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iProfesional | Economía

La inflación no cede, le pega a la recuperación y le quita margen de maniobra a Milei

Con la suba persistente del costo de vida, la demanda interna muestra signos de fatiga y crecen las previsiones de menor actividad

14/10/2026
Actualizado 11:30hs

La inflación, en Argentina, es muy difícil de voltear. Septiembre volvió a demostrarlo. Los precios minoristas aumentaron 1,9%, dos décimas por encima del 1,7% registrado en agosto. En nueve meses ya acumuló 23,6%. Contra un año atrás, el IPC se elevó 33,4%.

El registro confirma las dificultades que enfrenta el Gobierno para mostrar una tendencia bajista en el costo de vida. También deja lejos las previsiones del presidente Milei, quien había anticipado que para esta altura del año, la inflación ya se situaría por debajo del 1% mensual.

La suba persistente de los precios se produce en un contexto de total estabilidad cambiaria. Al punto tal que uno de los debates preferidos entre economistas profesionales refiere a si hay o no atraso cambiario.

Con el dólar más o menos quieto en torno de los $1.500, el tipo de cambio continúa funcionando como un importante ancla antiinflacionaria. Sin embargo, ese factor no alcanza para quebrar la inercia de los aumentos.

El problema es que la inflación resistente coincide con una economía que no consigue consolidar su recuperación.

El consumo sigue debilitado, tanto en los productos de primera necesidad como en los bienes durables, mientras las consultoras privadas advierten que el leve rebote de la actividad del mes de agosto no alcanzó para compensar el fuerte retroceso de julio.

Por qué la inflación no logra bajar del 2%

La estabilidad cambiaria contribuye a contener los precios de los productos vinculados con el dólar, pero otros componentes de la inflación siguen mostrando aumentos importantes.

Los servicios muestran una implacable seguidilla de incrementos, por lo general superando a la evolución de los precios de los bienes.

El mes pasado, la suba de los servicios fue de 2,4% versus 1,7% de los bienes.

Según los datos del INDEC, durante los primeros nueve meses de 2026 los precios de los servicios aumentaron 30,2%, frente al 20,4% de los bienes. La diferencia de casi diez puntos porcentuales ayuda a explicar por qué la estabilidad cambiaria no alcanza para frenar la inflación y por qué las familias siguen sintiendo una fuerte presión sobre sus ingresos.

Esta dinámica ayuda a explicar por qué la desaceleración inflacionaria encuentra dificultades incluso con un dólar relativamente estable. Los ajustes de las tarifas de luz y gas, también del transporte público, y de otros servicios que no están regulados por el Estado, presionan sobre el índice general.

La decisión oficial de la quita de subsidios -y en casos como en el transporte de habilitar subas por encima del IPC- y una constante recuperación de los márgenes en el caso de los servicios desregulados le dan vida a la dinámica inflacionaria. Las expectativas tampoco anticipan una reducción abrupta.

En el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, los analistas habían pronosticado una inflación del 1,9% para septiembre, exactamente el resultado informado por el INDEC.

Para los próximos meses esperan una desaceleración gradual, aunque los precios continuarían aumentando a un ritmo significativo. Siempre cerca del 2% mensual.

Ingresos en la mira, clave para la reactivación

Los ingresos de los trabajadores vienen peleando palmo a palmo con la evolución de los precios.

La persistencia inflacionaria tiene consecuencias sobre el poder adquisitivo. Aunque el índice general se mantiene por debajo del 2%, los aumentos de gastos esenciales absorben una proporción importante de los ingresos familiares y reducen los recursos disponibles para otros consumos.

Según el Monitor de Opinión Pública de septiembre de la consultora Zentrix, el 81,8% de los encuestados considera que su salario no le gana a la inflación.

Entre los sectores de menores ingresos, el 59,6% aseguró que el dinero no le alcanza más allá del día 15 de cada mes.

Este escenario contribuye a explicar las dificultades del consumo masivo y también de los bienes durables, cuya demanda depende en mayor medida de la disponibilidad de financiamiento.

En ese sentido, la consultora Econviews advirtió en su último reporte a clientes que el crédito a las familias permanece condicionado por la morosidad y las elevadas tasas de interés.

Hoy en día, los préstamos personales presentan tasas cercanas al 62% anual, lo que limita las posibilidades de financiar nuevas compras.

Un rebote insuficiente

Los últimos indicadores de actividad refuerzan las señales de preocupación. Según un informe de la consultora LCG, la economía habría registrado una mejora de apenas 0,6% mensual desestacionalizado en agosto, después de sufrir un desplome del 2,9% en julio, la mayor contracción desde la pandemia.

La estimación de LCG, elaborada a partir de 41 indicadores de alta frecuencia que representan cerca del 84% de la economía, ubica la actividad de agosto un 1,5% por debajo del nivel del mismo mes del año pasado.

La consultora dirigida por el economista Javier Okseniuk calculó, además, que el crecimiento acumulado de los primeros ocho meses fue de apenas 1,3% interanual.

Hasta julio, la economía había registrado cinco meses de caída y solamente dos de crecimiento, acumulando una contracción del 4,1% respecto de diciembre.

De acuerdo con LCG, los sectores de comercio e impuestos netos fueron los principales impulsores de la mejora de agosto. Sin embargo, el repunte resultó demasiado débil para recuperar el terreno perdido durante el mes anterior.

El diagnóstico coincide con el informe de Econviews, de Miguel Kiguel: apuntó que la producción industrial aumentó 1,9% en agosto después de caer 5,1% en julio. La construcción, por su parte, apenas avanzó 0,4%, tras retroceder 4,4% el mes previo.

La consultora Invecq también advirtió sobre la debilidad del rebote de agosto y el riesgo de que la economía ingrese en una recesión técnica, en un contexto de recuperación insuficiente de la demanda interna.

El mercado anticipa una recesión técnica

El deterioro de la actividad quedó reflejado en el último REM del Banco Central.

Según ese relevamiento, los analistas estimaron que el PBI desestacionalizado habría caído 1% durante el tercer trimestre, después de la contracción del período abril-junio.

De confirmarse ambos resultados, la economía habría atravesado dos trimestres consecutivos de caída, lo que se conoce como recesión técnica.

Las perspectivas para todo el año también empeoraron. El mercado redujo su pronóstico de crecimiento del PBI de 2,1% a 1,5%, una revisión que refleja las dificultades para consolidar la recuperación.

Y el FMI redujo la estimación de crecimiento del 3,5% al 2,1% para este año.

La economía del año electoral

El escenario plantea un verdadero desafío para el Gobierno: la estabilidad cambiaria y la desaceleración de la inflación respecto de los niveles de años anteriores todavía no consiguen traducirse en una mejora sostenida del poder adquisitivo y de la actividad.

Con precios que continúan aumentando cerca del 2% mensual, salarios que no siempre acompañan esa evolución y un consumo que permanece debilitado, la recuperación económica sigue encontrando obstáculos.

Justo en las cercanías del año electoral, donde muy probablemente este escenario económico sea clave para explicar la decisión de los electores.