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"Una economía heterogénea": un especialista definió así el andar económico de Argentina

El economista Fernando Marengo habló de "una etapa de fuertes contrastes" al analizar la actualidad económica argentina: cuál es el desafío principal
13/06/2026 - 18:57hs
"Una economía heterogénea": un especialista definió así el andar económico de Argentina

El rumbo de las variables macroeconómicas en la Argentina y su impacto dispar en el tejido productivo continúan generando profundos análisis entre los principales consultores del país. En las últimas horas, el economista Fernando Marengo realizó un pormenorizado diagnóstico de la coyuntura actual y advirtió que el territorio atraviesa una etapa de marcados contrastes, caracterizada por sectores vinculados al agro y la energía que operan en niveles récord, mientras que la industria manufacturera y la construcción todavía enfrentan las consecuencias de una severa etapa de ajuste.

El especialista sostuvo que la transición hacia una economía globalizada implica costos inmediatos, y remarcó que el verdadero desafío central de la gestión será lograr que dicho crecimiento macroeconómico finalmente genere empleo genuino y una mayor actividad palpable para el conjunto de la población.

Al ser consultado sobre la divergencia entre las actividades que muestran excelentes resultados financieros y aquellas que permanecen fuertemente golpeadas, el analista dejó una definición conceptual contundente: "Yo diría que la respuesta es una economía heterogénea". En ese mismo sentido, el experto destacó que, si se toma el conjunto global de los bienes y servicios producidos, "la actividad económica está en récord histórico", aunque aclaró de forma inmediata que este proceso de expansión actual no se distribuye de manera uniforme ni equitativa a lo largo de la cadena social.

En diálogo con Splendid AM 990, Marengo señaló que el sector agropecuario, el entramado energético y determinados servicios basados en el conocimiento explican buena parte del impulso estadístico actual, pero contrapuso esta realidad con el retroceso de las ramas tradicionales. "Uno dice, ¿cuál es el sector que más cae? Uno de los sectores que más cae es el industrial", sostuvo el economista, precisando que esta comparación debe interpretarse necesariamente dentro de un proceso mucho más amplio y profundo de transformación estructural que vive el modelo productivo del país, el cual está pasando de un esquema histórico de sustitución de importaciones a una inserción directa en los mercados del mundo. De esta forma, aquellas actividades comerciales que durante décadas funcionaron bajo el amparo de la protección estatal, hoy se ven obligadas a reconvertirse frente a una nueva dinámica basada en la competitividad y la libre competencia internacional.

Rentabilidad empresarial, el dilema del empleo y el viento de cola externo

El especialista agregó que el impacto de este cambio de reglas de juego no solo se observa de manera nítida en los niveles de producción física, sino también en las planillas de rentabilidad de las corporaciones. Con la drástica desaceleración de los precios, las firmas debieron readecuar sus estructuras financieras: "Cuando te bajó la inflación el sector privado dejó de recaudar el impuesto inflacionario. Entonces cayó fuerte la rentabilidad", explicó Marengo, señalando que la desaparición de ese mecanismo distorsivo obliga a las empresas a ingresar en una etapa de eficientización operativa.

El experto reconoció que existe un desafío complejo debido a que "el que destruye destruye rápidamente y el que absorbe demora en absorber", haciendo referencia a los tiempos que requieren los sectores dinámicos para incorporar la mano de obra desplazada.

Marengo identificó una particularidad técnica del modelo vigente al explicar que "los sectores que crecen son los que generan divisas y los sectores que caen son los demandantes de divisas", una ecuación que le otorga al Banco Central una mayor fortaleza externa pero que, en el corto plazo, exhibe dificultades manifiestas para trasladar ese bienestar hacia el consumo interno de los hogares.

Al evaluar el contexto internacional, el economista consideró que la región atraviesa un período favorable caracterizado por el incremento en el precio de las materias primas y un renovado interés de los capitales globales por los mercados emergentes, lo que genera que América Latina comprima su riesgo país y registre un mejor desempeño en las bolsas de valores. Sin embargo, insistió en que el verdadero cambio estructural debe ser interno y de largo aliento: "Argentina tiene como desafío reducir la pobreza. Para eso tenemos que crecer 20 años seguidos, algo que Argentina no logró en los últimos 125 años".

La restricción del déficit y el comportamiento con el dólar en año electoral

Para lograr que los beneficios de la macroeconomía se derramen efectivamente en las mesas de los ciudadanos, el especialista planteó que la prioridad absoluta e innegociable debe ser el mantenimiento del equilibrio fiscal y la creación de un marco de confianza que permita expandir el crédito bancario privado. "No podés perder el déficit fiscal, esa es la gran restricción", alertó Marengo, sugiriendo que, para dinamizar la actividad sin desfinanciar las arcas públicas, el Ejecutivo podría propiciar la reactivación de la obra pública mediante el sistema de licitaciones privadas y liberar encajes o recursos financieros para que los bancos comerciales amplíen el financiamiento a las pymes.

Finalmente, de cara al devenir macroeconómico y la tradicional conducta de los ahorristas argentinos de dolarizar sus carteras ante la inminencia de los procesos políticos, el analista anticipó que la demanda de divisas será una de las variables más sensibles del año entrante. "Los argentinos siempre compramos dólares, siempre. Son años electorales, compramos más dólares", graficó con realismo. Para Marengo, el éxito del plan económico dependerá de la destreza oficial para administrar esa presión cambiaria sin sobresaltos: "La variable clave es cómo va a ser la política de intervención del Banco Central", concluyó, advirtiendo que un salto abrupto en la cotización del tipo de cambio oficial pondría en riesgo la desinflación al trasladarse de forma directa a los precios de la canasta básica.

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