China planea una megaconstelación de 200.000 satélites, y desata la alarma global
China presentó planes ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU) para lanzar más de 200.000 satélites de Internet. Esta cifra, de una magnitud sin precedentes, busca competir directamente con el servicio Starlink de la empresa estadounidense SpaceX, del magnate Elon Musk, a la que Pekín acusa de saturar la órbita baja terrestre (LEO) y poner en riesgo la seguridad espacial global.
La solicitud, impulsada por el recién registrado Instituto de Utilización del Espectro de Radio e Innovación Tecnológica chino, incluye dos megaconstelaciones, CTC-1 y CTC-2, de 96.714 satélites cada una.
La magnitud de la ambición satelital china
Para dimensionar esta carrera espacial, hay que considerar que el objetivo de Starlink es alcanzar entre 42.000 y 75.000 satélites. Los planes chinos superan esto drásticamente, sumando a las casi 200.000 unidades del nuevo instituto, las constelaciones de China Mobile (2.520 satélites) y Shanghai Spacecom Satellite Technology (1.296 satélites adicionales a su red Qianfan de 15.000).
Esto convierte a la órbita LEO (entre 400 y 2.000 km de altitud) en un campo de batalla por recursos limitados como las bandas de frecuencia y las ranuras orbitales. La urgencia de China obedece a las reglas de la ITU, que exigen tener al menos un satélite operativo en siete años para asegurar esos derechos orbitales.
El peligro inminente: El síndrome de Kessler y el colapso atmosférico
Esta masiva proliferación satelital plantea un peligro físico y potencialmente catastrófico: el temido Síndrome de Kessler. Este concepto, postulado por el científico de la NASA Donald Kessler, describe una reacción en cadena imparable.
La colisión de satélites a 27.000 km/h pulverizaría la infraestructura, generando miles de fragmentos de metralla que, a su vez, destruirían más satélites. Si el efecto cascada se desata, la nube de escombros resultante podría inutilizar sistemas vitales para la Tierra (GPS, comunicaciones bancarias, meteorología) e, incluso, atrapar a la humanidad en el planeta por siglos.
Además del riesgo de colisión, el impacto atmosférico es igualmente preocupante. Los satélites tienen una vida útil corta (aproximadamente 5 años) y su reentrada genera lo que los científicos llaman "lluvias de meteoros antropogénicas", liberando óxido de aluminio en la estratosfera.
Con 2.000 reentradas anuales ya se inyectan 17 toneladas métricas de nanopartículas, cifra que se disparará con los planes chinos. Estas partículas pueden destruir la capa de ozono.
La promesa de desintegración total es una "fantasía corporativa", advierten los expertos, ya que parte de la masa sobrevive a la reentrada (un 5% según SpaceX), aumentando el riesgo de caída de restos metálicos sobre zonas pobladas.
Los especialistas advierten que la humanidad está convirtiendo el espacio, un patrimonio común, en un vertedero industrial y un campo de minas impulsado por la ambición desmedida y la falta de regulación.