DATOS OFICIALES

El Gobierno tuvo déficit fiscal en junio por el aguinaldo, pero cerró el semestre con superávit

Luis Caputo difundió los datos del sexto mes del año, que estuvo influido por factores estacionales como el pago del SAC a empleados públicos
Por iProfesional
ECONOMÍA - 16 de Julio, 2026

El Sector Público Nacional (SPN) registró en junio un déficit primario de $696.843 millones y un déficit financiero de $1.024.891 millones, en un resultado que el equipo económico ya tenía previsto debido al impacto estacional del pago del medio aguinaldo a los empleados públicos. A pesar del rojo mensual, el primer semestre de 2026 concluyó con saldo positivo en las cuentas fiscales.

El dato fue informado por el ministro de Economía, Luis Caputo, a través de su cuenta en la red social X. Según explicó, el déficit financiero se produjo luego de afrontar pagos de intereses netos por $328.049 millones y estuvo además condicionado por una menor recaudación derivada de la postergación del vencimiento del Impuesto a las Ganancias para personas humanas.

El primer semestre terminó con superávit fiscal

Más allá del resultado de junio, el Gobierno destacó que el balance acumulado del año continúa siendo superavitario.

Entre enero y junio, el SPN alcanzó un superávit primario equivalente al 0,6% del PBI, mientras que el superávit financiero se ubicó en 0,1% del PBI, manteniendo el objetivo de equilibrio de las cuentas públicas.

El Gobierno considera al superávit fiscal uno de los ejes centrales de su programa económico y busca sostenerlo durante la segunda mitad del año y de cara al escenario electoral de 2027. En ese marco, semanas atrás el Ministerio de Economía presentó su programa financiero para 2026 y 2027, en el que volvió a ratificar el compromiso de preservar el equilibrio de las cuentas públicas como principal ancla de la política económica.

Luis Caputo defendió el ajuste del gasto público

Al difundir los datos fiscales, Caputo remarcó que "el orden en las cuentas públicas es un pilar fundamental del programa económico" y sostuvo que ese objetivo se alcanzó "a través de una fuerte reducción en el gasto público".

El ministro también afirmó que esa estrategia hizo posible avanzar con una reducción de impuestos nacionales acumulada desde 2024 equivalente a casi tres puntos del PBI.

El resultado de junio representó el primer déficit financiero mensual registrado en lo que va de 2026. Sin embargo, desde el Palacio de Hacienda atribuyeron el rojo principalmente a cuestiones estacionales, especialmente al pago del medio aguinaldo, además del efecto transitorio generado por la postergación del vencimiento del Impuesto a las Ganancias para personas humanas.

El peso de los impuestos todavía presiona en los bolsillos

Lo cierto es que, más allá del dato, la presión impositiva continúa presionando los bolsillos, pese a que el Gobierno de Javier Milei convirtió la reducción de impuestos en una de las principales banderas de su gestión.

La eliminación del Impuesto PAIS, la rebaja de retenciones para distintos sectores y otros cambios tributarios alimentaron la idea de que la presión fiscal comenzó a ceder. Sin embargo, buena parte de las cámaras empresariales, profesionales y trabajadores formales todavía no perciben un verdadero alivio en sus bolsillos.

Un trabajo del IARAF (Instituto Argentino de Análisis Fiscal) va al punto: concluye que la carga tributaria formal que soporta una familia asalariada sigue ubicándose en torno al 50% del ingreso laboral total.

Dicho de otro modo: de cada $100 que representa el costo laboral de un trabajador registrado, alrededor de $50 terminan absorbidos por impuestos nacionales, provinciales y municipales.

La diferencia entre la percepción oficial y la realidad que viven quienes pagan impuestos tiene una explicación técnica, pero de enorme impacto práctico: mientras el Gobierno suele destacar la baja de la presión tributaria medida como porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI), el IARAF analiza otra variable: cuánto termina pagando efectivamente un contribuyente formal que cumple con todas sus obligaciones impositivas.

La clave de la simulación

No es una diferencia menor. La presión tributaria refleja lo que el Estado consigue recaudar. La carga tributaria formal, en cambio, estima cuánto debería pagar un contribuyente que no evade y cumple íntegramente con el sistema vigente.

Y allí aparece la sorpresa.

Según el estudio, la reducción respecto del año pasado resulta prácticamente imperceptible. Para tres de los cuatro perfiles familiares analizados, la carga tributaria baja apenas una décima porcentual, mientras que para el segmento de mayores ingresos directamente permanece sin cambios.

En otras palabras, hubo rebajas impositivas, pero todavía no alcanzan para modificar de manera significativa el peso que soporta el contribuyente formal.

La cuenta que explica la sensación de ahogo

El informe incorpora un indicador muy gráfico: el denominado "Día de la Independencia Tributaria".

La idea consiste en calcular cuántos días debería trabajar una persona únicamente para cumplir con todas sus obligaciones fiscales. El resultado vuelve a mostrar la magnitud del fenómeno.

Dependiendo del nivel de ingresos, un asalariado formal necesita trabajar entre 172 y 182 días del año para cancelar todos los tributos que recaen sobre su actividad económica.

Recién entre el 21 de junio y el 1 de julio comienza, en términos simbólicos, a generar ingresos para sí mismo.

Es un cálculo teórico, pero ayuda a comprender por qué la percepción de la carga impositiva continúa siendo tan elevada aun cuando algunos impuestos hayan sido reducidos.

El empleo sigue siendo uno de los más castigados

Otro dato que sobresale es la fuerte incidencia de los impuestos vinculados al trabajo.

Los aportes personales, las contribuciones patronales y, para determinados ingresos, el Impuesto a las Ganancias, siguen representando el componente más importante de la carga tributaria.

A eso se suman los tributos que aparecen ocultos en prácticamente todos los bienes y servicios consumidos: IVA, Ingresos Brutos, tasas municipales, impuesto al cheque, combustibles e impuestos internos, entre otros.

Es decir, la presión no termina cuando el trabajador cobra su sueldo. Continúa cada vez que consume.

Precisamente por esa superposición de gravámenes, el estudio contabiliza impuestos nacionales, provinciales y municipales que muchas veces pasan inadvertidos para el contribuyente, aunque igualmente terminan reduciendo su poder de compra.

El desafío pendiente de Milei

El informe del IARAF no contradice que el Gobierno haya iniciado un proceso de reducción de impuestos. De hecho, proyecta una nueva caída de la presión tributaria consolidada durante 2026.

Lo que sí muestra es que ese proceso todavía no logró modificar la estructura de fondo del sistema tributario argentino.

Para empresarios y profesionales, la conclusión resulta evidente. Más allá de las rebajas puntuales implementadas durante los últimos meses, la carga impositiva que enfrenta quien trabaja y cumple con todas las normas continúa cerca de uno de cada dos pesos que genera.

Esa, probablemente, sea la principal paradoja tributaria que enfrenta hoy la administración de Milei: los impuestos comenzaron a bajar, pero el alivio todavía no logra sentirse con la intensidad que esperaba el sector privado.

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