CONSUMO

Argentinos, sin valores de referencia: un mismo producto puede tener más de 5 precios diferentes

Los comercios premian el pago en efectivo y castigan el uso de tarjeta. Los consumidores, "mareados" con las estrategias para ahorrar
Por Mario Loche
ECONOMÍA - 07 de Junio, 2026

Si bien la inflación durante el Gobierno de Javier Milei se redujo de manera considerable, desde hace algo más de un año el proceso de desaceleración encontró un freno y el Índice de Precios al Consumidor (IPC) muestra dificultades para alejarse sostenidamente del 3% mensual. En este marco, todavía se sigue verificando una importante dispersión de precios para un mismo producto, en función del canal de venta y los diferentes medios de pago.

La falta de precios de referencia está estrechamente asociada a la dinámica inflacionaria: en contextos de alta inercia y de espiralización en el IPC, los aumentos que realizan las empresas en sus listas suelen darse de manera descoordinada y con magnitudes muy distintas, lo cual genera serias dificultades para que consumidores, e incluso productores y comerciantes, tengan una respuesta certera a la pregunta de cuánto vale un bien o un servicio. Además, en esos escenarios, las promociones y los descuentos se vuelven estrategias fundamentales para ganar mercado.

La proliferación de promociones bancarias, billeteras virtuales y planes de financiación hizo que en muchos rubros ya no exista un único precio para un producto. Hoy un mismo artículo puede tener un valor para quienes pagan en efectivo o transferencia, otro para tarjeta de crédito en un pago, un tercero para quienes financian la compra en cuotas con interés y varios precios adicionales según la aplicación o el banco utilizado.

Asi, en supermercados, por ejemplo, son habituales los reintegros de entre 10% y 20% a través de MODO, mientras que algunas promociones especiales llegan al 25% de devolución sobre el valor de la compra.

En la práctica, esto significa que un producto puede tener simultáneamente más de cinco precios distintos, dependiendo de los medios de pago y las promociones disponibles.

Tomando como referencia un artículo con un valor de lista de $100.000, un consumidor podría pagarlo a ese precio en efectivo, obtenerlo por $90.000 con un descuento del 10%, por $80.000 con una promoción del 20% o incluso acercarse a los $75.000 cuando coinciden beneficios más agresivos.

Del otro lado, quien opta por financiar la compra en cuotas con interés puede terminar abonando una cifra superior al precio de contado, generando diferencias notables entre el valor más bajo y el más alto de un mismo producto.

La competencia por un consumo que sigue mostrando señales de debilidad alimenta este fenómeno. Actualmente existen promociones que ofrecen 20% de reintegro en cadenas mediante pagos con MODO, mientras que distintos bancos complementan esos beneficios con cuotas sin interés o descuentos adicionales. El resultado es un mercado en el que el precio final depende cada vez menos de la etiqueta exhibida en la góndola y cada vez más de la combinación de medio de pago, entidad financiera y promoción vigente que logre aprovechar cada consumidor.

La falta de referencia genera que los consumidores estén cada vez más atentos a cómo ahorrar. Desde mediados de 2024 la desaceleración en los aumentos de precios fue notoria, aunque hace ya varios meses el sendero de desinflación parece haber encontrado un límite: desde septiembre de 2025 la variación interanual del IPC se ubica aproximadamente en el mismo nivel, arriba del 30%. En ese marco de estancamiento, los ingresos de los argentinos volvieron a perder poder adquisitivo; según un reciente relevamiento de la consultora C-P, entre noviembre de 2023 y febrero de 2026 los salarios privados reales cayeron 1% y las jubilaciones 0,7% (con peores números para quienes cobran la mínima), mientras los salarios públicos se hundieron 20% y las prestaciones sociales sufrieron un derrumbe del 46%.

Por qué los supermercados multiplican las promociones bancarias pese a la menor inflación

La continua erosión de los salarios genera que, pese a que la inflación arroja una menor variabilidad y se mueve en niveles más acotados que en años anteriores, los comercios tengan que seguir recurriendo a ofertas atractivas para los consumidores. En supermercados, para poner un ejemplo de consumo masivo, resaltan las promociones con bancos y billeteras virtuales.

En Coto, durante mayo se destacaron descuentos del 25% con Tarjeta Naranja y Banco Ciudad, y del 20% con el ICBC, todos con un tope semanal o mensual de gasto. En Carrefour hubo hasta 35% con el Patagonia; en Día hay rebajas de hasta 30% con Tarjeta Naranja y del 20% utilizando la aplicación MODO; y en Jumbo también se replican algunas de estas oportunidades, además de una mayor oferta de cuotas sin interés (con bancos como el Galicia, el Macro, y tarjetas Visa y Mastercard) para la compra de electrodomésticos.

