El calvario de Alexis Tsipras: con el plan de ajuste le da la espalda al "no" de los griegos en el referéndum

El primer ministro griego enfrenta una dura realidad, pues se vio obligado a aceptar los duros condicionamientos de sus "socios europeos" 
El calvario de Alexis Tsipras: con el plan de ajuste le da la espalda al "no" de los griegos en el referéndum

La impresionante presión que generó Alemania, con su canciller Angela Merkel a la cabeza, sobre el Gobierno de Grecia enmudeció literalmente el grito de protesta que encarnó el "NO" del pueblo griego en el referéndum del pasado 5 de julio.

Es que el referéndum del pasado 5 de julio resultó fatal para Tsipras, y en lugar de obtener una mejor posición negociadora consiguió una respuesta extrema de Alemania y sus aliados más duros.

Dándole la espalda al mismo, Alexis Tsipras se vio obligado a aceptar varias de las medidas que antes rechazaba en forma categórica y que dieron lugar al cese de las negociaciones a fines de junio. Entre ellas se incluía la reforma de las pensiones y la liberalización del mercado laboral.

Como queriendo justificar lo acordado, el primer ministro afrimó que "Grecia libró hasta el final un combate justo que desembocó en un acuerdo difícil pero que garantiza la estabilidad financiera y la recuperación de su país".

Pero todo incida que las condiciones que debió aceptar para que el Eurogrupo acepte "empezar a negociar" un tercer rescate son incompatibles con el mandato que el referéndum del 5 de julio le había dado al mandatario.

Con estas concesiones, Atenas pretende iniciar las negociaciones formales para obtenerlo a trevés del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que podría superar los 80.000 millones de euros, y cubriría las necesidades de financiación griegas hasta mediados de 2018.

Sin embargo, el acuerdo deja en el aire la financiación a corto plazo, del orden de los €7.000 millones que su país necesita antes de 20 de julio y 5.000 millones antes del 20 de agosto.

Un impago el próximo lunes a la institución dejaría pocas razones técnicas al BCE para no retirar la liquidez de emergencia de la banca griega, cuya solvencia depende en buena medida de activos respaldados por el Estado.

Pero el objetivo a corto plazo es convencerlo de que le facilite nuevos fondos a los bancos griegos o, como mínimo, no la retire por completo. De lo contrario, el sector bancario griego se hundiría y llevaría a Grecia a una salida del euro de facto.

"La gran mayoría del pueblo griego va a apoyar este esfuerzo y seguiremos luchando por las reformas radicales que necesita Grecia", agregó Tsipras tras 17 horas de negociaciones que le permitieron reanudar el diálogo con sus socios para rescatar al país por tercera vez.

Una vez llegado a este punto, ahora se requiere que los legisladores de Syriza aprueben condiciones que considerarían como humillantes si las propusiera cualquier otra fuerza. En síntesis son las siguientes:

  • Privatizaciones. Se pide un programa masivo de ventas de activos del sector público, incluyendo la empresa de energía eléctrica. De esta manera se va mucho más allá de las aspiraciones griegas. Para ello se crearía un fondo de €50.000 millones.
  • Pensiones. La UE exige una ambiciosa reformas del sistema previsional para alcanzar el déficit cero en las cuentas públicas. En la propuesta previa, Atenas aceptaba elevar la edad de jubilación a 67 años y congelar las pensiones hasta 2021. Ahora la exigencia europea es que el Parlamento trate estas medidas antes del miércoles por la noche.
  • Mercado laboral. Se reclaman rigurosas revisiones de los acuerdos colectivos, la política industrial y los despidos masivos. Todo bajo la amenaza de rechazar cualquier iniciativa de intentar volver a políticas del pasado.
  • Sector financiero. El Eurogrupo solicita medidas de fondo para los créditos con riesgo de default. Ello como consecuencia de los serios riesgos que corre el sector financiero de tener que afrontar quiebras masivas y generar una crisis aun mayor, que en definitiva sería la que provoque la salida del euro.

Todo ello se negoció - si así se puede decir - en un contexto en el que la consecuencia extrema era lisa y llanamente la expulsión de Grecia del euro.

En este escenario, el miedo griego a dejar la Eurozona superó ampliamente al miedo alemán a forzarle la salida. Pero la forma a la que se arribó a este frágil acuerdo puede acarrear un enorme costo, tanto político como económico, a una Europa claramente dividida y en la que el eje franco-alemán, que fue a lo largo del tiempo la base de la unión europea, claramente debilitado.

El punto de mayor tensión en la reunión del Eurogrupo se registró cuando el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble se refirió al tema que para muchos era "tabú": la salida de Grecia del euro, aunque fuera solo en forma temporal, es decir durante un periodo de cinco años.

De este modo, Alemania incluía por primera vez en forma oficial en las negociaciones el "Grexit".

Según el Financial Times, la atmósfera de la reunión fue por momentos violenta y llegó a un punto que tuvo que ser suspendida cuando el propio Schäuble "se lanzó a la yugular" de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, durante un "tenso cara a cara".

La bronca entre Schäuble y Draghi no hizo otra cosa que escenificar la ruptura de la troika, con posiciones evidentemente enfrentadas entre los diferentes organismos involucrados.

