NEGOCIO ATÓMICO

Empresas privadas controlarán el 45% de la energía nuclear en Argentina y revolucionarán el negocio

El Gobierno avanza en la venta del 44% de Nucleoeléctrica. El negocio atómico resurge impulsado por la IA y la demanda ininterrumpida de energía limpia
Por Ignacio Ortiz
ENERGÍA - 29 de Julio, 2026

El proceso de transformación de las empresas públicas en la Argentina suma un capítulo particular en el ámbito de las empresas que conforman el denominado ecosistema nuclear, que permiten desarrollar toda la cadena de valor de sus componentes.

Con el marco normativo delimitado tras la sanción de la Ley Bases, el Decreto 695/2025 y la Resolución 1751/2025 del Ministerio de Economía, el Poder Ejecutivo nacional puso en marcha la ingeniería legal para licitar el 44% del paquete accionario de Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA)

Tal como detalla un informe elaborado por el especialista Sebastián Álvarez, socio del estudio Brons & Salas, el Estado retendrá el 51% del capital con derecho a voto y destinará un 5% al Programa de Propiedad Participada. De esta manera, el mercado local abre la puerta al capital privado en un activo estratégico que aporta cerca del 7,5% de la energía eléctrica del país.

Para los inversores, la entrada en NASA ofrece un flujo de caja previsible respaldado por contratos de venta de energía de base ininterrumpida al Sistema Argentino de Interconexión (SADI), remarca el documento, destacó el analista.

La integración de la energía nuclear al sistema

Las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse representan un soporte técnico imprescindible ante la volatilidad de los precios internacionales de los hidrocarburos y la intermitencia de las fuentes renovables. A diferencia de la energía solar o eólica, la generación nuclear funciona sin depender de factores climáticos, ofreciendo estabilidad las 24 horas del día.

En el aspecto operativo, NASA mantiene altos estándares de eficiencia. Tras completar su Revisión Programada, Atucha II se reconectó anticipadamente a la red eléctrica nacional, mientras que la empresa concentra sus esfuerzos en la Extensión de Vida Útil de Atucha I.

Esta obra estratégica, que ya supera el 50% de ejecución técnica, requiere financiamiento privado dentro del pliego de licitación para extender la operación segura del primer reactor de América Latina por un nuevo ciclo de 20 años.

Asimismo, el informe de Brons & Salas subraya que la inyección de capitales permitirá ejecutar obras clave como la ampliación del Almacenamiento en Seco de Elementos Combustibles Gastados (ASECG II) en Atucha II, en un contexto donde el Tesoro congeló las partidas públicas directas.

Inteligencia artificial y el boom global

Este giro en la Argentina coincide con una profunda reconfiguración de la matriz energética internacional. Tras décadas de paralización o cierres programados luego de eventos como Fukushima o Chernóbil, la energía atómica experimenta un renacimiento acelerado.

Esta reactivación no responde únicamente a los compromisos climáticos de descarbonización -donde la energía nuclear emite cero CO2 directo y presenta una huella ambiental inferior a la solar fotovoltaica-, sino a un fenómeno tecnológico emergente con la demanda masiva e ininterrumpida de electricidad que imponen los centros de datos dedicados a la Inteligencia Artificial (IA).

En Estados Unidos, donde existen 94 reactores operativos, grandes corporaciones tecnológicas firmaron acuerdos comerciales sin precedentes para garantizarse suministro libre de carbono las 24 horas del día.

El caso paradigmático citado por Álvarez es el contrato suscrito entre Constellation Energy y Microsoft a 20 años para reabrir el reactor de Three Mile Island, destinado íntegramente a alimentar los data centers de la compañía informática. Un patrón similar se observa con la reactivación de la planta Palisades en Michigan para aliviar la red regional golpeada por la demanda informática.

En Europa, la ruptura del suministro de gas con Rusia tras la guerra en Ucrania forzó una reestructuración de la matriz energética. Países con posturas históricamente escépticas dieron giros drásticos, tal como ocurrió en Suecia que derogó su política de abandono nuclear de más de cuatro décadas para financiar nuevos reactores.

En ese mismo sentido, Dinamarca comenzó a revisar su prohibición y el Reino Unido avanza con decisiones de nuevas inversiones como Sizewell C. En paralelo, China lidera la expansión mundial con la flota más joven del planeta, operando 61 reactores y manteniendo 39 en construcción.

La apuesta por los reactores modulares

La reorientación de la política nuclear argentina implica también un cambio geopolítico que puede resultar de gran importancia. Las autoridades discontinuaron definitivamente el preacuerdo heredado con la firma estatal china CNNC para la construcción de la cuarta central convencional (Atucha III) basada en tecnología Hualong One.

Ante la suspensión de las obras públicas y la parálisis presupuestaria en proyectos nativos como el reactor CAREM 25 y el RA-10 en Ezeiza, la estrategia oficial prioriza esquemas de financiamiento corporativo y alianzas con proveedores occidentales.

La estrategia se alinea con el interés de firmas norteamericanas para inyectar dólares bajo el paraguas del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI). Un ejemplo clave resaltado en el reporte es la propuesta de Nano Nuclear Energy para desembarcar en la firma local Dioxitec, con el objetivo de optimizar el procesamiento doméstico de uranio y posicionar a la Argentina como un proveedor confiable de combustible procesado hacia el mercado estadounidense.

En este escenario global de alta competencia energética, para el informe, la apertura de NASA se posiciona como una oportunidad singular en América Latina. La combinación de activos operativos eficientes, demanda garantizada por contrato y un marco normativo diseñado para atraer dólares privados coloca a la energía nuclear argentina en la misma sintonía con las tendencias financieras globales.

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