ECOSISTEMA NUCLEAR

El Gobierno creará una empresa nuclear mixta para licitar a un privado la operación del reactor RA-10

La CNEA busca un socio privado para operar el reactor que comenzará a producir en 2027. El inversor aportaría unos u$s 200 para la planta de radioisótopos.
Por Ignacio Ortiz
ENERGÍA - 05 de Septiembre, 2026

El Gobierno nacional decidió avanzar en la creación de una nueva empresa dentro del ecosistema nuclear argentino que permitirá a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) licitar a un socio privado la operación del reactor RA-10, proyectado para ingresar en su fase de operación comercial en julio de 2027, explicaron fuentes oficiales a iProfesional

La iniciativa busca replicar el modelo exitoso de Conuar, la firma mixta especializada en la fabricación de elementos combustibles y componentes para reactores, de manera que el Estado conserve la propiedad estratégica de la instalación mientras un operador privado asume los costos operativos e impulsa la proyección comercial internacional de la tecnología argentina.

El ecosistema nuclear argentino combina el desarrollo científico de la CNEA con un entramado de empresas tecnológicas especializadas: Nucleoeléctrica Argentina opera las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse; INVAP lidera la ingeniería y exportación de reactores de investigación y satélites; Conuar fabrica los elementos combustibles para el parque generador; Dioxitek suministra el dióxido de uranio necesario para esos insumos; y ENSI gestiona la producción de agua pesada en Neuquén.

La concreción del RA-10 devolverá a la Argentina a la élite de la tecnología nuclear global, consolidando al país como un jugador de peso en la liga de naciones con capacidad de inferir e incidir en las políticas globales del sector.

Al multiplicar su capacidad de producción y operar un complejo multipropósito de última generación, la Argentina no solo asegurará su soberanía en medicina nuclear e investigación avanzada, sino que achicará la brecha entre su histórico prestigio científico y su participación efectiva en el mercado internacional, afirmándose como un referente tecnológico y comercial estratégico para las próximas décadas.

Cómo será el proceso de integración del capital privado

La CNEA avanzará con una licitación pública bajo el amparo de la vigente Ley 24.804 para capitalizar esta nueva sociedad anónima mediante una concesión. Para este vehículo no se requiere el paso por el Congreso nacional ni la emisión de un decreto presidencial, dado que el marco regulatorio actual prevé esta posibilidad.

Asimismo, la normativa fija que, independientemente del porcentaje accionario que retenga la CNEA, el Estado mantendrá una acción de oro que le otorga poder de veto ante un eventual pretensión de cese de actividades o decisiones críticas sobre el activo.

El inversor privado que resulte seleccionado en el proceso licitatorio deberá asumir la construcción de una nueva planta de procesamiento de radioisótopos, un proyecto cuya inversión se calcula en torno a los u$s 200 millones.

Esta magnitud de desembolso le permitirá al nuevo socio calificar para ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) antes del cierre de la ventana prevista para mediados de 2027, lo que añade un atractivo financiero e impositivo clave para captar capitales de clase mundial en el sector de la medicina nuclear.

Desde el desarrollo de la ingeniería inicial lanzada en 2008 y el comienzo efectivo de las obras en 2011, sumado a la aceleración de obra encarada en 2024 y las tareas pendientes de ejecución, el reactor demandará un desembolso global de u$s 600 millones en capex.

Si bien esta inversión en infraestructura fue asumida íntegramente por el Estado nacional a lo largo de los años, la idea central de la asociación con un privado es garantizar una operación (opex) sin costo para las arcas públicas, al tiempo que la CNEA participará en la distribución de dividendos comerciales generados por las exportaciones.

El cambio de paradigma comercial y presupuestario

Al explicar la necesidad de estructurar un nuevo vehículo corporativo, el secretario de Asuntos Nucleares de la Nación, Federico Ramos Nápoli, tras una recorrida por el predio del Centro Atómico Ezeiza remarcó que se busca abrir oportunidades que hasta hoy permanecían cerradas para el país

Según señaló el funcionario, tras años de demora respecto de los plazos originales, el objetivo central fue consolidar un flujo de caja sano con metas claras: "Con el montaje terminado y el comienzo de las pruebas operacionales, puesta en marcha y licenciamiento, nos preguntamos para qué lo vamos a usar, cómo vamos a maximizarlo y dejar en cabeza de la Comisión la herramienta que le permita seguir proyectando su cooperación técnica", indicó.

Ramos Nápoli sostuvo que la estrategia replica casos exitosos como la proyección del reactor Opal vendido a Australia hace dos décadas, al tiempo que remarcó la importancia de sumar inversión privada para levantar la planta de radioisótopos, un insumo "cuya vida útil se cuenta en horas o días, lo cual va a permitir que la Argentina no solo sea reputada como líder tecnológico sino también comercial".

En ese sentido, Ramos Nápoli enfatizó que el Estado debe optimizar el uso de sus recursos para no ahogar la investigación del organismo rector. "Operar esta máquina grande es caro. Si la Comisión Nacional de Energía Atómica tiene que asumir el costo base de la operación, consumiría recursos que debería estar poniendo en desarrollar nuevas tecnologías y no en sostener algo que ya tiene la madurez suficiente", advirtió el secretario.

Bajo esta línea, el titular del área nuclear planteó el desafío de capturar mercado internacional: "La Argentina es responsable del 10% de todo el entorno de cooperación técnica mundial, sin embargo nuestro mercado nuclear no supera el 0,5% del mundo; la pregunta que nos hacemos es cuánto podemos achicar la brecha entre esos dos porcentajes".

