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ALERTA

Alerta máxima: China acelera la salida de bonos de EE.UU. y J.P. Morgan anticipa un derrumbe total

El gigante asiático redujo su tenencia de deuda de EE.UU. a niveles de 2008. Expertos del NYSE advierten por una fractura en el orden económico global.
27/01/2026 - 12:05hs
china

La relación económica más importante del siglo XXI atraviesa su momento más crítico y peligroso. China ha decidido acelerar su salida de los activos estadounidenses, marcando un punto de no retorno en la geopolítica actual. Según los últimos datos del Tesoro de los Estados Unidos, las tenencias de Pekín cayeron a los 682.600 millones de dólares.

Este retroceso no es una simple fluctuación de mercado ni una decisión puramente técnica. Representa el nivel más bajo de exposición desde la crisis financiera global del año 2008. Los analistas internacionales coinciden en que estamos ante una verdadera "guerra fría financiera" que busca la independencia absoluta. Pekín ya no confía en la seguridad jurídica de los activos denominados en moneda estadounidense.

La estrategia de desdolarización se ha convertido en una política de Estado para el presidente Xi Jinping. El gigante asiático busca blindar sus reservas ante posibles sanciones similares a las aplicadas contra Rusia. Cada bono vendido es una señal de que el gigante asiático se prepara para un escenario de mayor confrontación. Washington observa con creciente preocupación cómo su mayor acreedor histórico le da la espalda de forma sistemática.

Este movimiento genera una presión alcista en las tasas de interés de los bonos del Tesoro. Al haber menos compradores dispuestos a sostener la deuda, el costo del financiamiento para EE.UU. tiende a subir. La estabilidad del sistema financiero global depende, en gran medida, de quién ocupará el vacío dejado por los capitales chinos. La ruptura ya es un hecho y las consecuencias apenas comienzan a vislumbrarse en los mercados.

Radiografía del abandono: ¿Por qué Pekín suelta el "oro" de EE.UU.?

Existen razones estructurales que explican por qué China ya no considera a los bonos americanos como el "refugio seguro" por excelencia. La deuda pública de Estados Unidos ha crecido de manera exponencial, superando el 120% de su Producto Bruto Interno. Este desequilibrio fiscal genera dudas sobre la capacidad de pago a largo plazo de la principal economía del mundo. El pago de intereses ya supera el billón de dólares anuales, una cifra que asusta a cualquier inversor.

Además, la inflación persistente en Norteamérica ha erosionado el valor real de estos instrumentos de deuda. Pekín prefiere diversificar su cartera hacia activos tangibles que mantengan su poder adquisitivo en el tiempo. La volatilidad política en Washington también juega un rol determinante en esta toma de decisiones estratégicas. Los cambios constantes en la política arancelaria y comercial han dinamitado la confianza mutua entre ambas naciones.

El uso del dólar como "arma" financiera en conflictos internacionales ha sido el detonante final. China ha tomado nota de cómo las reservas rusas fueron congeladas por el sistema financiero occidental. Esta lección impulsó a los líderes chinos a buscar una autonomía que los proteja de medidas similares. No quieren que su riqueza nacional dependa de la voluntad política de un gobierno rival.

Por otro lado, la economía interna china enfrenta sus propios desafíos y necesita liquidez inmediata. El sector inmobiliario y la desaceleración del consumo exigen recursos que antes se destinaban a financiar el déficit estadounidense. Vender bonos del Tesoro permite a China inyectar capital en sus propios motores de crecimiento tecnológico. Es un cambio de prioridades donde la seguridad nacional prevalece sobre el rendimiento financiero tradicional.

El avance de los rivales: Japón y el Reino Unido toman la posta

Mientras China se retira, el mapa de los acreedores de Estados Unidos está sufriendo una transformación radical. Japón se mantiene firme como el principal tenedor extranjero de deuda estadounidense, con más de 1.2 billones de dólares. A pesar de sus propios problemas económicos, Tokio sigue siendo el aliado financiero más fiel de Washington en Asia. Sin embargo, esta dependencia también coloca a los japoneses en una posición de vulnerabilidad ante los cambios de tasas.

El Reino Unido ha sorprendido a los mercados al consolidarse en el segundo puesto de esta lista global. Sus tenencias han escalado hasta los 888.500 millones de dólares, superando ampliamente la capacidad de fuego de Pekín. Londres se posiciona como el gran puente financiero entre Europa y América en este nuevo orden. Esta redistribución del poder crediticio muestra un alineamiento más marcado entre las potencias occidentales tradicionales.

Países como Canadá, Bélgica y Luxemburgo también han incrementado su participación en el mercado de bonos soberanos. Este fenómeno compensa, al menos parcialmente, la masiva salida de capitales provenientes de las arcas chinas. No obstante, la calidad y la intención de estos nuevos compradores son diferentes a las de un banco central soberano. Muchos de estos movimientos responden a fondos de inversión y gestoras de activos con objetivos de corto plazo.

La concentración de la deuda en manos de aliados cercanos le da a EE.UU. un respiro político momentáneo. Pero el mercado se pregunta cuánto tiempo más podrán estos países absorber el creciente déficit fiscal americano. La ausencia de China deja un hueco de liquidez que no es fácil de llenar de manera sostenible. El equilibrio de fuerzas en el tablero financiero internacional está en plena fase de reconfiguración.

