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¿ante una crisis global?

El desplome sin freno de la lira turca arrastra a las economías emergentes

El desplome sin freno de la lira turca arrastra a las economías emergentes
El efecto dominó de la crisis turco-estadounidense evidencia sobre todo el nivel de vulnerabilidad frente al dólar de las monedas de economías emergentes
14.08.2018 08.37hs Finanzas

La moneda turca se despeña como un canto rodado sobre una empinada pendiente. Este lunes continuó su caída libre a causa de la huida de capitales y de una disputa económica y diplomática del gobierno de Ankara con la Casa Blanca de Donald Trump.

En rigor, las pérdidas para la lira turca alcanzaron en la última semana un cuarto de su valor y, desde inicio de año, superan el 40%. La caída de este lunes profundiza el camino descendente iniciado el viernes, cuando la divisa -que llevaba meses depreciándose- se derrumbó más de un 20% tras el anuncio de nuevos aranceles impuestos por EE.UU. a las importaciones turcas de acero. También se vieron afectados los mercados de bonos y de acciones.

Desde el rand sudafricano al peso argentino, pasando por el real brasileño o el rublo ruso, la mayoría de las divisas emergentes se hunden desde hace una semana por el desplome de la lira turca, prueba de la vulnerabilidad de estas economías muy dependientes de los capitales externos.

El punto es que una crisis entre Washington y Ankara, que primero era política y luego devino diplomática, se extendió al terreno económico. Inicialmente, el gobierno de Trump pidió a su colega Recep Erdogan que liberara al pastor estadounidense Andrew Brunson, detenido en 2016 en Turquía bajo cargos de terrorismo y espionaje.

El líder turco se negó. El magnate republicano, sin temblar, subió los aranceles a la compra de acero turco, tras lo cual Erdogan acusó el fin de semana a Estados Unidos de haber declarado una “guerra económica” a su país y amenazó con buscar nuevos amigos y alianzas.

Este lunes volvió a mostrarse desafiante y criticó a Washington por la imposición de aranceles. “No puedes dormir toda la noche, levantarte una mañana y decir ‘Voy a imponer este arancel al acero y al aluminio’”, dijo durante un encuentro con embajadores en Ankara.

“Por un lado trabajas con nosotros en la OTAN y luego intentas disparar a tu aliado estratégico en la espalda. No podemos aceptarlo”, dijo el líder turco, quien instó a sus conciudadanos a cambiar sus ahorros en dólares, euros y oro por liras.

El mercado tomó nota del cruce. Y se recostó del lado del capital más poderoso, acentuando la debacle de la divisa otomana, aun cuando Ankara se cuidara de aclarar que no retendría depósitos bancarios (una suerte de “corralito”) ni intervendría en las tenencias de moneda extranjera.

Aunque la lira turca está en primera línea, otras divisas emergentes entraron en la tormenta. En una semana, el rand sudafricano y el rublo ruso perdieron un 8% ante el dólar, alcanzando ambas su nivel más bajo desde hace dos años. La misma tendencia que siguió el real brasileño (-4%) y el peso argentino, que cedió un 8,6% desde el lunes pasado. El índice MSCI que reagrupa a una veintena de divisas emergentes cayó a su nivel más bajo en un año.

El efecto dominó de esta crisis turco-estadounidense evidencia sobre todo el nivel de vulnerabilidad frente al dólar, y más de manera general, frente a los inversores extranjeros de las economías emergentes.

La rupia indonesia, por ejemplo, está en su nivel más bajo frente al dólar desde octubre de 2015, después de que el país anunciara el fin de semana pasado su mayor déficit de cuentas corrientes desde hace cuatro años, un indicador de la dependencia de Indonesia de la financiación extranjera. En siete días cayó un 1,59%.

“El contexto actual es cada vez más preocupante para los emergentes”, señaló el economista sudafricano Gavin Keeton en el diario Business Day. Desde principios de año y la aceleración del aumento de los tipos de interés en Estados Unidos, la divisa de Sudáfrica se resiente.

El fin de la política monetaria estadounidense complaciente penaliza en primer lugar a estos países, que se financian en los mercados internacionales para incentivar su crecimiento y su desarrollo, mostrando su fragilidad interna. Los inversores extranjeros prefieren migrar al mercado estadounidense, más lucrativo, y abandonan los mercados emergentes.

Este mecanismo crea un círculo vicioso: la divisa local pierde terreno frente al dólar, el costo de las importaciones aumenta de manera automática y con éste la inflación, lo que sólo anima a los inversores extranjeros a recuperar lo invertido, según consigna Clarín.

“Las amenazas proteccionistas de Trump, que van necesariamente en contra de la perspectiva de crecimiento de los intercambios mundiales, son de igual manera nefastas para el mundo emergente”, comentó para la AFP la economista Véronique Riches-Flores. “Si a eso se le suma la subida de los tipos de interés en Estados Unidos, nos encontramos con un conjunto que se vuelve muy negativo y autodestructor”, sostuvo al explicar aspectos del problema

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