Francia y su opinión sobre Alemania
A pesar de los continuos esfuerzos de la canciller alemana, Angela Merkel, y del presidente francés, François Hollande de tratar de demostrar cierto nivel de cohesión en sus decisiones, es cada vez más evidente que existencia de diferentes visiones sobre la crisis de Grecia.

Incluso desde París se filtró que "la mala fe llegó ahora desde los acreedores", una postura que parece compartir Italia, el otro gran defensor de Grecia ante el conjunto de países que exige mano cada vez más dura con Tsipras.

En el mismo se anotan Holanda, Finlandia, España y Portugal, así como de miembros más pequeños como los países bálticos, Eslovenia o Eslovaquia.

Nada mejor para ilustrar el drama de la fractura de la Eurozona que la postura de Luxemburgo. Se trata de un país con finanzas saneadas y tradicionalmente alineado con Alemania, que advirtió que empujar a Grecia fuera de la Eurozona traería un "conflicto profundo" con Francia y sería una "catástrofe para Europa".

Jean Asselborn, ministro de Exteriores del país, advirtió que "sería fatal para la reputación de Alemania en la Unión Europea y en el resto del mundo" no aceptar la oportunidad que supone la oferta de reformas y recortes de Grecia.

El gran derrotado
Diversas fuentes que participaron de las reuniones sostienen que Alexis Tsipras parece haber capitulado completamente luego de 22 horas de duras negociaciones, y para peor ahora enfrenta el riesgo de que su cabeza sea la próxima en rodar.

De hecho, el propio primer ministro heleno admite en privado que teme la reacción en su propio país. Fuentes diplomáticas europeas aseguran que es muy difícil que en tres días se apruebe todo lo exigido, y Tsipras va a tener extremadamente complicado vender sus pequeñas victorias, como el mantenimiento en Grecia del fondo de 50.000 millones para aplicar a activos públicos para devolver préstamos y reducir la deuda. Porque lo que hace tres semanas era "chantaje" ahora se tranformó en un paquete todavía más duro.

El primer ministro heleno aseguró a los "socios europeos" que logrará mantener la unidad de su partido en el Parlamento y que las medidas que debe aprobar antes del miércoles, seguirán adelante, y dijo incluso estar dispuesto a cambiar a los ministros que se opongan a las medidas.

La mirada crítica de Krugman
Paul Krugman, premio Nobel de Economía y profesor de Princeton, un gran crítico de las políticas de austeridad en general y de Alemania en particular, aseguró que el proyecto europeo podría estar herido de muerte.

Krugman sostiene que el acuerdo "va más allá de la dureza, es pura ansia de venganza, es la completa destrucción de la soberanía nacional y no hay esperanzas de alivio".

El Nobel de economía sostiene que la última oferta "probablemente está pensada para que Grecia no pueda aceptarla, pero incluso así, es una traición grotesca de todo aquello que se supone que defiende el proyecto europeo".

Aseguró además que es difícil que haya una solución, a pesar de los esfuerzos de Mario Draghi, presidente del BCE, y François Hollande, presidente francés. Y sus ataques van directamente a Alemania, en quien asegura ya no se puede confiar. "¿Quién volverá a confiar en las buenas intenciones de Alemania después de esto?".

Por todo ello, Krugman puntualiza: "el proyecto europeo, un proyecto que siempre he alabado y apoyado, recibió un golpe terrible, quizás fatal. Y da igual lo que pienses de Syriza o de Grecia, no fueron los griegos los que lo han hecho".

Elecciones anticipadas
En medio de esta crisis, el ministro de Trabajo griego, Panos Skurletis, anunció que habrá elecciones anticipadas este año y que hasta entonces o bien habrá un Gobierno de amplia coalición o bien se buscarán apoyos puntuales de la oposición para poder aplicar las reformas acordadas con la eurozona.

"En este momento hay un problema con la mayoría gubernamental", señaló  Skurletis en alusión a las disidencias internas que provocó la negociación con los socios europeos.

El ministro de Finanzas, Euclides Tsakalotos, el sábado apenas obtuvo un mandato parlamentario para negociar gracias a un fuerte apoyo de los partidos de la oposición, pues entre las filas de Syriza hubo 17 diputados que o bien se abstuvieron (8), se ausentaron (7) o incluso votaron en contra (2), lo que impidió al Gobierno obtener la mayoría propia.

Entre las abstenciones figuraron el ministro de Energía y portavoz de la plataforma radical de Syriza, Panayotis Lafazanis, y el ministro adjunto de Seguridad Social, Dimitris Stratulis. Se espera que estos dos ministros tengan que dimitir en breve, pues no respaldaron plenamente al Gobierno.

El acuerdo "no nos representa"
"No puedo culpar a quien se vea incapaz de decir 'sí' a este acuerdo", afirmó Skurletis, antes de invitar a dimitir a los dos diputados que rechazaron la propuesta.

"No estamos intentando que parezca mejor de lo que es, y lo decimos claramente: este acuerdo no nos representa", añadió Skurletis.

Por su parte, el portavoz parlamentario de Syriza, Nikos Filis, aboga por que las medidas sean aprobadas con el apoyo de los diputados del partido de Gobierno, ya que lo considera la manera más justa de legislar.

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