Acciones tecnológicas inflan las ganancias de inversores: ¿suba genuina o burbuja a punto de estallar?

El índice Nasdaq ha recuperado los niveles de hace 14 años, de la mano de firmas como Apple, Amazon, Linkedin o Google, que apuntan a la innovación
Acciones tecnológicas inflan las ganancias de inversores: ¿suba genuina o burbuja a punto de estallar?

Los inversores y analistas financieros le prestan mucha atención a lo que ellos denominan las barreras psicológicas.

Tal es así que se ponen tensos cuando algún indicador está cerca de perforar un piso, o bien se muestran exultantes cuando superan un determinado umbral.

Algo de esto está ocurriendo con el Nasdaq en Wall Street, que ha venido trepando hasta ubicarse, por primera vez en muchos años, por encima de los 5.000 puntos.

Para llegar a esta marca, el índice que reúne a las empresas tecnológicas duplica el porcentaje de suba tanto del Dow Jones como del índice S&P 500.

Cuando se habla del Nasdaq, se hace referencia a la bolsa de valores electrónica y automatizada más grande de los Estados Unidos, en la que cotizan más de 3.800 compañías con una capacidad de negociación del orden de las 6 billones de acciones diarias.

Más aun, el valor de las 10 principales empresas asciende a los u$s2,6 billones, habiéndose quintuplicado.

Uno de los factores que más incidió en esta suba es que varios de los pesos pesado que lo integran -como Apple, Amazon o Cisco- sorprendieron en sus últimos resultados con beneficios, ingresos y una capacidad de hacer caja más fuerte de lo esperado, lo que explica en gran parte el entusiasmo de los inversores en Wall Street.

Entre las compañías que más fogonean ese impulso ascendente se destaca Amazon, que acumula una ganancia del 20% en sólo dos meses y medio.

Este gigante es seguido por Linkedin (13%) y Apple (12%).

Un poco más abajo aparecen otras de la talla de Adobe o Google (ver cuadro).

Las grandes empresas de este mercado han venido mostrando su capacidad para detectar oportunidades de negocio.

El índice Price Earning
Una de las referencias que analistas bursátiles e inversores tienen muy en cuenta a la hora de saber si la acción de una empresa está cara o barata es el llamado "Price earning" (P/E).

Este indicador surge de dividir el precio de la acción (P) por la ganancia del último ejercicio de la compañía (E).

Se lo suele interpretar como la cantidad de veces que esa ganancia contable "cabe" dentro del precio actual.

En otras palabras, cuántos años con utilidades similares a la registrada se requieren para recomprar ese papel (si el P/E=4, por ejemplo, implica que se necesitarían 4 años).

•Si un papel posee un price earning elevado, ello puede significar que la acción está sobrevalorada (se requiere de mucho tiempo para el recupero).

•En sentido inverso, un price earning bajo puede indicar que está infravalorado o que el recupero de lo invertido es rápido.

Para los inversores, la gran ventaja de esta referencia es que constituye una expresión más confiable que considerar en forma aislada la cotización en un momento dado, ya que la misma puede estar forzada por factores circunstanciales.

En el caso de varias firmas del Nasdaq, este indicador presenta cifras inferiores a los 10 o 15 años, algo que no escapa a los ojos de los analistas.

La excepción a esta regla es Amazon, que tiene un P/E ostensiblemente superior, aunque eso se debe a su estrategia de sacrificar beneficios a cambio de ganar mercado.

Las que más brillan
Uno de los puntales de las fuertes ganancias de este gigante de las ventas online es Amazon Prime Video.

El servicio de streaming video on demand (SVOD), que viene desarrollando desde hace un par de años, convierte a la firma en una de las más fuertes competidoras de Netflix.

La compañía indicó que las suscripciones de pago aumentaron un 53% el año pasado, favoreciendo las ventas del período, que sumaron casi u$s30.000 millones, un 15% más que las de 2013.

En cuanto a Apple, su éxito parece no tener límite: se ha convertido en la empresa más valiosa del mundo, con una capitalización que ronda los u$s770.000 millones.

Los motivos de la suba de los últimos meses se asocian con la comercialización del nuevo iPhone 6, que ha conseguido revalorizar las acciones de la empresa en casi un 60% en los últimos doce meses.

Sus desarrollos e innovación permanente ha llevado a que muchos analistas anticipen que continuarán subiendo.

Los pronósticos hacen referencia a un precio objetivo del orden de los u$s140 por papel. Incluso, algunos analistas prevén una cotización superior.

Uno de ellos es Ben Reitzes, analista de Barclay's, para quien llegará a u$s150, a partir de un flujo de caja que alcanzó los u$s30.500 millones el pasado trimestre, superando en un 40% las previsiones del mercado.

Para otro analista, Jack Hough, "podría trepar hasta los u$s160 o, lo que es lo mismo, generar una rentabilidad del 25% con dividendos".

Finalmente, Carl Icahn (un reconocido inversor que mueve miles de millones), recientemente declaró que deberían cotizar a u$s215, muy por encima de su precio actual.

"Esta es la razón por la que continuamos manteniendo 53 millones de acciones, con un valor de u$s6.500 millones", remarcó.

Por cierto, sus pronósticos son muy tenidos en cuenta. En octubre pasado, cuando los papeles de la firma de la manzanita cotizaban a "apenas" u$s100, afirmó que podrían duplicarse.

