Tantos años de convivencia con la inflación han llevado a que los argentinos desarrollaran un olfato muy fino para anticipar los aumentos de precios y una serie de habilidades para defenderse de los mismos. Este año, sin embargo, tal destreza se verá desafiada, ya que algunos de los clásicos refugios contra los aumentos están perdiendo su atractivo.Concretamente, el dólar y los plazos fijos en pesos tienen grandes probabilidades de perder la contienda contra la inflación.El dólar, según el consenso de los economistas, no tendrá un movimiento en su cotización superior al 10%, si es que las condiciones externas se mantienen. Y las tasas de los plazos fijos vienen cayendo en picada, al punto que ya están en un promedio del 9% anual para colocaciones a 60 días. En fuerte contraste con estos números, la suba general en los precios de bienes y servicios proyectada por los economistas privados está por encima del 20%. Para peor, a comienzos de año, las estimaciones eran más bajas y se ubicaban en un rango de entre 18% y 23%. Pero, tal como diera cuenta iProfesional.com, el "affaire Redrado" hizo que muchos analistas se apresuren a corregir sus pronósticos hasta cinco puntos hacia arriba.Aumentos en aumentoEl análisis mes a mes permite ver cómo esta tendencia se está acelerando a pasos acelerados a pasos agigantados. Y la misma se percibe con claridad en el siguiente gráfico, elaborado por un grupo de economistas independientes, y presentados en el sitio web www.inflaciónVerdadera.com.
Del repunte en los precios no sólo toman nota los analistas. También lo perciben todos los argentinos, que lo sienten en sus bolsillos. Y, lo que es peor todavía, es que "su olfato" les hace sentir que la situación es aún más grave. Al respecto, una encuesta de la Universidad Di Tella revela que
la expectativa de inflación que tienen para este año es de un 33 por ciento. Es así como la falta de una vara confiable de medición los hace estimar una suba de precios incluso superior a la real proyectada. Y, en consecuencia, modifican sus hábitos de consumo y buscan desempolvar mecanismos de protección ante semejante escenario.En este contexto, la comparación entre la evolución del dólar, las tasas de interés y la suba de precios arroja una conclusión clara: si alguien quiere mantener el poder de compra tendrá que recurrir a otras alternativas.La buena noticia es que hay algunos mecanismos para mitigar el impacto de los aumentos o, al menos, para bajar el grado de incertidumbre sobre la economía familiar.
El pagar por adelantado algunos servicios, es una estrategia a la que recurren aquellos argentinos muy temerosos del escenario que viene en materia inflacionaria. En particular, quienes cuentan con cierta capacidad de ahorro. De esta forma, buscan congelar los incrementos de algunos gastos.
En muchos casos obtienen apreciables descuentos y, por sobre todas las cosas, se ponen a resguardo de los ajustes que puedan producirse en el correr del año.
En la búsqueda del descuentoHay rubros en los que es factible protegerse de los aumentos y hasta obtener descuentos de hasta un 20 por ciento. Claro está que se necesita contar con algún dinero guardado, porque implica la cancelación por adelantado de, al menos, seis meses de cuotas.
Alquileres, cocheras, colegios, universidades, clubes, patentes de automotores y algunos impuestos como tasas municipales en Capital y zonas aledañas son parte del menú de opciones.
