La elección de Brasil impactará en el precio del real y en la competitividad argentina
Puntos importantes
Más de 150 millones de brasileños votan este domingo para elegir presidente y, como siempre, 47 millones de argentinos seguirán la elección casi como si se tratara de un tema local. El país vecino está sumido en una profunda "grieta" política, y en Argentina se produce una identificación casi instantánea del kirchnerismo y la izquierda con el presidente Lula Da Silva, mientras los libertarios y el PRO apoyan al retador Flavio Bolsonaro.
Previsiblemente, si Lula es reelecto, la oposición argentina tomará el hecho como una señal del "freno a la ola de derecha" en la región, y casi como un anticipo de una victoria del peronismo en 2027. Por el contrario, si avanza Bolsonaro, el que festejará será Javier Milei, que sentirá fortalecida su postura internacional y tendrá un firme aliado dentro del propio Mercosur.
Este fenómeno de identificación está exacerbado por el hecho de que la campaña electoral brasileña ha mostrado múltiples puntos en común con el debate político argentino: acusaciones cruzadas de corrupción, disputa de modelos económicos, divergencia radical respecto de la relación con Estados Unidos y un trasfondo de "batalla cultural" entre el progresismo y el libertarianismo.
La campaña ha tenido situaciones que cualquier argentino podría reconocer como propias: el gobierno dio un fuerte incremento en el principal programa de asistencia estatal, el "Bolsa Familia", con impacto directo sobre 20 millones de personas. Esto fue criticado por la oposición, que habló de oportunismo y demagogia fiscal. Es decir, algo que a un argentino podría traerle reminiscencias de los "planes platita".
Otra medida para la polémica fue la prohibición de las apuestas online en el deporte, algo que celebró la izquierda y que condenó la derecha. De todas formas, no está tan claro cuál puede ser el efecto para la candidatura de Lula, dado que hubo duras críticas de clubes muy populares, como el Flamengo, de Río de Janeiro.
También, como en Argentina, ambos sectores se acusan mutuamente de pretender manipular al poder judicial, algo que excede la mera discusión retórica, dado que el ex presidente Jair Bolsonaro está preso por intento de golpe de Estado, un cargo que la oposición considera nunca probado.
Pero, más allá de las simpatías o antipatías que genere por estas latitudes la elección brasileña, habrá consecuencias concretas para la economía argentina, según cuál sea el resultado. Y es por eso que, tanto en el mercado financiero como en el propio equipo económico del ministro Toto Caputo están atentos a los acontecimientos.
Claro que esta es apenas la primera vuelta, y todos los sondeos indican que nadie llegará el 50% necesario como para consagrarse sin necesidad de balotaje. De todas maneras, la diferencia de votos -se estima que Lula estará levemente por encima del candidato opositor- dará la pauta de quién queda mejor posicionado para la segunda vuelta.
En las últimas semanas, se le empezó a dar importancia a una "encuesta" particular: la del sitio de apuestas PolyMarket, que para algunos analistas resulta más confiable que los sondeos de opinión pública como predictor del resultado. En ese sitio, Bolsonaro pasó al frente y las probabilidades son de 60% de que el candidato opositor se imponga a Lula en una segunda vuelta.
Argentina, atenta al movimiento del real brasileño
Para Argentina, la elección brasileña puede tener consecuencias concretas y palpables ya con el resultado de la primera vuelta, porque se espera una repercusión en los mercados financieros de toda la región.
Durante la campaña, el mercado argentino tuvo un breve contagio de la subida que experimentó el índice bursátil paulista Bovespa, cuando Bolsonaro pasó a Lula en las apuestas. Luego hubo un desacople entre ambos mercados, por el peso de los factores domésticos en Argentina, pero los analistas tomaron nota de la influencia regional.
Sobre todo, el tema que aparece bajo la lupa es el tipo de cambio. Hoy el dólar cotiza a 5,17 reales, y se espera que si gana Lula pueda haber una devaluación, mientras que si triunfa Bolsonaro, la moneda se fortalecerá.
