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A 20 años: ex director del Banco Central justificó el "corralito"

Dijo que esa medida apuntaba a reestablecer la liquidez del sistema bancario. Cuestionó el "desastre" que se hizo durante el Gobierno de Eduardo Duhalde
Por iProfesional
03/12/2021 - 13,15hs
A 20 años: ex director del Banco Central justificó el "corralito"

El ex director del Banco Central Horacio Liendo consideró que el "corralito" fue necesario porque el sistema bancario "estaba con baja liquidez y, en consecuencia, había que reestablecerla".

El 2 de diciembre de 2001, el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo dispuso que los ahorristas sólo podían retirar hasta $250 de sus cuentas de los bancos. Pocos días después, esa medida provocó un dramático estallido social, que puso fin a la Convertibilidad, el plan que también había diseñado Cavallo.

"El corralito solo ponía limitaciones al efectivo y no era un control de cambios. También limitaba las transferencias al exterior, salvo el comercio exterior o el normal movimiento de capitales. Es que el sistema bancario estaba con baja liquidez y, en consecuencia, había que reestablecerla", afirmó Liendo, un abogado especializado en reestructuración de deuda.

En declaraciones al programa "Alguien tiene que decirlo", que se emite por Radio Rivadavia, el ex funcionario comentó que "todo el movimiento (que impulsó la puesta en marcha del corralito) se había generado por una gran desconfianza alimentada por hechos institucionales", que derivaron en la renuncia del ex presidente Fernando De la Rúa.

Desastre posterior

En aquel momento, "el país estaba en una situación financiera delicada, por una corrida muy importante. En el segundo semestre de 2001 salieron unos U$S 16.000 millones de los bancos y las entidades estaban muy preocupadas por quedarse sin liquidez", recordó Liendo. Y puntualizó que la Argentina "estaba además en una reestructuración de la deuda, que se realizaba en dos fases: una con los acreedores locales, sobre todo los bancos, que se terminó el 14 de diciembre de ese año; se postergaron los vencimientos por tres años y se bajaron las tasas de interés en un 30%".

"La otra fase fue con los bonistas internacionales. Cavallo seguía la evolución de los depósitos y me pidió que lo ayudara con la reestructuración de la deuda, que fue muy exitosa", añadió. Por último, Liendo cuestionó el "desastre" que se hizo durante el Gobierno de Eduardo Duhalde, que le puso fin a la Convertibilidad.

Qué sucedió ese día

Hace exactamente 20 años, el 3 de diciembre de 2001, se anunciaba el paquete de medidas que luego se bautizó como "corralito", y que a la postre significaría un golpe mortal para el gobierno que encabezaba el Dr. Fernando De la Rúa.

La magnitud de la medida fue tal que en cuestión de semanas se desencadenó la llamada crisis del 2001, que llevó a la renuncia del ministro de Economía Domingo Cavallo y del presidente De la Rúa, y a una situación de disolución e inestabilidad social y política que se extendería durante varios años.

La decisión que adoptó Cavallo no fue otra cosa que "clausurar" las puertas del sistema financiero para evitar la quiebra masiva de bancos, luego que a lo largo de ese año perdieran nada menos que unos 18.000 millones de pesos/dólares de depósitos, de los cuales el 20% salieron en apenas dos días.

En la práctica lo que se restringió fue la libre disposición de dinero en efectivo proveniente de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros

Domingo Cavallo, protagonista de un momento clave de la historia económica argentina

Previo a esta medida, el viernes 30 de noviembre se anunciaba la implementación masiva de medios de pago electrónico, que tenían como fin disminuir el uso de efectivo, con el fin de evitar la evasión impositiva y alentar la bancarización masiva de la población.

El Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) firmado por De la Rúa limitaba en el caso de las personas físicas o jurídicas:

1. Los retiros en efectivo que superen los doscientos cincuenta pesos ($250) o doscientos cincuenta dólares estadounidenses (u$s250) por semana, por parte del titular, o de los titulares que actúen en forma conjunta o indistinta, del total de sus cuentas en cada entidad financiera.

2. Las transferencias al exterior, con excepción de las que correspondan a operaciones de comercio exterior, al pago de gastos o retiros que se realicen en el exterior a través de tarjetas de crédito o débito emitidas en el país, o a la cancelación de operaciones financieras o por otros conceptos, en este último caso, sujeto a que las autorice el Banco Central de la República Argentina.

En tanto que las entidades bancarias tenían prohibido desde su implementación, lo siguiente:

1. Realizar operaciones activas, es decir préstamos, denominadas en pesos, ni intervenir en el mercado de futuros u opciones de monedas extranjeras, ni arbitrar directa o indirectamente con activos a plazo en pesos. Las operaciones vigentes podrán convertirse a dólares estadounidenses con el consentimiento del deudor.

