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¿Dólar planchado o salto? Las tres señales que pueden cambiar el escenario en semanas

El BCRA necesita acumular reservas y el ahorro en dólares no afloja: qué miran los inversores y cómo reacciona el dólar si se corta el financiamiento.
13/02/2026 - 10:00hs
¿Dólar planchado o salto? Las tres señales que pueden cambiar el escenario en semanas

El dólar oficial opera este viernes 13 de febrero a $1415, en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa se negocia a $1395. En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vende $1481 (+0,1%), y el MEP se ubica a $1418 (-0,2%). Por último, en el segmento informal, el blue se negocia, a $1440.

La calma cambiaria suele parecer firme hasta que aparece el número que la desacomoda. En Argentina, el dólar no se explica por una sola variable, sino por el cruce entre oferta y demanda de divisas, expectativas, financiamiento y la capacidad real de acumular reservas. En ese tablero, las reservas funcionan como el marcador más observado: no solo por lo que dicen del presente, sino por lo que anticipan sobre el margen de maniobra del Banco Central cuando el mercado pone a prueba la consistencia del esquema.

En un mercado relativamente chico, incluso una demanda "normalizada" puede seguir siendo alta en relación con el tamaño del mercado cambiario. Por eso, la película no se entiende mirando únicamente el comercio exterior: cada vez pesa más lo que ocurra con los flujos financieros y el comportamiento del ahorro en dólares. Cuando esas piezas se mueven al mismo tiempo, la pregunta que domina a inversores y empresas es una sola: ¿cuántos dólares pueden entrar, cuántos pueden quedarse y cuántos terminan presionando al tipo de cambio?

Así, 2026 se perfila como un año bisagra: el mercado mira en simultáneo el frente fiscal, el comportamiento del ahorrista, el acceso del sector privado al financiamiento externo y la capacidad de los bancos para prestar en dólares. De cómo encajen esas variables dependerá el punto de equilibrio: si el Banco Central puede comprar reservas con mayor holgura o si el dólar vuelve a enfrentar episodios de tensión.

La batalla por las reservas: el objetivo que condiciona al dólar

Desde Mega QM señalaron que el equilibrio cambiario de 2026 es clave porque es el año en el que el BCRA debe acumular la mayor cantidad de reservas posible. En su visión, ese objetivo tiene un doble propósito: colaborar con la señal de solvencia que permitiría al Tesoro volver al mercado de capitales y, además, construir un respaldo pensando en 2027, un año que vuelve a estar atravesado por el desafío electoral.

Los expertos de la sociedad de bolsa explicaron que la compra de reservas no es solo una cuestión financiera: también aparece como uno de los caminos para atender una demanda real de pesos que se espera creciente. En ese marco, el rol del Banco Central comprando dólares pasa a ser una variable crítica, pero su margen concreto depende de cómo se ordenen los flujos de oferta y demanda de divisas.

Para Mega QM, los últimos meses dejaron en claro dos elementos: sigue existiendo un nivel razonable de superávit comercial medido en base caja, y la capacidad del BCRA de comprar dólares queda vinculada al nivel de atesoramiento de los individuos y a los ingresos que se logren por la cuenta capital. En otras palabras, el comercio exterior ayuda, pero no explica por sí solo la película completa.

Ese diagnóstico coloca al dólar en una tensión permanente: si el superávit comercial se mantiene, pero el atesoramiento sube y el financiamiento no alcanza, el equilibrio se vuelve más fino. Y cuando el equilibrio se afina, el tipo de cambio suele ser el precio que primero refleja el cambio de clima.

Atesoramiento: la variable inestable que marca el margen del Banco Central

El atesoramiento aparece como el termómetro más inestable dentro de la ecuación cambiaria. Desde Mega QM destacaron que este factor es el que define el margen efectivo que puede tener el BCRA para acumular o no reservas. En un mercado donde cada flujo cuenta, el ahorro en dólares del público puede funcionar como una aspiradora que reduce el excedente disponible.

Los especialistas del bróker detallaron que las referencias históricas en años sin limitaciones sobre los flujos minoristas muestran volúmenes del orden de USD 17.800 millones anuales, lo que equivale a casi USD 1.500 millones por mes. Esas cifras, remarcaron, no fueron lineales: hubo pisos cercanos a USD 10.000 millones y techos que alcanzaron USD 27.000 millones durante la crisis cambiaria de 2018.

Desde Mega QM señalaron que las cifras de los dos últimos meses de 2025 estuvieron en línea con esos promedios, aunque incluyeron meses de estacionalidad alta, como diciembre por el aguinaldo. Si el escenario se consolida, evaluaron, el promedio podría ubicarse algo por debajo de esa referencia histórica, pero seguiría siendo suficiente para fijar una exigencia relevante de generación de divisas.

