Por primera vez en el año, el dólar corre por encima de la inflación: ¿pasajero o cambio de tendencia?
Hay un dato más importante que la reciente suba del dólar: ocurre al mismo tiempo que la inflación baja. De momento, cuando falta poco más de una semana para que finalice junio, la tasa de devaluación ya fue del 2,5%, mientras las consultoras están previendo que el mes termine con un IPC de 1,8%.
En otras palabras, va a haber deflación, medida en dólares. Y es la primera vez que ocurre en lo que va del año, lo cual deja planteado el interrogante sobre si se trata de una situación transitoria o de un cambio de tendencia.
Para los economistas, no es sorpresivo que en este momento haya una reducción de la inflación. Hay cierto consenso respecto de que la escapada de los meses veraniegos obedeció al impacto de la actualización de tarifas de servicios públicos, junto con un inesperado encarecimiento de la carne vacuna, que tiene una alta ponderación en la canasta del Indec.
Pero, pese a las dificultades iniciales, estaba dentro de las previsiones que, a partir de mayo, se volviera al sendero de la desinflación. La encuesta REM en la que participan bancos y analistas independientes prevé que todo el segundo semestre tendrá registros mensuales inferiores al 2%, y que dentro de un año la inflación anual será de 23%.
En cambio, lo que resulta sorpresivo es que el dólar haya abandonado su letargo para recuperar posiciones. Lo que se preveía era que en esta época del año, que es cuando típicamente abundan las divisas de la exportación por la liquidación de la cosecha gruesa del agro, el dólar mantendría la calma.
Sin embargo, desde mediados de mayo -cuando el tipo de cambio había caído al entorno de $1.380- se inició un proceso de suba que lo llevó por encima de $1.460, un valor que no se veía desde fin del año pasado.
Los economistas, ya convencidos de que el gobierno no abandonaría la política de "ancla cambiaria" y de que nada haría salir al dólar de su quietud, habían hecho proyecciones muy por debajo de lo que está mostrando el mercado en estos días. En la encuesta REM, se preveía que recién en agosto se alcanzaría la cotización que se está viendo ahora.
Precio del dólar: un cambio de contexto
Como siempre, hay múltiples explicaciones que aparecen "con el diario del lunes" para explicar esta situación. La principal es el impacto del escenario internacional: el dólar está reaccionando en sentido inverso a las materias primas, en especial el petróleo, que se había disparado tras el inicio del conflicto en Medio Oriente.
Esa situación -unida al boom productivo de Vaca Muerta- posibilitó que se haya producido un ingreso de divisas récord. La balanza comercial de mayo registró exportaciones totales por u$s9.537 millones, de los cuales un 18,3% corresponden al aporte del petróleo.
Pero tras conocerse la noticia de las negociaciones de paz y la reapertura del estrecho de Ormuz, el precio del barril bajó desde los niveles superiores a los u$s100 y ya se ubica en la cotización pre-conflicto, en torno de u$s77 para el crudo Brent.
Esto llevó a la mayoría de los países productores a responder con una depreciación de sus monedas, en una búsqueda de compensar la caída del precio con un tipo de cambio más alto.
No es el único factor que interviene, claro. También hay una recomposición en la demanda minorista, que ya se ubica por encima de los u$s2.000 millones mensuales. Y, además, el propio sector público está sosteniendo el precio, tanto por las compras del Banco Central para acumular reservas, como por la emisión de bonos del Tesoro, para cancelar vencimientos de deuda.
Esa tendencia se aceleró en las últimas semanas, por la inminencia de uno de los pagos abultados que enfrente Toto Caputo, que deberá saldar más de u$s4.000 millones durante el mes de julio, y salió a captar liquidez del mercado local.
Un punto de quiebre
Sea cual sea la causa, lo cierto es que los productores argentinos que estaban sufriendo en carne propia el efecto del atraso cambiario están sintiendo un pequeño alivio. Durante el primer cuatrimestre del año, frente a una inflación acumulada de 12,3%, el dólar no sólo no subió, sino que tuvo una caída de 4,4%.
Eso implica que, para las empresas argentinas, los precios, medidos en dólares, subieron un 17,4%. Si esa cifra se corrige por la depreciación del dólar en el mundo -es decir, la inflación de Estados Unidos-, entonces el resultado es que Argentina tuvo en cuatro meses una "inflación en dólares" del 14%.
Por más que el ministro Caputo les discuta a sus críticos con el argumento de que hay un récord exportador, lo cierto es que sí hay una pérdida de competitividad en la economía argentina, en especial si se considera que la mayoría de los países de la región han devaluado sus monedas durante los últimos meses.
De hecho, hasta el propio Fondo Monetario Internacional -un defensor a ultranza de la libre flotación-, destacó ese tema en su último informe dedicado a analizar la coyuntura argentina.
Considera que, pese a los logros en materia fiscal, sigue habiendo problemas de competitividad, y que podrían agravarse si el panorama internacional -que ahora juega a favor de Argentina por los precios de las materias primas-, se tornara menos amigable.
"Dejen que el tipo de cambio actúe como un colchón para absorber un shock externo. Aprovechen el buen momento de la exportación petrolera para acelerar la acumulación de reservas, lo cual podría reducir el riesgo país argentino y facilitar el acceso a mercado y la inversión externa directa", sugiere el staff del FMI.
¿Se puede sostener?
Pero esta situación ya empezó a revertirse. En mayo, frente a un IPC de 2,1%, el dólar se movió un 1,7%. Y en junio, con una inflación que se proyecta en torno de 1,8%, el dólar ya se movió al alza un 2,5%.
Si la tendencia continuara así, entonces la economía argentina entraría en un proceso de gradual recuperación de la competitividad.
Todavía no hay consenso al respecto. Hay analistas que creen que habrá una corrección cambiaria de corto plazo, pero que en el segundo semestre la tasa devaluatoria irá a una velocidad pareja con la inflación.
Otros, en cambio, creen que la aceleración del dólar será un poco más alta, siguiendo la típica estacionalidad que genera un empuje sobre la divisa una vez que ya haya pasado el momento fuerte de la exportación agrícola.
De hecho, entre las proyecciones que hacen los departamentos de research de los principales bancos, hay pronósticos de un tipo de cambio en torno de $1.700 para fin de año. Ello implicaría que, en lo que resta del año, el dólar saltaría por encima del 16%, mientras que la inflación esperada para el segundo semestre se ubica en torno del 11%.
Traducido a términos de inflación en dólares, esa proyección daría una cifra negativa. Es decir, una deflación de más de 4% para el segundo semestre. Aun así, no alcanzaría para revertir por completo la pérdida de competitividad sufrida durante el primer cuatrimestre, pero atenuaría la situación que llevó a varios sectores industriales a reclamar una política de protección contra el ingreso de productos importados.