Curia: "Devaluar de centavitos no sirve; el dólar de equilibrio está entre $4,50 y $4,60"

El economista aseguró que el modelo competitivo productivo se desvaneció y que para recuperar sus bases hace falta un "salto discreto del tipo de cambio"
ECONOMÍA - 26 de Junio, 2009

El economista Eduardo Curia aseguró que el modelo competitivo productivo se desvaneció a partir del tercer trimestre del año pasado, antes de la agudización de la crisis mundial.

Curia es señalado por muchos como uno de los principales referentes detrás del modelo económico que el Gobierno afirma defender. Sin embargo, para el economista a partir del tercer trimestre del año pasado quedó claro el quiebre del programa económico instaurado a partir del 2002 con "el tipo de cambio competitivo" como eje principal.

En una entrevista con iProfesional.com, el analista criticó la polí­tica del Banco Central porque "incidió en la desmonetización de la economí­a" y utilizó al tipo de cambio "como ancla de la inflación, lo cual es como una reincidencia en el noventismo". 

Curia hizo hincapié en la necesidad de un ajuste cambiario mediante un salto discreto que lleve el dólar a valer entre $4,50 y $4,60 al advertir que "las mini devaluaciones, de centavito a centavito, no sirven para nada".

 

-¿Cuál es el modelo económico que el Gobierno dice defender?-Está aludiendo sobre todo a una visión polí­tica que, a su vez, tiene correlato en decisiones económicas. Desde mi perspectiva más de economista, creo que el modelo competitivo productivo se desvaneció. A fines de 2007 era necesario un service que no se hizo y ya en el tercer trimestre del año pasado este desvanecimiento era claro, incluso antes de que se agudizara la crisis mundial. -¿Ahora está vigente algún otro modelo económico?

-Son piezas fragmentadas, son decisiones que se van tomando. La crisis impuso su ritmo. Las polí­ticas anticí­clicas que el Gobierno trató de aplicar tuvieron lí­mites fuertes porque no se contaba con un margen muy grande de recursos fiscales, se utilizó una polí­tica muy procí­clica. Lo que hizo el Banco Central con el tema cambiario, durante la crisis, a mi nunca me gustó porque su manejo fue justamente procí­clico. Hay algunos aspectos relativamente positivos. Si bien no comulgó demasiado con el optimismo de las cifras del INDEC, me parece que hubo una cierta contención del empleo, sobre todo cuando uno compara con otros lugares, lo que no quiere decir que el tema esté encauzado.

-¿La economí­a está en recesión?

- Estamos en el zócalo, en la planta baja o en un cierto decrecimiento. Me moverí­a en el medio entre valores demasiado optimistas de algunas estadí­sticas oficiales y otros de algunos colegas mí­os que hablan de un derrumbe vertical tremendo. Estamos en una situación de protorecesión, atravesando una muy fuerte desaceleración que es tremenda para la Argentina porque vení­amos de un crecimiento de 9 por ciento. Con una expansión nula o de -1%, es fuertí­simo el efecto. -¿Cómo deberí­a haber sido el manejo del Banco Central durante la crisis?

-Mucho más enfático en el tema cambiario. Primero porque lo que habí­a sido el eje modélico dentro de una arquitectura más general ya vení­a diluyéndose. Antes de la crisis habí­a una pérdida de paridad de alrededor de 40%, es decir que cuando se producen las devaluaciones de terceros paí­ses agravan un elemento perjudicial previo. La polí­tica del Banco Central fue titubeante. No fue acorde porque el sinceramiento cambiario deberí­a haber sido más enérgico. Al no haberlo aplicado desde el vamos y haber tenido una polí­tica de zigzag, de freno y avance, esto incidió en la desmonetización de la economí­a.

-¿La depreciación deberí­a haber sido más abrupta?

-Claro. La polí­tica anticí­clica frente a la radicalización de la crisis, a fines de septiembre, la centraba en la cambiaria. Se creí­a que las condiciones que se configuraban de desaceleración económica, de menores precios de commodities, no iban a tener repercusión inflacionaria mayor, lo que se vio perfectamente con la devaluación del 20% que se produjo -que para mi es insuficiente-. Pero lo que está claro, analizando los números, es que ese no ha sido un efecto en la inflación de este perí­odo básico, ha habido otros como servicios. Yo poní­a el énfasis en el mercado cambiario y en el aporte fiscal que el tipo de cambio podí­a dar por su influencia directa e indirecta. La polí­tica del Banco Central fue impropia para las circunstancias. -¿Cuál es el escenario económico que se abre tras las elecciones?