Ese punto es el que empuja el foco hacia los flujos financieros: cuanto más alto sea el atesoramiento, mayor será la necesidad de compensación por el lado del crédito y la deuda. Ahí se define una parte central de la pregunta sobre qué pasará con el dólar: si el financiamiento neto acompaña, el equilibrio se sostiene; si se corta, la presión aparece rápido.

Crédito en dólares: la promesa de tasas bajas y el riesgo detrás del regreso

Desde Epyca señalaron que en los últimos días se intensificó el rumor en torno a una posible aprobación por parte del Directorio del BCRA de un nuevo esquema regulatorio que ampliaría fuertemente el acceso al crédito en dólares para residentes y empresas no exportadoras. El objetivo oficial sería aprovechar el nivel récord que generarían los depósitos en moneda extranjera y orientar esos recursos hacia préstamos productivos, con tasas competitivas y fondeo más barato que en pesos.

Los expertos de la consultora explicaron que, bajo ese enfoque, las tasas se ubicarían en rangos de 2% a 4% para depósitos y de 5% a 7% para créditos prendarios e hipotecarios. En un contexto de tasas en pesos altas y escasez de crédito local, el atractivo del esquema es evidente: abaratar el financiamiento y mover sectores sin presionar de inmediato sobre precios.

Sin embargo, desde Epyca también cuestionaron el supuesto "combustible" disponible para ese plan. Según señalaron, el Gobierno sostiene que los dólares fuera del sistema equivaldrían a un PBI: entre USD 170.000 y 200.000 millones dentro del país y otros USD 400.000 millones en cuentas offshore difíciles de repatriar. Para Epyca, esas cifras estarían sobreestimadas, ya que se repiten desde hace décadas y probablemente una parte de esos ahorros se haya gastado.

En el marco del régimen actual, Epyca planteó además que el control de agregados monetarios, con tasas y encajes en niveles récord, se utiliza como ancla de precios mientras la inflación sigue un sendero ascendente: enero marcó 2,9% mensual y 32,4% interanual, por encima de diciembre de 2025 (31,5%). Bajo una lógica comparable a la que se usó como guía durante la Convertibilidad, se espera que una mayor dolarización contribuya a reactivar sin generar inflación, pero la consultora recordó que hubo inflación tanto en pesos como en dólares.

Deuda privada: el canal silencioso que define si sobran o faltan dólares

Desde Mega QM explicaron que el equilibrio del mercado cambiario no depende solo del superávit comercial, sino de lo que suceda con el financiamiento en moneda extranjera. Ese flujo es esencial porque debe compensar una demanda de divisas que, aunque bajó mucho frente a períodos de estrés, sigue siendo alta en relación con el tamaño del mercado. Por eso, remarcaron, entender la magnitud y los desafíos de la deuda externa privada resulta clave para anticipar tensiones o alivios.

Los expertos de la sociedad de bolsa detallaron que el sector privado accede al financiamiento por canales comerciales y financieros. Los flujos comerciales explican la diferencia entre saldo comercial devengado y saldo base caja del mercado de cambios, por lo que ese efecto ya está incluido en el saldo comercial observado. En consecuencia, el foco del análisis cambiario se concentra en el endeudamiento financiero.

Para Mega QM, el punto clave es el flujo neto: si las empresas toman más deuda que la que vence, generan un ingreso neto que se canaliza al mercado cambiario. Cuando esa toma de deuda se realiza en el mercado de capitales, la liquidación se produce cuando la empresa necesita pesos para su negocio o, a más tardar, antes del primer pago del instrumento. Ese mecanismo define si la deuda privada actúa como oferta o como demanda de divisas.

En su radiografía con datos a septiembre de 2025, Mega QM ubicó la deuda privada total en USD 116.847 millones, equivalente a 17,7% del PBI. De ese total, 7,4 puntos del PBI son deuda financiera y solo cerca de un tercio corresponde a emisiones de deuda a mercado; el resto se instrumenta vía préstamos, con peso destacado de la operatoria intra grupo económico.

Vencimientos y refinanciación

Para Mega QM, el perfil de vencimientos define el umbral mínimo de financiamiento necesario para que la deuda deje de ser un factor de demanda de dólares y se convierta en oferta. El análisis cambiario, indicaron, debe mirar qué parte de la deuda vence efectivamente y qué necesidades financieras genera, porque ahí se determina la presión concreta sobre el mercado.

Los especialistas del bróker señalaron que existe una porción importante de pasivos sin fecha específica de vencimiento, mayormente líneas vigentes con casas matrices. Aun así, al concentrar el análisis en la deuda financiera, estimaron que en 2026 el vencimiento previsto es de USD 7.265 millones, un número que marca un piso de refinanciación si se busca evitar presión cambiaria.