Algunos bancos de inversión lo han puesto en números, como el Goldman Sachs, que pronostica que, en caso de reelección del líder del PT, el tipo de cambio pasaría a 5,8 reales por dólar, mientras que si se impusiera la oposición, la paridad pasaría a 4,5 reales por dólar.
Para Toto Caputo, esto supone un motivo extra para hacer fuerza por Bolsonaro: una apreciación del real brasileño tiene un efecto de oxigenación sobre la economía argentina, porque mejoraría su competitividad. Es, de manera indirecta, como si el peso se devaluara, pero sin los efectos negativos sobre la inflación.
Brasil sigue siendo el primer destino de las exportaciones argentinas, como preponderancia de productos industrializados, como los automóviles. En los primeros ocho meses del año, había comprado por u$s8.578 millones. El saldo es favorable para el país vecino, dado que las importaciones sumaron u$s10.630 millones, lo que hace que Brasil sea, después de China, el segundo origen de las compras.
El mercado ya votó por Bolsonaro
En el mercado de capitales no hay dudas respecto de cuál es la candidatura preferida: las fichas están puestas en Bolsonaro, de quien se espera una mayor disciplina fiscal, a tono con la línea de Javier Milei.
La pata fiscal ha sido la más floja de la gestión Lula, que tuvo resultados primarios deficitarios todos los años, con un pico de 2,3% del PBI en 2023. Si se considera el resultado financiero, tras el pago de intereses de deuda, la tónica ha sido de números en rojo por más de 8%. Al mismo tiempo, la tasa de crecimiento de la economía ha mostrado resultados modestos.
Y, aunque el presupuesto oficial prevé un 0,5% positivo para el año próximo, fue el propio Lula quien sembró dudas sobre su voluntad de ser más austero con el gasto público. De hecho, una de las frases más comentadas de la campaña fue: "hay que terminar con esa bobada de querer tener siempre superávit". Es una postura que coincide con la que vienen mencionando referentes del kirchnerismo en el debate económico argentino.
Por otra parte, una de las constantes del gobierno de Lula ha sido la disputa con el Banco Central, dado que el presidente pugna por tasas de interés más bajas, y la oposición lo ha acusado de pretender avasallar la autonomía de la institución monetaria, que aplica una estricta política de metas de inflación. También ahí se pueden ver coincidencias con la discusión argentina, justo cuando está en debate el proyecto para reformar la carta orgánica del BCRA de forma que se limite la injerencia política sobre la emisión de pesos.
Entre la prisión de CFK y la de Jair Bolsonaro
Pero no es sólo en la economía que la elección brasileña puede influir a la situación argentina. Los paralelismos también se plantean en el plano de los cruces entre la política y la justicia.
Antes de su condena por la causa Vialidad, Cristina Kirchner tomaba a Brasil como un espejo anticipatorio de la evolución que podría tener su propia situación judicial. Lula también había sido acusado de manejo ilegal de fondos públicos, fue condenado y preso, y luego el juicio fue declarado nulo por vicios procesales.
Por eso, la ex presidente intentó copiar la estrategia del PT, que incluyó una intensa campaña política a nivel internacional, basada en el argumento del "lawfare". Y no es casualidad que, entre los nuevos asesores de CFK que impulsan su alegato ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, figure el brasileño Rafael Valim, uno de los principales abogados de Lula durante los procesos por corrupción.
Pero también Milei está atento a la justicia brasileña, como quedó en claro cuando calificó de "basura calva" al juez Alexandre de Moraes, uno de los miembros del Supremo Tribunal Federal. Milei lo acusa de haber llevado a prisión a Jair Bolsonaro con cargos falsos.
Esa situación había sido incluso uno de los principales motivos de discusión interna del gobierno argentino cuando se planteó el proyecto de ley "Ficha Limpia", por el cual quedaría inhabilitado para postularse a cargos electivos cualquier político que estuviera encausado en la justicia. La iniciativa de esa ley era del PRO liderado por Mauricio Macri. El gobierno dejó caer el tratamiento del proyecto y sus estrategas plantearon que, tal como estaba redactada, la ley podría hacer que se replicara la situación de Bolsonaro con el propio Milei si el peronismo lograba influir sobre los jueces federales.