La "burbuja de deuda" de países crece, espanta a los inversores y marca el rumbo de la crisis mundial
Corría el 2008 y el mundo se encontraba a las puertas de la peor debacle financiera que se recuerde, desde la gran crisis de 1930.
La crisis de hipotecas en Estados Unidos amenazaba con llevarse todo puesto. Envueltos en un mar de incertidumbre, los gobiernos de los países más poderosos tuvieron que reaccionar rápidamente, para así frenar la sangría de quiebras empresariales y desplomes bursátiles, que amenazaban con hacer colapsar el sistema financiero global.
Y el punto más culminante de aquel cimbronazo fue la caída de Lehman Brothers.Eran tiempos difíciles.
Y los bancos centrales se vieron forzados a realizar multimillonarias inyecciones de dinero, más allá de bajar las tasas de interés a cifras irrisorias, nunca vistas anteriormente. El objetivo buscado: dotar de liquidez al sistema, reactivar el crédito y apuntalar el consumo. Pero como nada en la vida es gratis, este accionar de abaratar el dinero y desparramar billetes -que sirvió para ponerle un piso a la crisis- dejó activada una bomba financiera que, a ojos de muchos analistas, es la que comienza a manifestarse por estos días. Sucede que los gobiernos hicieron uso y abuso del déficit fiscal, en sus intentos por lograr cierta estabilidad.
Y volcaron gran parte de esos fondos a la financiación de amplios paquetes de estímulos. Y, a medida que el tiempo fue transcurriendo, comenzaron -poco a poco- a evidenciarse los costos de estas políticas.
En especial, en lo que hace al desmesurado crecimiento de la deuda pública de una larga lista de naciones.Y esto marca una primer gran diferencia entre la actual crisis y la que se diera tres años atrás.
En la de 2008, el Gobierno estadounidense salió al rescate del sector privado, lo auxilió, éste pudo ir saliendo a flote y muchos bancos y empresas pudieron restituir los préstamos estatales.
A punto tal que -hoy por hoy- muchas de estas compañías ya muestran sus balances saneados.
Ahora, la cosa es distinta. Porque no hay sector privado que rescatar. Es la deuda de los propios Estados, la soberana, la que "mete miedo".
Se debe dinero, ¿se tiene con qué pagar?Algo que observan los inversores es que los gobiernos están apelando a más emisión y más deuda de modo tal que, la pregunta del millón, es si no se está echando más nafta a la hoguera. Es como si una familia adeuda dinero y recurre a tomar más préstamos, siendo que sus ingresos no le permiten hacer frente a esos compromisos.
Las cifras son más que contundentes:• Japón adeuda el 230% de su PBI• Grecia, el 152%• Italia, el 120%• Irlanda, el 114%• Estados Unidos, el 100%• Bélgica, el 97%• Portugal, el 91%• Francia, el 88%• Reino Unido, el 83%Pero la lista sigue. La siguiente infografía permite apreciar la magnitud de este problema que afecta a numerosos países:
Sin embargo, no es la cifra en sí la que genera preocupación.
En definitiva, el país nipón debe más del doble de lo que genera pero no genera alarma.
Lo que sí asusta es cómo harán frente a sus compromisos si muestran, además, un pobre crecimiento de sus economías y elevados rojos fiscales.
Se estima que en 2011 el déficit de Estados Unidos alcanzará el 5,7%, el de Francia el 6,0%, el de Italia el 4,3% y el de España, el 6,9 por ciento. "La mayoría de los programas de rescate a los que se echaron mano en años anteriores fueron financiados con la emisión masiva de nuevas deudas que, en algún punto, superaron la cota de la racionalidad. Y eso es lo que en la actualidad tiene en vilo a gobernantes e inversores", señala el analista internacional Pablo Kummetz. En la misma línea, Darío Epstein, presidente de Research for Traders, afirma que "nadie dudó, en medio del caos, en que dicha ayuda era necesaria. Sin embargo, las consecuencias se ven ahora, cuando varios gobiernos se encuentran con que deben hacer frente a la excesiva deuda contraída".Su visión es compartida por el embajador argentino en Francia, Aldo Ferrer, que destaca: "La actual crisis económica en EE.UU. y Europa se originó por sobreendeudamiento".
Y se lamenta porque "se insiste con las mismas políticas de mantener el valor nominal de los activos de la deuda, a través de operaciones de salvataje y de severos ajuste en los países deudores, que tiene un efecto depresivo sobre la actividad económica y el empleo". Para peor, en el caso de las naciones europeas, los rojos fiscales se encuentran muy por encima del permitido (3%) cuando se creó el euro. Y algo similar ocurre con la deuda, ya que su techo era del 60 por ciento.
Pero, obligados por la situación, a los funcionarios no les queda otra que hacer la "vista gorda".
"La gran crisis será la explosión de la bomba del endeudamiento global", vaticinaba a fines de 2010, el analista internacional Paul Farell. Y sostenía que sus consecuencias podían ser aún peores que la de las hipotecas subprime.A punto tal que llegó a calificarla como "la tercera gran burbuja del siglo XXI".
Oriente presta, occidente se endeudaJim Rogers, co-fundador del Quantum Fund con George Soros, advertía: "El mundo va a sufrir varios terremotos en el mercado de las divisas en los próximos años".
Y daba cuenta de la "existencia de desequilibrios gigantescos en la economía mundial".
"Todos los países acreedores están en Asia, con China, Hong Kong, Taiwán e India, mientras que los endeudados están en occidente, como Estados Unidos. Esta clase de desajustes sólo se corrigen a través de una crisis", sentenciaba Rogers.
