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ALERTA

El giro de Caputo y las 5 medidas para levantar la economía que queman el libreto libertario

Hay preocupación en el Gobierno por la demora en la recuperación de sectores claves para el empleo y los ingresos. Cuáles son los cambios desstacados
31/08/2026 - 07:00hs
Imagen del ministro Caputo y de fondo billetes de 20.000 pesos argentinos

Puntos importantes

Checkbox Checked El Gobierno de Milei adopta un giro económico hacia el pragmatismo, con medidas para reactivar la economía real y el consumo.
Checkbox Checked Luis Caputo impulsa 5 decisiones: flexibilización salarial, créditos hipotecarios con ANSES y baja de tasas para empresas.
Checkbox Checked Esta estrategia prioriza poner en marcha la economía real y el consumo, buscando una recuperación ante el desgaste político.

"¿Quién lo hubiera dicho?", suelta el director de un banco de capitales extranjeros en su diálogo con iProfesional. "Ojo, no es que nos parezca mal; al contrario. Habla de un Gobierno pragmático y receptivo", agrega.

El financista se refiere a las últimas medidas anunciadas por Luis Caputo y también a las que se aplican sin ningún anuncio previo, y que forman parte del set con las que el Gobierno intenta desbloquear a la actividad de aquellos sectores que vienen rezagados en el crecimiento.

La sorpresa en la City tiene que ver con la plasticidad oficial de algunas de esas iniciativas, sobre todo con la que permite el fondeo de capitales de los bancos a través de la ANSES para motorizar los créditos hipotecarios. Una especie de hermano menor del "Plan Procrear" que en su momento lanzó el kirchnerismo.

La presencia del Estado también se verificó en el mercado financiero y también en las negociaciones paritarias entre privados. "Quién lo hubiera dicho", insiste el financista.

Las razones detrás de una decisión

La percepción en la City es que Caputo empezó a mover algunas de las piezas más sensibles del programa económico.

Lo que parece evidente es que el diagnóstico dentro del Gobierno cambió. Mientras el frente financiero muestra estabilidad —con un tipo de cambio que oscila en torno de los $1.500 y una inflación en descenso— la economía real continúa ofreciendo señales preocupantes.

La industria, el comercio y la construcción siguen lejos de recuperar dinamismo, el empleo privado todavía pierde puestos de trabajo y las encuestas comenzaron a reflejar un desgaste político que preocupa de cara a la elección presidencial de 2027.

En este contexto, en las últimas jornadas hubo al menos cinco decisiones que marcaron ese cambio de rumbo.

1. Flexibilización del "cepo salarial"

Quizás sea la medida más simbólica. El Gobierno dejó atrás la estrategia de poner un techo rígido a las paritarias y comenzó a convalidar que ningún salario de convenio del sector privado quede por debajo de un millón de pesos brutos, equivalentes a unos $860.000 de bolsillo.

El dato adquiere dimensión cuando se lo compara con el salario mínimo, que hoy se ubica en apenas $346.000. La diferencia es enorme y refleja un cambio de prioridades: ahora el Ejecutivo necesita que los trabajadores registrados recuperen poder de compra para empujar el consumo.

La decisión impacta sobre un universo cercano a seis millones de empleados privados en relación de dependencia y supone admitir que la recuperación ya no puede descansar exclusivamente sobre la estabilidad financiera.

2. Créditos hipotecarios con "justicia social"

La segunda novedad rompió incluso con la retórica libertaria. Durante su última conferencia de prensa, Caputo habló de "justicia social" para defender un esquema mediante el cual el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la ANSES aportará recursos para fondear a los bancos y permitir el otorgamiento de hipotecas de largo plazo.

El objetivo es reactivar uno de los sectores más golpeados: la construcción.

Hasta ahora, la idea de utilizar recursos públicos para abaratar el crédito era asociada a políticas que Milei cuestionaba abiertamente. Sin embargo, el Gobierno decidió priorizar el efecto multiplicador que tiene la obra privada sobre el empleo, la producción de materiales y el comercio vinculado al sector inmobiliario.

En otras palabras, el Estado no presta directamente, pero sí interviene para que el crédito exista.

3. Tasas más bajas para las empresas

El tercer giro apareció en el mercado financiero. La tasa de adelantos para empresas a siete días cayó del 33% al 27,8% en apenas una semana, luego de que el Banco Central inyectara liquidez y relajara parcialmente la escasez de pesos.

Hasta hace pocos días, el corazón del programa monetario consistía precisamente en retirar pesos del sistema para mantener extremadamente restringida la cantidad de dinero. Ahora ocurrió lo contrario: el Gobierno permitió que hubiera más liquidez para abaratar el financiamiento de las compañías.

4. Un dólar un poco más alto, pero bajo control

La baja de tasas tuvo una contrapartida inevitable: un tipo de cambio algo más elevado. Este viernes el dólar cerró en la zona de $1.512/$1.515, perforando el techo informal de los $1.500 que el mercado había tomado como referencia durante varias semanas.

Lejos de verlo como un problema, en la City interpretan que el Gobierno está tolerando un dólar ligeramente más competitivo para mejorar la rentabilidad de la producción y darle oxígeno a la actividad.

Eso sí: la flexibilidad tiene límites. Mientras permite que el tipo de cambio encuentre un nuevo equilibrio algunos pesos por encima del nivel anterior, Caputo reforzó simultáneamente las intervenciones mediante contratos de futuros y emisiones de bonos dólar linked para ofrecer cobertura cambiaria en grandes volúmenes.

La lógica es clara: aceptar una suba moderada, pero impedir cualquier salto brusco que vuelva a alimentar expectativas inflacionarias.

5. La remonetización gradual de la economía

En la última licitación de deuda en pesos, el Tesoro decidió no absorber toda la liquidez disponible y dejó circulando alrededor de $466.000 millones.

Es exactamente lo contrario de lo que venía haciendo durante meses, cuando incluso retiraba más pesos de los que vencían para secar completamente la plaza monetaria.

Ese movimiento constituye el inicio de una remonetización gradual. Más pesos en circulación implican mayor liquidez, menores tasas de interés y mejores condiciones para que el crédito vuelva lentamente al sector privado.

Del dogma al pragmatismo

El cambio no significa que Milei haya abandonado sus principios centrales. El superávit fiscal continúa siendo el pilar del programa y el Gobierno sigue defendiendo un esquema monetario mucho más austero que el de cualquier administración anterior.

La diferencia es que ahora Caputo parece dispuesto a sacrificar parte de la rigidez táctica para preservar el objetivo político más importante: que la economía llegue en recuperación al año electoral.

En la City lo resumen con una frase sencilla: el Gobierno dejó de preguntarse únicamente cómo bajar la inflación y empezó a preguntarse cómo hacer crecer la economía sin perder el control del dólar.

Ese delicado equilibrio explica por qué, por primera vez desde el inicio de la gestión, varias de las decisiones oficiales empiezan a quemar el libreto libertario en nombre de una prioridad mucho más urgente: volver a poner en marcha la economía real.

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