Un relevamiento realizado por
iProfesional.com sobre estos servicios indica que, por ejemplo, en tasas municipales es posible lograr un ahorro de 10% en Capital, hasta un 15% en las zonas balnearias de la costa bonaerense y un rango de descuentos que puede llegar hasta un 20% en varias provincias, que ante la urgencia de caja que enfrentan, estimulan el pronto pago de los contribuyentes. El mantenimiento del auto permite ahorros en patentes, también en el orden del 10%, una cifra importante si se considera que los incrementos que están previstos para el año rondarán el 8% (varía según los modelos). Es más difícil cancelar por adelantado el costo del seguro (que ajustará 15%) ya que, en general, las empresas no dan esa posibilidad: su modalidad contractual es la de renovación mensual del servicio. De todas formas, pueden lograrse bonificaciones si se adhiere a los mecanismos de débito automático con las tarjetas.El otro rubro automotor, donde es factible obtener descuentos pagando por anticipado, es el de los
estacionamientos, donde se espera un aumento promedio del 20 por ciento. En este caso, por la propia naturaleza atomizada –e informal– que tiene este negocio, la modalidad y monto del descuento resulta sustancial, si bien es difícil de mensurar. Dependerá de la capacidad de negociación del usuario y de la zona en que se ubica la cochera.La
enseñanza privada es otro renglón de peso en la economía familiar de la clase media -cuyas tarifas ajustarán un promedio de 15%- y en el cual es posible obtener reducciones.Las decisiones son privativas de cada institución, de forma que es difícil de cuantificar. Pero desde asociaciones como Procurar (Protección a los Consumidores y Usuarios de la República Argentina) dieron cuenta a este medio de que
se puede obtener entre 5% y un 10% de quita si se propone el pago de cuotas por adelantado.En el caso de la prestación de algunos servicios la predisposición a negociar una quita es menor. Es el caso de negocios como la medicina prepaga, los seguros, la conexión a Internet, la TV cable o la telefonía celular. Sucede que los contratos de los mismos están preformateados. En la jerga jurídica se los conoce como "contratos de adhesión", por los cuales el usuario acepta por adelantado la modalidad de pago estipulada.La polémica viene a la hora de los ajustes. "En el caso de los seguros, diga lo que diga la letra de la póliza, las empresas no pueden ajustar la cuota", afirma Enrique Millán, presidente de Procurar. La medicina prepaga es otro rubro que se encierra bajo esta categoría: "Suele tener como mayor fuente de ingreso a los clientes corporativos, con lo cual la predisposición a obtener dinero de los clientes individuales no resulta tan atractiva", agrega Millán.
Alquileres en bajaEl inmobiliario es un rubro donde no solamente se le puede ganar a la inflación sino que hasta permite caídas nominales del gasto, particularmente en los alquileres residenciales y comerciales. Al caer el volumen de las compraventas, se alteró el poder de negociación a favor de los inquilinos: aquellos propietarios que no están dispuestos a convalidar una reducción, pero tampoco quieren afrontar los altos costos de mantenimiento de la propiedad, se han volcado masivamente al mercado de alquileres, generando una sobreoferta que presiona a la baja los precios de las locaciones. Expertos como Luis Ramos, titular de la firma LJ Ramos, cree que en el segmento residencial estas caídas pueden llegar hasta un 15 por ciento.Pero eso no es todo, porque además
se pueden obtener descuentos adicionales si se paga la totalidad del contrato por adelantado. Mario Gómez, director de Toribio Achával, afirmó a
iProfesional.com que es una de las modalidades que viene ganando terreno en el mercado, en una muestra evidente de que los inquilinos quieren cubrirse de eventuales subas, típicas de un escenario del alta inflación. En estos casos, el argumento que puede esgrimir el inquilino es que, al adelantar el pago, el propietario resulta beneficiado porque puede usar ese dinero para obtener una renta financiera, y que en consecuencia,
el inquilino está en posición de solicitar un descuento adicional."No es un planteo descabellado, porque el propietario que se encuentra con todo el dinero al inicio del contrato no solamente cuenta con la alternativa de invertirlo, sino que además baja su riesgo de incobrabilidad a cero, que es la principal preocupación a la hora de poner una propiedad en alquiler", afirma Millán.Aunque hace una salvedad: el inquilino que quiera negociar un descuento
tendrá al agente inmobiliario en su contra, porque un menor monto total puede implicar que su comisión se reduzca. En consecuencia, su recomendación es la de garantizar la invariabilidad de esta comisión.