-La situación mundial tiene titubeantes perspectivas de mejora y en la Argentina la economí­a va encontrando un piso. La lógica es que en el dí­a de mañana el paí­s deberí­a acoplarse con ese repunte mundial desde los propios deberes que es lo que llamó "repechaje con acople". Se necesita un programa integral y hay que ver si el sistema polí­tico responde que no es un tema menor.

En ese programa, la nave insignia es un ajuste cambiario. El Central tiene que salir a decir "a partir de ahora, compro a tal valor" y esto tiene que suponer un salto discreto del nivel cambiario, no un tema de centavito a centavito que no sirve para nada.

-¿A cuánto debe ascender el tipo de cambio?-Mi apreciación de nivel de tipo de cambio de equilibrio es entre 4,50 y 4,60 pesos. -¿Por qué no es útil para nada la depreciación gradual de a centavos?

-Porque este tipo de cambio no me sirve para competir bien en el mundo. Necesito ese salto que beneficia al tema de economí­as del interior y ayuda fiscalmente cuando se debe hacer un ordenamiento serio en esa materia. La polí­tica cambiaria puede subsidiar al fisco y viceversa. Para que no haya fuga de capitales y la economí­a se monetice en pesos y no en dólares tengo que tener una regla de referencia. Si sigo con las mini devaluaciones no logro fijar una regla cambiaria en serio ni una  monetaria, ni tasas de intereses de referencia. Además, tengo que acompañar estas medidas con una polí­tica de ingresos muy seria que implique convocatoria de los sectores y acuerdos de precios y de polí­tica salarial.-¿Qué habrí­a que hacer en materia fiscal?

-El aumento del ritmo de gasto es el doble que el de los recursos y aún así­ crece menos de lo que creció en el 2007 y el 2008. Veamos la paradoja de cómo se fue procí­clico en lo alto del ciclo y ahora en lo anticí­clico se tiene que ser más tibio y mientras tanto se deteriora el superávit. No se puede hacer seguidí­simo porque la Argentina, aún con el perí­odo venturoso que tuvimos, sigue siendo un paí­s subdesarrollado, periférico, con problemas graves de desempleo y de pobreza, con una soberaní­a monetaria restringida, donde estamos siempre expuestos a la sustitución de monedas, donde, con una fuga de capitales virulenta que en un par de años llegó a los u$s40.000 millones, el tema fiscal es clave. Usted no puede decir con el tema fiscal sigo de largo y entonces me voy al déficit porque todos esos elementos se le van a complicar adicionalmente.-Algunos colegas suyos hablan de la necesidad de un ajuste.

-Primero, voy a tener que aproximar el gasto a lo que es una perspectiva más cierta de recursos, lo cual me lleva a sentar prioridades de hierro en materia fiscal y, a su vez, el planteo tiene que ser más que nunca consolidado provincial fisco nacional porque la situación en los distritos es muy complicada. Si se ha aligerado algo en los vencimientos externos, porque ha recomprado tí­tulos, el tema de las provincias es una carga que es como si compensará el alivio que obtuvo. Fundamental el tipo de cambio para que me subsidie al fisco y un planteo severo de compartir recursos con las provincias y después el plan B, C o lo que fuere. Le digo dos cosas como medidas alternativas: un impuesto extraordinario o un ahorro forzoso. No quiero decir muy en detalle, pero una medida de aporte excepcional a determinado nivel de ingreso. Ese quizás es un tema que se puede tener como as en la manga.

-¿Es viable más presión fiscal dado lo que pasó con las 125?

-A mi no me gustarí­a. Por eso, el tema del gasto es para mi el plafón, pero aplicarí­a esa medida eventualmente, no sobre empresas sino sobre patrimonios particulares. Pero lo tengo a un costado. La otra medida de segundo o tercer orden posible, si muestro el combo que señalé y está claro el ordenamiento, es colocarle un bono al Banco Central. -¿Cómo jugarí­an estas medidas de segundo o tercer orden sobre las expectativas?

-Si uno va mostrando que no hay seguidismo fiscal, es decir, que se toma el toro por las astas y estoy ordenando la polí­tica de ingresos -de tal manera que hace un horizonte salarial- puedo venir con planteos de este tipo y tranquilamente defenderlos porque estoy señalando un horizonte viable de más largo plazo. Esto es operable. Ojalá que no tuviera que recurrir a los planes B y C, pero hay que ser fuerte en la imagen del plan A. -¿Cree que estas reformas son posibles después de las elecciones?

