilidad durante muchos años.
Por su parte, el RIMI se enfoca en incentivos de impacto más inmediato sobre la operatoria diaria de las empresas. La devolución anticipada del IVA y la amortización acelerada buscan mejorar la liquidez, facilitar nuevas inversiones y reducir costos financieros en el corto plazo.
Además, el impacto esperado también es distinto. El RIGI apunta a captar pocos proyectos de gran volumen económico, mientras que el RIMI busca impulsar múltiples inversiones medianas distribuidas en distintos sectores productivos.