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Día negro: "5-0-8", el fatídico número que un 19 de octubre hizo colapsar a Wall Street

Día negro: "5-0-8", el fatídico número que un 19 de octubre hizo colapsar a Wall Street
Fue la mayor caída en un solo día de la Bolsa de Nueva York y sus efectos se extendieron a todos los mercados bursátiles del mundo
Por Ruben Ramallo
18.10.2020 14.53hs Finanzas

Cuenta la leyenda que el 19 de octubre de 1987, el por entonces flamante presidente de la Reserva Federal de los EE.UU., Alan Greespan, voló desde Washington a Dallas para asistir a una reunión de la Asociación de Banqueros de su país.

Al descender del avión le preguntó a un asistente cuanto había caído la Bolsa y este le contestó con un lacónico "cinco, cero, ocho", que considerando lo que venía sucedido, lo tomó con cierto alivio, pues interpretó que la baja era del 5,08%.

Pero la realidad era muy distinta, pues el derrumbe había sido de 508 puntos, que equivalían al 22,6%, marcando la mayor caída de la historia, superando incluso lo sucedido en los peores días de la crisis del 30, por lo que desde ese entonces se lo denominó como "Lunes negro".

Esta espectacular caída de la Bolsa de Nueva York se debió a que miles de inversores entraron en pánico y salieron a vender 550 millones de sus acciones en un solo día, asumiendo pérdidas cercanas a los 500.000 millones de dólares.

 

Con esta "corrección" se anuló en una sola sesión bursátil buena parte de las ganancias que se habían acumulado durante cinco años de subas consecutivas en la Bolsa de Nueva York.

"El mercado estaba muy caro y estaba buscando alguna excusa para reaccionar", comentaba John Phelan, el que fuera presidente del New York Stock Exchange (NYSE).

El "lunes negro" tuvo su prólogo el viernes precedente, cuando el Dow Jones perdió el 4,6 % ó 108 puntos en medio de un clima de temor a una devaluación del dólar, pero nadie imaginaba entonces lo que sucedería en la siguiente rueda.

La caída comenzó en Hong Kong y por diferencias horarias primero se propagó a Europa y, por último, a Estados Unidos

Hacia fines de octubre, el principal mercado asiático había caído un 45,8 %, Australia un 41.8%, el Reino Unido un 26,4 %, Estados Unidos un 22,6 % y Canadá un 22,5 % y en todos los casos, tardaron varios años en recuperarse.

 

Cuentan las crónicas de la época que un fallo en el recién instalado mercado electrónico y en el mercado de derivados fueron la chispa que dispararon las alarmas. Fue la excusa.

 Lo curioso del caso es que se siguen discutiendo sus causas sin llegar a respuestas concluyentes. Entre ellas se mencionan:

• Elevado apalancamiento del mercado bursátil

• Déficit comercial récord

• Alza de tasas a causa de la elevada inflación,

• La guerra Iran-Irak y el consecuente problema de suministro de petróleo, y

• Problemas en el mercado inmobiliario.

• Avance de Japón como rival económico potencial

 El escritor Justin Martin en su obra "Greenspan, el hombre detrás del dinero", sostuvo que ese día Warren Buffett perdió u$s347 millones; Bill Gates, u$S255 millones y la familia de Sam Walton, fundador de los almacenes Wal-Mart, nada menos que 1.750 millones de dólares.

Al igual que los inversores, la FED entendió que no había tiempo que perder. Greenspan suspendió la conferencia en Dallas e insistió en la necesidad de difundir un comunicado oficial.

Breve, pero directo: "La Reserva Federal, de acuerdo con sus responsabilidades como banco central de la nación, ha afirmado hoy su disponibilidad para servir como fuente de liquidez con el fin de apoyar el sistema económico y financiero". Este lacónico mensaje calmó los ánimos ya que a diferencia de 1929, cuando la dura actuación de la FED agravó la crisis, la institución dijo que estaba preparada para actuar como prestamista de último recurso.

En paralelo, tras negociar para que Wall Street siguiera en pie y para evitar un desastre mayor, bajó las tasas de interés, lo que resultó clave para atajar el problema. El temor a que el Lunes Negro degenerara en otra Gran Depresión se desvaneció en meses.

"Contrariamente a los miedos iniciales, la economía se mantuvo firme, con un crecimiento del 2% en el primer trimestre de 1988 y un acelerado 5%o en el segundo. A comienzos de 1988 el Dow se estabilizó en torno a los 2.000 puntos, de vuelta a los niveles a los que había empezado 1987, y las acciones reemprendieron un modesto, pero más sostenido paso alcista", relata Greenspan.

El lunes negro de 1987 fue un cisne negro, en la terminología de Nassim Taleb, es decir un acontecimiento imprevisto con las consecuencias de un terremoto, sólo que debido a la acción del hombre.

¿Por qué tiene interés este aniversario? Porque aquello fue como una tormenta en un cielo estrellado que llegó sin anuncio previo. Y por la reflexión que solía hacer el economista e historiador de las crisis financieras, John Kenneth Galbraith, cuando recordaba que la sabiduría económica solo dura una generación y luego se vuelven a cometer los mismos errores. Algo de razón tenía, como se pudo comprobar luego, en 2000 con las punto.com, la crisis de las hipotecas subprime en 2008, entre otras.

Finalmente, en un artículo publicado en enero de ese año en la revista The Atlantic, Galbraith afirmó que "Llegará el día de rendir cuentas, cuando el mercado descienda como si nunca fuera a detenerse".

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