-El sistema polí­tico va a tener que calibrar sus responsabilidades, cada uno en su rol, frente a una situación de la economí­a argentina que es delicada. El hecho de que diga que hay algunos aspectos tí­midamente auspiciosos no quita que la situación post electoral es muy sensible, con lo cual los deberes propios -que son muy importantes- son también muy serios. Cuando los economistas no sabemos bien cómo viene el futuro decimos que tenemos escenarios. Dije el que más me gusta aunque no tiene todas las probabilidades a favor, quizás no tiene las mayoritarias. El otro que tiene sus chances, que no son subestimables, es la anomia, la falta de reglas y de criterios, que quiere decir que el sistema polí­tico no encuentre la forma de encauzar con cierto poder constructivo la situación delicada de la economí­a. No me gusta hablar de esta posibilidad y ruego a Dios que se evite

-¿El escenario que usted recomienda llevarí­a a un escenario de recuperación y el otro hacia una profundización de la desaceleración?

-Sí­, claro. Si uno es seguidista, se quema en sus propias llamas y la recesión se va a acentuar. Sólo si uno hace corte, aunque tenga un elemento incómodo inicial, la perspectiva es más halagueña. Sólo este esquema es el que le da salida posible a la Argentina sobre todo atendiendo el tema del desempleo y la pobreza, que es lo que no atiende la opción financista. Porque en definitiva, cierto es que podemos discutir cuáles son los verdaderos niveles de desempleo, pero lo que es indiscutible es que en el 2002, 2003 y 2007 se creó apasionantemente empleo, bajaron los í­ndices de pobreza e indigencia mientras se mantuvo el esquema de tipo de cambio alto. -Ahora muchos economistas de distintas ideologí­as coinciden con usted acerca de la conveniencia de dejar subir el tipo de cambio

-Lo que pasa es que a veces algunos economistas definen el tipo de cambio de equilibrio de acuerdo a los fundamentales del mercado y entonces, en algún momento, dicen "la gestión económica es un desquicio, el mundo es un desquicio, entonces el tipo de cambio de equilibrio debe serlo también". Hay algunos que hablan de un tipo de cambio entre 5 y 6 pesos. Mi regla es otra, es el tema de la competitividad. -¿Qué responde a los que argumentan que pedir una devaluación es pedir una baja de salarios?

-Uno tendrí­a que fijarse en lo ocurrido en el perí­odo 2003-2007. La posibilidad de tener un tipo de cambio competitivo y obtener un super crecimiento respecto al promedio mundial, permite generar condiciones en el mercado de oferta y demanda laboral que dan pie a gran empleo y también a la suba de los salarios. Estas cosas tienen que tener una congruencia, no se pueden hacer estrafalariamente. -Bueno, pero cuando les aumentan los costos a los industriales, vuelven a pedir una devaluación que hace que bajen los salarios nuevamente.

-Uno tiene que mantener la regla de congruencia que siempre defendí­ y lamentablemente no he sido muy tenido en cuenta. Los incrementos se tienen que dar en función de la productividad macroeconómica y fijar un coeficiente de distribución de ingresos. De esta manera, no se permite que el tipo de cambio se retrase respecto a la inflación y se pueda tener una perspectiva de salarios reales. Ahora si se pretende superar estos elementos, cierto es que se entra en una puja de precios y salarios que revienta el esquema. Viéndolo desde otro punto de vista, si el tipo de cambio se retrasa, olvidémonos de la creación de empleo y de que va a mejorar el salario porque en definitiva la alternativa es inflation targeting con una economí­a que va a crecer a lo sumo entre dos y tres por ciento. Lamentablemente, si volvemos a hablar de un ajuste cambiario es porque dejamos que aquella pauta del tipo de cambio de tipo competitivo sostenido se relajara. Como la polí­tica fiscal y de ingresos no fue congruente con la cambiaria, llegamos a una postura como la del Banco Central que analiza el tipo de cambio como ancla de la inflación, lo cual es como una reincidencia en el noventismo. Las anclas deberí­an ser tener un superávit fiscal estructurado, no ser procí­clico y una polí­tica de ingresos que admita mejoras salariales, pero según los criterios señalados. -¿Cómo ve las medidas tomadas por el Gobierno para retraer las importaciones y mantener el superávit fiscal?

-Algunas medidas de contención son una polí­tica aceptable. Ha habido un sesgo antiexportador que tiene que ver con la polí­tica cambiaria procí­clica del Central y la retención del pago de reintegros. Sesgada en esa dirección y que ahora quieren replantear con esto de admitir importaciones, si exportan. Pero esto debe ser parte de una estrategia más integral y no meras ocurrencias en esa dirección.

Mariana Shaalo© iProfesional.com

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