La mirada de Wall Street: qué dicen los gigantes bancarios

Los principales bancos de inversión han comenzado a bautizar este fenómeno como el "Sell America" trade o la venta masiva de activos estadounidenses. Expertos de J.P. Morgan advierten que la correlación tradicional entre el dólar y los bonos se ha roto. Según sus informes, los inversores globales están exigiendo una prima de riesgo más alta para mantener deuda de EE.UU. Esto refleja una pérdida de confianza en la institucionalidad financiera de la primera potencia mundial.

Por su parte, los analistas de Bank of America (BofA) subrayan que el mercado está entrando en una fase de fragmentación extrema. Consideran que la venta de bonos por parte de China es un síntoma de un mundo multipolar en formación. Para el banco, esto obligará a los inversores a buscar refugios alternativos que no dependan exclusivamente del sistema SWIFT. La incertidumbre institucional en Washington es vista hoy como un riesgo mayor que la inflación misma.

Desde Morgan Stanley, los economistas sugieren que esta tendencia de desinversión china es irreversible en el corto plazo. Plantean que la guerra comercial se ha trasladado definitivamente al campo de los capitales y las monedas. El banco estima que el dólar seguirá perdiendo terreno como moneda de reserva global de forma gradual pero constante. La cautela es la palabra de orden en las mesas de operaciones de los grandes fondos de cobertura.

Finalmente, en Goldman Sachs observan que este movimiento presiona a la Reserva Federal a mantener tasas más altas. Sin el flujo constante de capital chino, el mercado interno debe absorber una oferta de bonos cada vez más voluminosa. Esto encarece el crédito para las empresas y las familias estadounidenses de manera directa. Wall Street entiende que las reglas de juego han cambiado y que la vieja normalidad no regresará.

El plan B de Xi Jinping: oro y soberanía tecnológica

Para compensar la salida de los bonos del Tesoro, China ha volcado sus recursos hacia el oro. El Banco Central de China ha aumentado sus reservas del metal precioso durante trece meses consecutivos de manera ininterrumpida. Esta acumulación busca dar un respaldo sólido y tangible a su moneda nacional, el yuan. El oro ofrece una protección soberana que ningún activo digital o financiero puede garantizar totalmente.

Pekín también está invirtiendo fuertemente en su propia capacidad de innovación y desarrollo de servicios. El objetivo es alcanzar la independencia tecnológica absoluta en áreas críticas como los semiconductores y la inteligencia artificial. De esta forma, China reduce su necesidad de importar tecnología clave desde Occidente y utiliza sus dólares para este fin. La prioridad es construir una economía blindada que pueda resistir cualquier intento de aislamiento externo.

El desarrollo del yuan digital es otra pieza fundamental en esta estrategia de "guerra fría" financiera. China busca crear un sistema de pagos internacional alternativo que no dependa de la infraestructura bancaria controlada por EE.UU. Al fomentar el uso de su moneda en el comercio con Rusia, Brasil y Medio Oriente, debilita la hegemonía del dólar. Es un ataque directo al corazón del poder económico estadounidense desde múltiples frentes coordinados.

Los recursos que antes financiaban el consumo americano ahora se dirigen a la infraestructura de la "Ruta de la Seda". China prefiere prestar dinero a naciones emergentes a cambio de acceso a recursos naturales y materias primas estratégicas. Este cambio de enfoque le otorga una influencia geopolítica que los bonos del Tesoro simplemente no podían ofrecerle. La visión de Pekín es clara: menos papel moneda estadounidense y más activos reales bajo su control.

Consecuencias globales: ¿Hacia un mundo sin el dólar como rey?

La retirada de China de la deuda estadounidense marca el inicio de una era de mayor inestabilidad para el dólar. Si bien la divisa norteamericana sigue siendo la más utilizada, su dominio absoluto está siendo cuestionado por primera vez en décadas. Otros países podrían seguir el ejemplo de Pekín si perciben que sus ahorros corren riesgos políticos en Washington. Un mundo con múltiples monedas de reserva es una posibilidad que los economistas ya no descartan.

Para el ciudadano común, esto se traduce en una mayor volatilidad en los precios de las materias primas y los combustibles. Un dólar más débil o cuestionado puede generar desajustes en el comercio internacional y en la inflación global. Los mercados emergentes son los que más sufren ante estos cambios bruscos en el flujo de capitales globales. La seguridad financiera tal como la conocíamos está mutando hacia un terreno desconocido y mucho más complejo.

Estados Unidos deberá enfrentar el desafío de financiar su estilo de vida sin contar con el apoyo de su mayor rival. Esto podría obligar al gobierno americano a realizar ajustes fiscales severos o a imprimir más moneda, con el riesgo inflacionario que conlleva. La "guerra fría financiera" no tiene disparos, pero sus efectos en el bolsillo de las personas son igual de contundentes. La batalla por la supremacía económica se libra hoy en las pantallas de los operadores de bolsa.

En conclusión, el gráfico de las tenencias chinas es la representación visual de una ruptura histórica y profunda. El mundo está observando cómo se desmorona la integración financiera que definió la globalización de las últimas tres décadas. Lo que viene es un escenario de competencia feroz donde el capital será utilizado como la herramienta de presión definitiva. Estamos ante el nacimiento de un nuevo orden donde el dólar ya no reina sin oposición.