Mientras dure la confianzaSegún Gabriel Holand, de HR Global, "las políticas de mega-emisiones de dinero, implementadas por las principales economías en años previos, se pueden sostener básicamente mientras dure la confianza de los inversores. Pero esta confianza tiene un límite. Sobre todo si la emisión de deuda sigue sin control".
Para el experto, las "grandes acumulaciones de compromisos asumidos hacen que una economía sea vulnerable a una crisis de confianza".
"De mantenerse el actual ritmo de generación de deuda, no es descabellado afirmar que estamos en presencia del principio de una guerra devaluatoria", apunta Agustín Cramo, analista de mercados internacionales.
De Estados Unidos a Europa, sin escalasLo sorprendente de esta nueva crisis, versión 2011, es cómo los temblores se trasladan, sin escalas, desde Estados Unidos a Europa.
El martes, el epicentro de los rumores era el país de Obama, desde donde tuvieron que salir a calmar a los mercados anunciando que la "tasa cero" y el "dólar barato" se iban a prolongar por dos años.
Veinticuatro horas después los temblores aterrizaron en Francia, ante el temor a la rebaja en su calificación de deuda.
Epstein destaca que en ese país, "el costo de endeudamiento soberano está creciendo considerablemente. Y los inversores desconfían de comprar títulos de otra nación que no sea Alemania".
Y esta incertidumbre no es privativa del país de Sarkozy. Los mercados temen que la "burbuja de deuda" afecte a Italia y a España que representan -nada más y nada menos- que el 30% del PBI de la zona euro.En tanto, bancos como el Societé Générale, BNP Paribas o el Credit Agricole llegaron a hundirse este miércoles hasta un 20 por ciento.
¿Por qué esta caída? Porque, tal como señalara Standard and Poor´s, las entidades francesas figuran entre las más expuestas ante un empeoramiento de la crisis de deuda soberana europea.
"En Europa se está viviendo una situación crítica. Los países de la Eurozona no gozan de una buena salud fiscal. Tienen elevados niveles de endeudamiento y cada vez hay más dudas respecto a la capacidad de pago", destaca Epstein.
A esto se suma la clara falta de liderazgo en la región.
¿Una solución a la argentina?En ese contexto de marcada incertidumbre, una de las pocas cosas que parecen claras es que la solución que se está buscando para aliviar el problema del alto endeudamiento viene, en el caso de Estados Unidos, ligada a una política inflacionaria. Y si alguna nación puede "dar catedra" de cómo recurrir a la desvalorización de su moneda -como mecanismo para licuar deudas- es la Argentina.
Los analistas locales no se muestran sorprendidos por el hecho de que los expertos del hemisferio norte vean a la suba de precios como una de las últimas medidas a mano, luego de agotar la vía del estímulo fiscal."Las medidas implementadas hasta ahora sólo llevaron a un mayor endeudamiento. Es como decirle a un gordo que tiene que comer más para resolver su problema. Estados Unidos lleva tres años con tasas de interés bajas y la economía no reacciona", observa el economista Orlando Ferreres. Y agrega que, ante la falta de resultados de ese "remedio equivocado", el reciente anuncio de garantizar dos años de tasas de interés planchadas va en el sentido de provocar una mayor inflación, como forma de alivio de la deuda."El endeudamiento estadounidense está casi en un 100% del PBI, cuando lo que se considera adecuado es no pasar del 60%. Y bajar eso con un anuncio de una quita produce una reacción adversa", agrega Ferreres.
Y destaca: "Si se genera una inflación de 7% u 8% y la deuda se mantiene estabilizada, implica una baja en términos reales. Es lo que se está buscando ahora, aunque es un camino que puede llevar años antes de llegar al equilibrio".
En la misma línea, Gastón Rossi, especialista financiero de LCG, la firma conducida por el ex ministro Martín Lousteau, apunta que, en un escenario de crecimiento lento del PBI, una inflación en torno de 5% "les servirá para licuar pasivos". Para este analista, la confirmación de la "tasa cero", lejos de sorprender, "era lo esperable".
Con alergia a la deflaciónEl gran interrogante ahora es si, a pesar de todo, esta apertura de grifos monetarios sobre la economía del mundo desarrollado será suficiente.En este sentido, el economista Carlos Melconian advierte sobre los riesgos de festejar antes de tiempo. Porque observa que hasta ahora el mantenimiento de tasas bajas no llevó a una aceleración de los precios ni a una ayuda en la caída del desempleo. "La verdad es que ahora se está en una etapa de prueba y error. Hoy por hoy nadie sabe si garantizar dos años de bajas tasas de interés llevan a la solución del problema", comenta Melconian. Una idea que se repite por estas horas es la del "cambio de paradigma".
Los analistas reconocen que, ante un cambio estructural en la economía mundial, el desafío es recurrir a nuevas vías de solución.
Y ello puede llevar a algunas sorpresas, como que economistas de la línea clásica u ortodoxa pregonen la bonanza de recurrir a la inflación como receta.Es ilustrativo el caso del economista Juan José Llach, que destaca que -en el contexto actual- la suba de precios resulta ser un mal menor, dado que "el costo económico, social y político de una deflación sería aun mayor".También, en el caso europeo, se manifiesta decididamente partidario de una devaluación.
"Piense lo que piense Trichet, es necesario depreciar el euro", indica Llach, para quien, en el caso probable de que no se retome un camino de fuerte crecimiento económico en el Viejo Continente, las alternativas que aparecen a mano llevan a una reestructuración de deuda, algo que define como "un camino argentino más ordenado que aquí".