El duelo Argentina-Inglaterra también se juega en la energía, con dos modelos bien distintos
El próximo miércoles, la expectativa social estará concentrada en la semifinal del Mundial entre la Argentina e Inglaterra. Sin embargo, detrás de la rivalidad deportiva, ambos países protagonizan dos modelos distintos en el escenario energético que refleja sus capacidades de desarrollo y transición energética, los cuales muestran estrategias opuestas.
El especiaslista en en el sector eléctrico José Stella, graficó que la posición de la Argentina se sostiene en el aprovechamiento de sus recursos fósiles tradicionales para consolidar su seguridad de abastecimiento interno. La matriz nacional depende en un 51% del gas natural, consolidándose como el motor principal de la red.
Este esquema encuentra su respaldo económico en el desarrollo de Vaca Muerta, una formación de hidrocarburos de clase mundial, de costos supercompetitivos, que perfila al país como un exportador neto de energía.
En la vereda opuesta, Inglaterra adoptó un enfoque centrado en la descarbonización, con el viento como su principal bandera por lo que la energía eólica representa el 31% de su generación eléctrica, liderando una transición hacia fuentes limpias. Pese a este avance tecnológico, el modelo británico muestra una marcada vulnerabilidad estructural, ya que el país necesita importar entre el 40% y el 46% de su energía primaria para sostener su demanda.
Cómo emparejan la cancha los ingleses
Esta diferencia metodológica impacta de forma directa en los indicadores de sustentabilidad ambiental de cada territorio: La intensidad de carbono en la red argentina se ubica entre los 257 y 273 gramos de CO2 por kilovatio hora, una cifra que duplica los registros del sistema británico. Inglaterra exhibe una red significativamente más descarbonizada, con emisiones promedio de apenas 129 gramos de CO2 por kilovatio hora.
La interconexión internacional constituye otro factor de divergencia en el análisis. Mientras la Argentina registra una importación eléctrica neta marginal de carácter estacional, situada entre el 2% y el 5%, el Reino Unido depende de una compleja red de cables submarinos.
A través de estas conexiones con Francia, Dinamarca y Noruega, los británicos proveen el 10% de su electricidad diaria, quedando expuestos a los vaivenes del mercado europeo.
En cuanto al consumo doméstico, las estadísticas reflejan la denominada paradoja de la eficiencia. Un ciudadano británico consume aproximadamente 4.200 kilovatios hora anuales, frente a los 3.000 kilovatios hora del habitante argentino.
Aunque los ingresos en el país europeo son considerablemente mayores, el consumo eléctrico solo supera al local en un 40% debido a la rigurosa implementación de políticas de eficiencia térmica en la edificación.
El suministro bajo la figura de local y visitante
La configuración de la energía primaria total también ratifica la distancia entre ambas naciones, que en el territorio argentino -incluso por sobre el promedio de la región-, el gas natural domina con un 55% del total de las fuentes utilizadas.
Por su parte, el bloque británico mantiene una base diversificada pero dependiente, donde el petróleo y sus derivados representan entre el 35% y el 38% del consumo primario, manteniendo la necesidad de abastecimiento externo.
El pitazo final del miércoles determinará cuál de las dos selecciones accederá a la final del torneo mundial. En el ámbito energético, en cambio, el resultado permanece abierto, obligando a evaluar si el futuro pertenece a la soberanía gasífera de la Argentina o al modelo sustentable pero condicionado de Inglaterra.