Una polémica cíclicaEn teoría, los servicios y los contratos no pueden ser objeto de ajustes.Ese es el argumento que suelen esgrimir las diversas asociaciones de defensa del consumidor activas en el país. Apelan para ello a los artículos que siguen vigentes de la ley de Convertibilidad, que había prohibido el mecanismo indexatorio."El texto, que fue actualizado por la ley de emergencia económica de 2002 y sigue vigente, impide la indexación, la variación de costos o repotenciación de deudas", señala Isabel Novosad, presidente de Padec (Prevención, Asesoramiento y Defensa del Consumidor). Y agrega que, según su relevamiento, el incumplimiento de esta disposición en los servicios no puede ser justificado por los incrementos salariales: "Estos ajustes en los servicios fueron trasladados en mayor porcentaje que los aumentos de sueldos", afirma. Según Padec, la recomendación oficial de esta institución es que el consumidor presente una nota por escrito en la que solicite que el prestador del servicio ofrezca "información que permita comprender la razonabilidad del precio".Pero, más allá de la controversia legal, todos los consumidores y usuarios saben que los ajustes existen ante cualquier incremento de costos. Por caso, ya es una práctica extendida y aceptada que los colegios
reajusten sus cuotas en cada ocasión en la que se otorga un incremento salarial a los docentes.En el caso de los servicios públicos, sujetos a regulación, es donde hay mejores posibilidades de defensa por parte estas asociaciones. De hecho, en el último invierno su acción contribuyó a que se diera marcha atrás en los incrementos de gas y la electricidad. De todas formas, será difícil evitar este año los aumentos en este rubro. Hay previsiones que
dan cuenta de alzas de un 10% para el caso del gas, 20% en electricidad y 25% en combustibles. Pero lo que más impactará sobre los bolsillos de los consumidores no es esta adecuación tarifaria sino la reducción –y en algunos casos eliminación- del monto destinado a subsidios. Este último hecho es
el que puede multiplicar varias veces el gasto familiar en energía, con facturas que pueden llegar hasta con un 400% de aumento.Asociaciones como el Centro de Educación al Consumidor han puesto foco en recomendar las formas de evitar estos mega aumentos."La gente que no quiera tener una desmejora muy grave tendrá que adoptar algunas conductas, tales como controlar el uso de los teléfonos y tener mucho cuidado con los servicios como la electricidad, en especial si utilizan artefactos de alto consumo", sugiere Susana Andrada, presidenta de esta entidad. En este sentido, el funcionamiento moderado de aparatos de aire acondicionado o de la calefacción eléctrica están al tope de las recomendaciones.
Promociones de doble filoHay otra forma de defenderse de la inflación que es más placentera que el pago por adelantado: consumir aprovechando los planes promocionales. Por lo pronto, los bancos aseguran que esta modalidad de fuertes descuentos y planes de cuotas sin interés no fue apenas una estrategia para las ventas de fin de año, sino que
prosigue durante el verano y con buenas probabilidades de mantenimiento. (Ver "
Megadescuentos: tarjetas llevan promociones y rebajas del 40% a zonas de veraneo"). Al menos, mientras la actual situación de exceso de liquidez de los bancos lo permita, las promociones continuarán en rubros como gastronomía, turismo, indumentaria y tecnología.Pero también en estos casos las asociaciones de defensa del consumidor hacen sus advertencias. En especial,
la de no dejarse entusiasmar por las cuotas congeladas, sino mirar los costos ocultos, que suelen venir bajo la forma de gastos administrativos y seguros en el uso de tarjetas de crédito, por ejemplo."Hay veces en que uno hace las cuentas y le da que en algunos casos
le aplican un interés real de 36% anual, cuando uno creía que no tenía costo financiero", dice Millán.También advierte contra otro beneficio clásico de los tiempos de alto endeudamiento: los planes de cancelación de saldos de las tarjetas. Según Millán, las ampliaciones del crédito para saldar se dan en cuentas corrientes, que se capitalizan mensualmente y es un título ejecutivo."Si usted está endeudado, puede cerrar su cuenta por carta documento, entregar su tarjeta y ofrecer pagar con un plan de pagos.
El banco le va a decir que no se puede cancelar la tarjeta, pero sí está permitido. Por eso le ofrecen la cuenta corriente, porque vale como título ejecutivo", explica.Por su parte, Novosad, de Padec, advierte que cuando una tarjeta ofrece cancelar el saldo de otra tarjeta, como parte de una estrategia por captar nuevos clientes, hay una conveniencia de única vez, pero que no se va a repetir necesariamente con la permanencia del cliente en la nueva tarjeta. "Estos planes traen una discriminación entre usuarios a captar con usuarios cautivos", indica.En resumen, no es fácil defenderse cuando se vive en un país con aumentos de precios superiores al 20%, pero para eso la Argentina se encargó de formar a sus ciudadanos con un "master en inflación" que muchos premios Nobel envidiarían.
Fernando Gutiérrez(c) iProfesional.com