La larga historia del icónico reactor RA-10

La historia del RA-10 se remonta a 2008, cuando la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) lanzó las primeras etapas de ingeniería conceptual con el objetivo central de reemplazar al histórico reactor RA-3 y consolidar la soberanía tecnológica en materia de insumos médicos.

Las obras de construcción comenzaron de manera efectiva en 2011 dentro del Centro Atómico Ezeiza; sin embargo, a lo largo de más de una década la iniciativa atravesó sucesivas interrupciones presupuestarias y reconfiguraciones administrativas que estiraron los plazos de entrega y postergaron en reiteradas oportunidades las fechas estimadas de inauguración.

Hacia 2024, el proyecto requirió una revisión profunda al registrar ritmos de ejecución de apenas 1% mensual, un esquema que amenazaba con proyectar la finalización de los trabajos recién hacia 2030.

Tras un freno estratégico de ocho meses para renegociar los contratos y suscribir una adenda en febrero de 2025 con la empresa estatal INVAP y los proveedores del sector, las tareas recuperaron celeridad. Con un ritmo actual de avance del 2% mensual, la obra acumula un capex global de u$s 600 millones asumido por el Estado nacional, alcanza un 90% de ejecución general y encarará la puesta en marcha nuclear a comienzos de 2027.

El mercado mundial de radioisótopos

El desarrollo del RA-10 cobra relevancia estratégica frente a la dinámica del mercado mundial de radioisótopos, un sector caracterizado por una alta demanda y una oferta concentrada en una red reducida de reactores de investigación envejecidos en Europa y Norteamérica.

Insumos críticos como el Molibdeno-99 -utilizado en el 80% de los procedimientos de medicina nuclear para el diagnóstico de patologías oncológicas y cardiovasculares- sufren periódicos cuellos de botella globales debido a paradas no programadas en las instalaciones existentes, lo que genera una alta volatilidad en los precios y un riesgo constante sobre el abastecimiento de los centros de salud a nivel global.

A este escenario logístico se suma la extrema complejidad de la cadena de valor dado que la vida útil de estos radioisótopos no se mide en meses ni años, sino en horas o días, por lo que la eficiencia en el procesamiento posterior a la irradiación y el despacho logístico resulta tan determinante como la propia operación del reactor.

Con la puesta en marcha del RA-10 y la construcción de la nueva planta de procesamiento -que demandará u$s 200 millones por parte del nuevo socio privado bajo el paraguas del RIGI-, la Argentina estará en condiciones de multiplicar por seis la capacidad de producción del RA-3 y capturar un 20% del mercado mundial de Molibdeno-99.

Un complejo multipropósito de impacto global

Por su parte, el jefe del Proyecto RA-10, Pablo Cantero, precisó las múltiples aplicaciones simultáneas que ofrecerá la nueva instalación, y subrayó que el pilar principal será la producción médica: "Queremos incrementar la capacidad de producción que la Argentina ya maneja para atender la demanda local y mundial, escalando la producción de molibdeno-99 que hoy se produce en el RA-3 entre cinco y seis veces para alcanzar alrededor del 20% de la demanda mundial".

Además, el especialista detalló que el reactor permitirá calificar materiales en aplicaciones de clase mundial, verificar nuevos diseños de combustibles nucleares en núcleo y desarrollar técnicas neutrónicas avanzadas con haces que posicionarán a la ciencia nacional en la vanguardia internacional.

Respecto al camino institucional y técnico que resta recorrer, Cantero detalló los plazos regulatorios previstos para las próximas etapas del proyecto en Ezeiza. "El cronograma prevé la licencia de plantel de operación en octubre, con unos 60 operarios capacitados en seis equipos de 10 personas, para pasar a las pruebas preliminares y la licencia de Puesta en Marcha en lo que resta del año", explicó el jefe del proyecto.

 Asimismo, ratificó un dato ya conocido de que la puesta en marcha nuclear se prevé para comienzos de 2027, con la meta de obtener las licencias de operación productiva a mediados de ese mismo año, asegurando que "esta máquina nos va a permitir mantener esa posición de liderazgo por las próximas décadas y establecernos como referentes".

Reestructuración de obras y cronograma hacia 2027

A su turno, el representante de la CNEA, Martín Porro, repasó el proceso de reordenamiento administrativo y financiero al que debió someterse la obra para evitar un retraso de varios años. "Cuando comenzamos a revisar en 2024 cada una de las etapas, veíamos un avance de obra del 1% mensual que nos ponía cinco o seis años por delante, cerca de 2030, cuando la idea era tenerlo para mediados de 2027", detalló Porro.

Ante este escenario, el especialista explicó que se tomó la decisión estratégica de frenar el proceso durante ocho meses para renegociar el esquema operativo con INVAP y las empresas contratistas, lo que culminó en la firma de una adenda en febrero de 2025 para imprimirle celeridad a las tareas.

Finalmente, Porro destacó el ritmo de avance actual y las metas críticas proyectadas antes de ingresar en la fase comercial. "Mantenemos un promedio de avance del 2% mensual, alcanzando un 90% de avance global, con el 96% en instalación y montaje y el 54% en ensayos preoperacionales sobre 100 tareas supercríticas", afirmó el representante de la CNEA.

El directivo concluyó que este trabajo coordinado permitirá lograr el estado crítico del reactor a principios del año e iniciar el segundo semestre con la rampa de producción definitiva: "Se trata de pasar de la operación a la producción y los resultados, proyectando la plataforma operativa en el mercado internacional de radioisótopos, ensayos en elementos combustibles e irradiación de productos".

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