Precios de la nafta, por qué los combustibles subieron 558% desde 2023 y cómo impacta en los salarios
El precio de los combustibles subió 558% desde diciembre de 2023 y erosionó el poder de compra de los salarios, tal como revela un informe que detalla que el litro de nafta súper aumentó muy por encima de los salarios desde la devaluación y la liberalización de precios, mientras una porción menor de la correspondiente a lo recaudado por impuestos a los combustibles se destinó efectivamente a obra vial.
En el marco de su línea de investigación en política energética, la Fundación Encuentro advierte que el precio de los combustibles aumentó 558% desde diciembre de 2023, cuando el Gobierno devaluó el peso un 54% y liberó los precios del sector, hasta la actualidad.
El litro de nafta súper pasó de $311 a superar los $2.000, un incremento muy por encima del 311% acumulado por los salarios privados en el mismo período. Medido en dólares, el combustible también subió cerca de 45% en el último año.
Esa brecha se tradujo en una pérdida concreta de poder de compra: un salario privado promedio permitía cargar 26,3 tanques de 50 litros en noviembre de 2023, mientras que hoy solo alcanza para 16,4, una caída del 38%.
El informe señala además que esta evolución de precios convive con resultados sectoriales elevados, al resaltar que YPF presentó en el segundo trimestre de 2026 el mayor resultado de su historia, en un contexto de superávit fiscal, lo que contrasta con la caída del poder adquisitivo registrada a nivel de los hogares.
Un cuestionamiento al criterio de aumento
El relevamiento cuestiona, en particular, el criterio con el que se fija el precio interno de los combustibles pese a que la Argentina produce su propio petróleo. La producción de Vaca Muerta creció 47% en el último año y las refinerías trabajan al tope de su capacidad, pero el precio continúa fijándose como si el combustible se importara desde el exterior.
El impacto, además, no se limita a quienes tienen vehículo propio, ya que según el informe, el mayor costo de los combustibles puede explicar hasta 2,5 puntos de la inflación anual, al trasladarse al costo del transporte de mercaderías y, de ahí, al precio final de alimentos y otros bienes.
El informe también resalta que el destino de los impuestos a los combustibles asignados por ley es a la construcción y el mantenimiento de rutas, pero que de los 1,5 billones de pesos recaudados con ese fin en los últimos dos años y medio, solo el 26% se ejecutó en obra vial, mientras que el resto permaneció colocado en plazos fijos y bonos del Estado.
Las rutas en mal estado incrementan el desgaste del parque automotor, multiplican los tiempos de viaje y elevan las tasas de siniestralidad, transfiriendo nuevos costos al sector privado.
Con los fondos no ejecutados, sostiene el informe, podrían haberse mejorado entre 20 y 25 mil kilómetros de rutas, equivalentes a cerca de dos tercios de la red vial nacional. El relevamiento de la Fundación incluye con un llamado a mayor transparencia en la fijación del precio interno, a que los fondos asignados a rutas se ejecuten efectivamente en obra vial, y a un esquema fiscal que no dependa de la pérdida de poder adquisitivo de los salarios.
El desacople de la paridad de importación
La supuesta paradoja que aborda el estudio radica en la arquitectura conceptual sobre la cual se asienta el esquema tarifario actual. La Argentina logró transformar su matriz productiva de hidrocarburos gracias al dinamismo no convencional de la cuenca neuquina. Sin embargo, la desregulación dispuesta a fines de 2023 impuso una regla de paridad de importación (import parity) para fijar el valor en el surtidor.
Este mecanismo implica que el consumidor local paga la nafta y el gasoil a precios internacionales de referencia, absorbiendo no solo los costos teóricos de flete marítimo y seguros, sino también los márgenes de refinación globales, aun cuando la materia prima se extraiga, refine y distribuya íntegramente dentro del territorio nacional.
Esta decisión política disoció los costos reales de extracción en la formación Vaca Muerta -cuya curva de eficiencia ubica los costos de desarrollo entre los más competitivos de la región- de la estructura de precios finales.
Mientras los balances corporativos del sector petrolero reflejan niveles récord de rentabilidad e inversión orientada a la exportación, el mercado interno funciona como un ancla de caja en divisas a expensas del poder adquisitivo de las familias y la competitividad macroeconómica.
El encarecimiento del combustible opera como un impuesto sobre el conjunto de la actividad económica, dado que la estructura logística de la Argentina presenta una dependencia del transporte automotor de cargas, por donde circula más del 80% de la producción agropecuaria, industrial y de bienes de consumo masivo.
Cuando el valor del gasoil o de la nafta se dispara, existe un efecto en cadena de segunda ronda por la cual la tarifa del flete traslada el ajuste en forma directa sobre los distribuidores y mayoristas. Este mecanismo explica por qué, según las estimaciones del informe, el componente combustible aporta hasta 2,5 puntos porcentuales directos e indirectos al índice de precios al consumidor.
La carne, la leche, los alimentos frescos y los insumos industriales incorporan el sobrecosto energético en cada tramo de la cadena logística, afectando con mayor severidad a los deciles de menores ingresos, que destinan la mayor parte de sus recursos a la canasta básica.