También es común observar ofertas con menor porcentaje de descuento, pero algunas de ellas sin tope (como las de Mercado Pago), con tarjetas propias de cada establecimiento, o vía convenios con diferentes empresas. A esto se le suman las ofertas de productos particulares, las cuales en su gran mayoría no son acumulables con otras promociones.

"Los descuentos por promociones bancarias y billeteras virtuales dependen de las estrategias de marketing de cada entidad financiera y son una herramienta para ganar mercado por uso de los medios de pago, porque los comercios pagan comisiones por ventas hechas de esa manera y los clientes pagan por tener esos productos en muchos casos)", señaló el economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), Matías Bolis Wilson

Frente a esta situación, Osvaldo Del Río, director de la consultora Scentia, dijo a este medio que, cuando se observan los precios brutos, la situación entre los diferentes comercios es más homogénea, pero que al analizar los precios netos (con descuento), se verifica que en los supermercados los valores son, en promedio, un 16% menores que los de negocios de barrio, autoservicios y almacenes.

Cómo impactan las tasas de interés y la morosidad en los recargos con tarjeta

Otra estrategia que utilizan muchos comercios es la de distinguir el precio vía pago en efectivo o transferencia del precio abonado con tarjeta de crédito. Por ejemplo, según pudo averiguar iProfesional, en la calle Belgrano de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) puede conseguirse un sillón de dos plazas, de 1,70 m x 0,85 m, abonando cerca de $450.000 si es en efectivo o transferencia, en los negocios más accesibles. Si se recurre a un solo pago con tarjeta de crédito, el monto en ese mismo negocio asciende a la zona de los $600.000, lo cual implica un recargo de aproximadamente 30%. Aún más, es posible encontrar un sillón de características no muy distintas a un costo con tarjeta de más de $1.000.000 en algunos locales menos económicos.

"En realidad, por la Ley de Tarjetas no debería haber diferencia de precio entre efectivo, tarjeta de débito y crédito a un pago", marcó Bolis Wilson, aunque en los hechos dicha normativa está lejos de cumplirse. El especialista enmarcó estas decisiones de las empresas al explicar que "la inflación y tasas de interés reales positivas generan costos financieros para los comercios por el plazo de acreditación diferido desde que se hace la compra hasta que efectivamente se efectúa el depósito para el comercio".

Vale remarcar que la línea de tarjetas de crédito presenta el segundo peor dato de morosidad entre las familias, detrás de la línea de préstamos personales. En marzo, el 11,7% del financiamiento con tarjetas presentó un retraso de al menos 90 días en su pago y, en función de un adelanto reciente de la consultora 1816, es probable que en abril la cifra haya aumentado nuevamente. La dificultad de los hogares para cumplir en tiempo y forma con estas deudas genera que las tasas se mantengan en altos niveles.

Competencia feroz en autos y propiedades: cuando los precios de lista no significan nada

En el segmento de bienes durables también cuesta conocer con precisión los precios de referencia. En un contexto en el cual las ventas de los vehículos más accesibles muestran retrocesos, muchas terminales están optando por modificar sus precios de lista y así ganar mercado en un sector en el cual la competencia es alta, y cada vez mayor.

"Hay una competencia feroz. Hoy hay tantos precios de un mismo auto como cantidad de concesionarios", advirtió, por ejemplo, Pablo García Leyenda, director comercial de Stellantis, durante el lanzamiento del Citroën C5 Aircross. Referentes del sector cuestionan que la elevada cantidad de oferta y las altas tasas de interés generan que muchas compañías busquen capturar clientes reduciendo precios incluso por debajo de los márgenes razonables de ganancia, en perjuicio del normal funcionamiento de la actividad sectorial.

Para la compraventa de casas en CABA también ocurre un fenómeno parecido. En primer lugar, porque de las aproximadamente 110.000 propiedades publicadas en los portales de clasificados de bienes raíces se terminan efectivamente vendiendo cerca de 6.000 por mes, según un relevamiento del corredor inmobiliario Santiago Magnin. En segundo lugar, porque los precios de cierre de las operaciones terminan siendo un 25% inferiores, en promedio, a los precios de publicación.

Magnin sugiere dividir al mercado inmobiliario de CABA en 14 submercados distintos en función de los precios, que excluyen a barrios como Liniers, Mataderos, Villa Lugano, Villa Soldati, La Boca o Barracas donde, según el especialista, la cantidad de operaciones es tan chica que no hay precio de referencia. Para poner algunos ejemplos en aquellas zonas más "líquidas", el precio mínimo del metro cuadrado de las publicaciones en Balvanera es de u$s625, mientras que la mediana es de u$s1.854. En Palermo los valores son de u$s1.170 y u$s2.800, respectivamente, mientras que Caballito arroja cifras de u$s1.352 y u$s2.325.

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