2. Ofrecer tasas de interés superiores por los depósitos denominados en pesos, respecto a las que ofrezcan por los depósitos denominados en dólares estadounidenses.

Lo que se intentaba era evitar la extracción masiva de depósitos bancarios y la especulación sobre una posible salida de la convertibilidad sin detener el movimiento económico interno, que podía continuar (teóricamente al menos) a través del uso de la tarjeta de débito para la adquisición de bienes y servicios, incluso con beneficios tales como la devolución de entre 3 y 5 puntos del IVA para dichas transacciones, buscando no solo reducir las extracciones bancarias sino aumentar la recaudación de dicho impuesto -entre otros -.

El impacto de estas medidas fue de tal magnitud que posteriormente el término "corralito" se empezó a usar en todo el mundo para hacer referencia a la inmovilización de los depósitos realizada por el gobierno de cualquier país.

En cuanto al origen del término, es atribuido al periodista Antonio Laje, que en el programa programa televisivo Después de hora, conducido por Daniel Hadad, utilizó el término para referirse a la medida gubernamental.

El periodista buscó destacar mediante una analogía la forma en que el Gobierno restringía una de las libertades esenciales de los usuarios de cualquier sistema bancario: la de poder sacar sus fondos en cualquier momento.

 

Cómo se llegó a esta decisión

En enero de 2001 los bancos contabilizaban depósitos por u$s85.000 millones, pero en solo tres meses perdieron unos u$s5.000 millones, producto de la desconfianza de la población y de la inestabilidad económica reinante.

Como consecuencia de ello, José Luis Machinea presentó su renuncia como ministro de Economía y fue remplazado por Ricardo Lopez Murphy, aunque solo mantuvo el cargo por apenas dos semanas, ya que se debió alejar del mismo por desaveniencias dentro de la coalición gobernante. En su lugar asumió Domingo Cavallo, quien ocupó el puesto que mantendría hasta fines de año.

Más allá de los nombres, la situación económica y política se fue complicando y hacia mediados de año la presión de los vencimientos de la deuda era insostenible por lo que se le solicitó ayuda al Fondo Monetario Internacional y a un conjunto de bancos privados, que acordaron el denominado "Megacanje" por un total de u$s29.500 millones.

Pese a la magnitud de la cifra, la recesión iniciada en octubre de 1998 y la creciente fuga de capitales no cesaban, al tiempo que crecía el descontento social debido a las medidas de ajuste que formaban parte de las condiciones solicitadas por el FMI a cambio de su ayuda.

Ante esta situación, en julio el Congreso sancionó la Ley 25.453 de "Déficit Cero" y en agosto la Ley 25.466 de "Intangibilidad de los depósitos", que en su párrafo más significativo expresaba que "el Estado nacional en ningún caso, podrá alterar las condiciones pactadas entre el/los depositantes y la entidad financiera, esto significa la prohibición de canjearlos por títulos de la deuda pública nacional, u otro activo del Estado nacional, ni prorrogar el pago de los mismos, ni alterar las tasas pactadas, ni la moneda de origen, ni reestructurar los vencimientos, los que operarán en las fechas establecidas entre las partes".

Pese a estos y otros intentos de paliar la crisis, la realidad mostraba un grado tal de deterioro de los indicadores que no hacía otra cosa que presagiar lo que luego sucedió.

Por ejemplo, en octubre, el desempleo fue récord: 4,8 millones de desocupados, representando a un 18,3% de la población activa, un porcentaje que se elevaba al 35% si se consideraban los subocupados, con una deuda pública que llegaba a 132.000 millones de dólares.

En cuanto a los datos de noviembre, previos al estallido de la crisis, éstos eran devastadores, pues se registraron caídas del 11,6% en la industria; 18,1% en la construcción, 27,5% en la industria automotriz, etc.

En ese momento el riesgo país fue el más alto de la historia, cuando superó los 5.000 puntos básicos y la salida de depósitos alcanzó los 5.543 millones de pesos/dólares, la mayor salida mensual de toda la historia Argentina.

Cuando se publicó el DNU ese fatídico 3 de diciembre, los depósitos habían caído a u$s67.000 millones.

La consecuencia inmediata fue que al restringir bruscamente la liquidez monetaria estas medidas ahogaron todo movimiento económico, paralizando el comercio y el crédito, rompiendo las cadenas de pago y asfixiando a la "economía informal o no formal", lo cual llevó a enormes manifestaciones de ahorristas frente a los bancos, reclamando por sus ahorros.

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