Lo cierto es que, con su actual capitalización, Apple aglutina cerca del 10% del valor total del Nasdaq. Un formidable avance si se tiene en cuenta que en el año 2000 apenas representaba el 0,2% del índice.

Otro caso emblemático es el de Linkedin. Su CEO, Jeff Weiner, pronosticó que las ganancias de 2015 superarán las estimaciones de los analistas.

A modo de referencia, sólo en el cuarto trimestre los ingresos de la compañía subieron 45%.

Los analistas elevaron el precio objetivo a u$s280, desde los u$s255. Y, en algunos casos, como lo es el del JP Morgan, lo fijaron en algo más de u$s300.

La popularidad de Linkedin radica en su formato de negocios y en la participación activa de las empresas en esta red. Esto se refleja en sus ventas, que se han incrementado un 50% en los últimos tres trimestres.

Cómo apostar a todas juntas
Una de las alternativas a través de la cual un ahorrista local puede a tener acceso a las acciones de las tecnológicas más representativas es a través de un instrumento de inversión conocido como ETF iShare U.S. Technology (IYW).

Este instrumento reúne a aquellas que se destacan por manejar elevados niveles de liquidez como Apple, Google, Microsoft y Cisco, que conforman el 42% del portafolio de este fondo.

¿Y en Argentina? A simple vista, parecería que comprar acciones de empresas como Apple o Google, entre tantas otras, es un proceso engorroso.

Sin embargo, no es tan así, ya que existe una alternativa bastante sencilla a la que pueden recurrir, como lo es la compra de los llamados Cedears (CErtificados de DEpósitosARgentinos)

Estos instrumentos que cotizan en la Bolsa de Buenos Aires en las mismas condiciones que las de una compañía local, representan acciones de empresas extranjeras 

"Surgieron para facilitarles a particulares y empresas la posibilidad de invertir en compañías del exterior sin que tengan que abrir una cuenta afuera. Comprando Cedear, los inversores se hacen de estos títulos en la Argentina", resumen desde Porfolio Personal.

¿Ante una nueva burbuja?
El avance imparable de muchas compañías es lo que lleva a muchos analistas a preguntarse si no se está en presencia de una segunda gran burbuja.

Más aun si se tiene presente que la tendencia al alza seguirá por un buen rato. Pese a que no deba descartarse ese riesgo, existe un factor que juega a favor de las tecnológicas: están sentadas sobre montañas de dinero cash.

Esto no sólo sucede con Apple -que exhibe una caja de u$s200.000 millones- sino también con Microsoft, Google o Cisco que muestran muy elevados niveles de liquidez.

Precisamente esto marca una gran diferencia respecto de lo sucedido años atrás, en la llamada burbuja de las puntocom.

En ese entonces, las firmas no tenían mucho más dinero que el que recaudaron inicialmente en sus ofertas públicas.

"Los nuevos máximos que está alcanzando ahora el Nasdaq deben ser bienvenidos, ya que ahora hay una mayor comprensión de Internet y de sus posibilidades", señalaron desde Barclay´s. 

Como suele suceder, las burbujas se van inflando y son pocos los que lo advierten, o se anticipan a una posible explosión, al estar enceguecidos con las fuertes ganancias que se logran en momentos de expansión.

Sin embargo, para consuelo de los actuales inversores, existe cierto consenso en que más que una burbuja se está en presencia de una nueva ola más sustentable que surge a raíz de la revolución tecnológica o de conectividad. 

Este es el principal motivo por el cual hay quienes sostienen que esta fiesta se da con "actores más maduros" y no parece destinada a terminar en lágrimas.

Los 5.000 tan temidos
En marzo de 2000 el Nasdaq también había tocado los 5.000 puntos, al igual que en estos días.

Aquel récord no sólo duró un suspiro sino que significó una verdadera maldición para los inversores.

Solo bastó que el tablero electrónico señalara esa cifra para que estallara una de las más grandes burbujas de la historia.

¿Qué fue lo que sucedió? Las acciones se desplomaron luego de que las valoraciones de las compañías, en particular las de incipientes firmas de Internet, subieran en forma descomunal en muy poco tiempo.

El apetito inversor no tenía por entonces límites y buscaba en forma casi desesperada subirse al carro de la revolución web, sin considerar que la gran mayoría de los proyectos eran impulsados por jóvenes inexpertos.

Para suplir esa falencia, tenían que inventar sus propios parámetros de rendimiento, de modo tal de justificar los precios que estaban dispuestos a pagar.

A fines de 1999, las 10 principales del Nasdaq acumulaban un valor de mercado de u$s2,2 billones (millones de millones).

En su afán por ganar más, los inversionistas no repararon en lo importante que era convertir visitantes de una página web en beneficios monetarios.

Sólo se apostaba a las gigantescas ganancias que, prometían los titulares de las empresas, se iban a poder distribuir en poco tiempo. Por cierto, esto nunca sucedió.

El fin de la ilusión borró de un plumazo a cientos de empresas de todo el mundo, hundió los mercados, evaporó billones de dólares y desplomó la confianza de los inversores.

A punto tal que el 9 de octubre de 2002 el índice tecnológico se derrumbó a los 1.100 puntos.

Se debió esperar hasta 2004, cuando salió al mercado Google, para que se comenzara a recomponer un poco el ánimo, tras este capítulo negro de los mercados.