Qué provincias tienen las cuentas más sólidas y cuáles enfrentan dificultades fiscales
Un ranking de Empiria Consultores evaluó la deuda, los ingresos, el resultado fiscal y el gasto público de todas las provincias
Las provincias argentinas lograron sostener el equilibrio de sus cuentas públicas durante el primer semestre del año, aunque detrás de ese resultado aparecen situaciones muy diferentes.
Si bien algunas jurisdicciones combinan superávit, bajo endeudamiento y una estructura de gastos que les permite mantener sus finanzas, otras enfrentan déficits y una mayor exposición financiera.
Un informe de Empiria Consultores elaboró un ranking de solidez fiscal que permite analizar esas diferencias. San Luis quedó en el primer lugar, seguida por Formosa y la Ciudad de Buenos Aires. En el otro extremo aparecen Tierra del Fuego y Santa Cruz, mientras que la provincia de Buenos Aires se ubicó en el puesto 16.
Qué provincias lideran el ranking de solidez fiscal
San Luis encabeza la clasificación con una combinación de superávit primario, ausencia de deuda y una relación favorable entre inversión y gasto en personal. En el último año, su resultado primario equivalió al 1,2% de su Producto Bruto Geográfico (PBG).
Sin embargo, tiene una autonomía de ingresos relativamente baja, ya que apenas el 19% de sus recursos proviene de fuentes propias y regalías. Formosa ocupa el segundo puesto. Su situación presenta un contraste similar, ya que solo el 6% de sus ingresos es de origen propio, el porcentaje más bajo entre las jurisdicciones relevadas, pero registra un superávit primario del 1,5% de su PBG y prácticamente no tiene deuda.
La Ciudad de Buenos Aires completa los primeros tres lugares. A diferencia de las dos provincias anteriores, se destaca por su capacidad para generar recursos propios, debido a que el 75% de sus ingresos tiene origen en la propia jurisdicción. Al mismo tiempo, el estudio la ubica en el primer lugar en calidad del gasto.
Neuquén y Córdoba completan los cinco primeros puestos. En el caso cordobés, la relación entre inversión y gasto en personal es favorable, aunque el endeudamiento es uno de sus puntos débiles.
Buenos Aires quedó en el puesto 16 y Tierra del Fuego cerró la clasificación
La provincia de Buenos Aires se ubicó en el puesto 16. Aunque cuenta con una autonomía de ingresos del 41%, la tercera más alta del país detrás de CABA y Neuquén, su nivel de endeudamiento y el resultado primario condicionan su posición.
La deuda bonaerense equivale al 46% de sus ingresos totales, el segundo registro más elevado entre las jurisdicciones analizadas, detrás de Chubut. A esto se suma un déficit primario que afecta su desempeño general.
Tierra del Fuego ocupa el último lugar del ranking, principalmente por el resultado primario negativo más pronunciado del conjunto: equivale al 3,4% de su PBG. Santa Cruz también se encuentra dentro de las jurisdicciones peor posicionadas. Pese a contar con una autonomía de ingresos relativamente alta, sus resultados fiscales y la composición del gasto perjudican su ubicación.
En paralelo, Chaco aparece entre los distritos que mejoraron su desempeño. La provincia avanzó seis posiciones en el indicador de resultado primario y alcanzó el noveno puesto de la clasificación general, con un superávit equivalente al 1,3% de su PBG.
Las provincias conservaron el superávit, pero perdieron margen fiscal
El ranking se conoce en un contexto de menor holgura para las cuentas públicas provinciales. Durante el primer semestre de 2026, el superávit primario consolidado equivalió al 0,1% del PBI, frente al 0,2% registrado en el mismo período de 2025. Además, el resultado financiero pasó de un superávit del 0,1% del PBI al equilibrio.
La explicación está principalmente en la evolución de los ingresos. Según Empiria, los recursos provinciales cayeron un 1% en términos reales interanuales, mientras que el gasto total se mantuvo estable.
Dentro de los ingresos, los de origen nacional retrocedieron un 3% y los recursos propios de las jurisdicciones bajaron un 2%. Por el lado de las erogaciones, el gasto en personal y jubilaciones aumentó un 1% real en cada caso.
En cambio, la inversión en obra pública cayó un 4% real interanual. De esta manera, las provincias conservaron el superávit, aunque con un margen más reducido y una menor participación de los recursos destinados a infraestructura.