Titular del FMI pidió acelerar reformas y dejó en claro que no hay margen para bajar retenciones
Entrenados en el lenguaje diplomático, los directivos del Fondo Monetario Internacional son expertos en hacer que los reclamos y las advertencias aparezcan disimuladas bajo la forma de elogios. Y la visita de Kristalina Georgieva no fue la excepción: por detrás de sus halagos por las fortalezas del plan económico se esconde la advertencia de que no hay margen para descuidar las cuentas fiscales.
La directora ejecutiva del FMI ya avisó que no habrá más "dólares frescos" para Argentina, porque la buena marcha del plan económico disipó cualquier riesgo de default y porque el Banco Central pudo comprar reservas. El "lado oculto" de esa afirmación es que los dólares para hacer frente al exigente calendario de vencimientos del año próximo -más de u$s23.000 millones, de los cuales la tercera parte corresponde a intereses- deberán ser comprados por el Tesoro al BCRA.
Y, para ello, es imprescindible que se mantenga un superávit fiscal, un tema que viene generando inquietud, luego de que en junio se rompiera la racha de resultados positivos y se volviera al déficit. El ministro de economía, Toto Caputo, relativizó la gravedad del problema con el argumento de que se postergó el vencimiento del Impuesto a las Ganancias, y que hubo gastos extra por el pago del medio aguinaldo.
Sin embargo, hay una tendencia que los analistas vienen observando desde hace varios meses: la recaudación impositiva cae en términos reales en la comparación interanual, lo cual obliga a extremar el recorte del gasto público, algo que cada vez ofrece mayor dificultad.
Esto implica que, a diferencia de otros momentos, el gobierno ya no tiene margen como para aliviar la carga impositiva de los grandes contribuyentes. En particular, del campo, como dejó en claro el propio Javier Milei durante su visita a la Exposición Rural de Palermo.
Para el FMI, las retenciones representan demasiado dinero como para resignarlo
Hablando en números, el aporte del campo por concepto de retenciones a la exportación puede llegar a medio punto del PBI en lo que resta del año. Demasiado dinero en la caja de ARCA como para resignar ingresos.
De acuerdo con estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, las exportaciones agrícolas podrían rondar los u$s34.000 millones, de los cuales ya se liquidaron unos u$s18.000 millones.
Con el actual nivel de retenciones -24% para la soja, 22,5% para derivados industriales de la soja, 8,5% para el maíz y 5,5% para el trigo-, el fisco lleva recaudados $3,3 billones en el primer semestre. La cifra implica una caída real de 23% en comparación con el año pasado, pero eso no es el reflejo de una mala cosecha, sino que en 2025 se acumularon exportaciones en la primera mitad del año, por causa de un esquema de incentivo exportador, que este año no está presente.
Eso implica que Caputo espera la revancha fiscal para el segundo semestre. De cumplirse la proyección de los expertos, en ese período habrá una exportación equivalente a $28,5 billones, de los cuales unos $5,7 billones ingresarán a ARCA en forma de retenciones.
Expresado en términos de dólares, más de u$s3.500 millones, lo que equivale a casi un 5% de la recaudación impositiva total y a un 0,5% del PBI.
Para un gobierno que proyecta un superávit primario de 1,4% del PBI para este año y que, además, tiene dificultades en obtener recursos fiscales de los impuestos más ligados a la actividad comercial e industrial -como el IVA, por ejemplo-, la conclusión es clara: las retenciones, por ahora, son intocables.
Cena de la directora del FMI con los "perdedores" del modelo
Luego de entrevistarse con funcionarios, Georgieva compartió una cena con empresarios de primera línea, incluyendo algunos de los sectores "perdedores del modelo", como la industria manufacturera. Allí se conversó sobre la reforma tributaria pendiente, y la directora del Fondo escuchó las previsibles quejas sobre la carga tributaria que castiga a los industriales argentinos más que a sus competidores del exterior.
Coincidiendo con la visita de Georgieva, la Unión Industrial Argentina había publicado un nuevo informe en el que presentaba un panorama que, aunque había registrado una leve reactivación, seguía mostrando dificultades y pérdida de empleo en muchas ramas de actividad.
El FMI viene recomendando una reforma tributaria, que va en el sentido de ampliar la base de contribuyentes y disminuir las alícuotas. Pero históricamente el organismo ha estado lejos de la posición liberal de quienes defienden la "curva de Laffer" -es decir, de quienes postulan que un recorte impositivo puede aumentar la recaudación-.
Por el contrario, el foco sigue siendo el del esfuerzo fiscal como condición previa para la inversión y el crecimiento.
Esto es algo que, en la práctica, deja sin chance de alivio tributario para el campo, en particular por las controvertidas retenciones a la exportación. Caputo fue claro en el sentido de que el esquema de reducción de ese impuesto depende de cuánto oxígeno haya en el frente fiscal.
Y Milei dijo que algún día no habrá más retenciones, y que eso será gracias a los nuevos recursos que aportarán el sector petrolero y la minería. El auditorio aplaudió, pero la promesa tuvo su costado inquietante: eso implica que, imprevistamente, el aporte de la energía no fuera el esperado, entonces la factura le seguiría llegando al campo.
Dólar en segundo plano
En cuanto al tipo de cambio, otra preocupación clásica del FMI, Georgieva se guardó de realizar las críticas al cepo remanente para el sector empresarial. Al menos, no mencionó el tema en público, aunque se puede interpretar que lo hizo tangencialmente cuando se refirió a la necesidad de seguir eliminando los obstáculos para la inversión externa.
Pero, a diferencia de lo ocurrido en otras visitas del staff técnico del Fondo, esta vez hay una situación inédita: la cuenta corriente no muestra su crónico déficit, sino que marca un saldo positivo.
Esa situación -mayor entrada que salida de dólares a la economía-, hace que las objeciones sobre un eventual retraso cambiario pierdan fuerza, y por lo tanto ya no estuvieron en primer plano los reclamos por un esquema cambiario de mayor flotación.
De hecho, el sentido de llevar a la directora del FMI hasta Vaca Muerta fue que la funcionaria pudiera comprar in situ la potencia de la nueva estrella de la economía argentina. El mensaje del gobierno fue claro: en esa cuenca de petróleo y gas "shale" está la fábrica de dólares que permitirán repagar las deudas.