Desde Mega QM agregaron que el escenario exige incorporar un componente adicional: los casi USD 13.700 millones que no tienen vencimiento específico informado. En el caso más exigente, eso llevaría la cuenta a un orden de USD 21.000 millones, una cifra que, en términos de mercado, obliga a que las compañías renueven pasivos y, además, consigan fondeo extra para aportar un flujo neto positivo.

La conclusión operativa es clara: las empresas locales deberán ir renovando esos vencimientos y sostener el acceso al crédito para que el financiamiento neto ayude a compensar el atesoramiento esperado. Si ese canal se achica, la demanda de dólares vuelve a recostarse sobre el mercado cambiario y reduce el margen del Banco Central para comprar reservas.

Bancos, depósitos en dólares y el margen prestable: cuánto ayuda el mercado local

Desde Mega QM subrayaron que el fondeo neto proviene de dos fuentes: emisiones de deuda en el mercado de capitales y líneas de crédito otorgadas tanto por entidades financieras locales como por bancos del exterior. Por eso, explicaron, es importante seguir anuncios de inversión, rentabilidad y la capacidad de las empresas para sostener acceso al mercado.

Pero también advirtieron que no hay que perder de vista el crédito en dólares del sistema financiero local. Según detallaron, hoy el sistema cuenta con USD 19.800 millones prestados, fondeados con depósitos privados totales en dólares por USD 37.800 millones. Aun descontando encajes y caja para eventuales retiros, estimaron una capacidad prestable adicional cercana a USD 6.000 millones.

Ese margen, sin embargo, no es automático: desde Mega QM señalaron que las empresas deben competir por esos fondos con los títulos de deuda del sector público y otras aplicaciones. Esto implica que el crédito en dólares local puede aportar, pero no garantiza por sí solo el flujo de divisas necesario para un equilibrio holgado.

Aun así, el diagnóstico final de Mega QM es que existe margen por bajo endeudamiento relativo y por disponibilidad de fondeo, siempre y cuando se den condiciones de estabilidad y rentabilidad que impulsen a las empresas a usar esas líneas, complementarlas con emisiones en el exterior y sostener un flujo de oferta que permita un BCRA activo en la acumulación de reservas.

El riesgo sistémico del descalce: cuando el dólar deja de ser precio y pasa a ser problema

Desde Epyca señalaron que el acceso al crédito en dólares implica un elevado riesgo de descalce entre activos y pasivos en moneda extranjera, lo que puede amplificar la vulnerabilidad del sistema bancario argentino frente a variaciones del tipo de cambio o eventos globales adversos. En su lectura, ese riesgo se agrava si el tipo de cambio está atrasado, porque cualquier corrección puede traducirse rápidamente en problemas de solvencia.

Los expertos de la consultora recordaron que, aunque cada crisis es distinta, la exposición masiva del sistema financiero a pasivos y activos dolarizados fue un factor central en el colapso de 2001. Además, remarcaron que en una economía que libera restricciones para atraer capitales en dólares, también existe una vulnerabilidad de salida: el ingreso no asegura permanencia.

Para Epyca, la persistencia de los "dólares del colchón" fuera del sistema durante años, pese a cambios regulatorios y sucesivos blanqueos, evidencia el desconocimiento de la razón concreta por la cual esas divisas no ingresan. En ese sentido, insistieron en que lo legal es condición necesaria pero no suficiente, y que la estabilidad política y económica es un factor fundamental para que esos dólares entren y se queden.

La advertencia central es técnica y práctica: endeudarse en una moneda en la que no se generan ingresos traslada el riesgo cambiario del Estado al sector privado y convierte cualquier corrección del tipo de cambio en un problema generalizado. Por eso, Epyca sostuvo que otorgar créditos en dólares a agentes que no demuestran ingresos en esa divisa es, por definición, potencial de riesgo sistémico.

Qué pasará con el dólar: el escenario depende de un equilibrio fino

La conclusión que surge del análisis combinado es que el dólar enfrenta un equilibrio fino entre reservas, atesoramiento y financiamiento. Desde Mega QM plantearon que el punto de equilibrio del mercado cambiario se define por cómo interactúan la demanda de divisas y la capacidad de generar oferta vía flujos financieros. Si las empresas refinancian vencimientos, consiguen fondeo neto y el crédito local en dólares aporta, el Banco Central puede sostener un rol activo comprando reservas y el tipo de cambio puede atravesar el año con mayor previsibilidad.

Desde Epyca, en paralelo, advirtieron que el regreso del crédito en dólares, aun si luce atractivo por tasas y fondeo, reabre riesgos asociados al descalce y a la estabilidad. En su visión, la idea de que una mayor dolarización crediticia reactivaría sin inflación convive con la evidencia de inflación tanto en pesos como en dólares, y con un contexto donde el ancla monetaria opera con tasas y encajes altos.

El punto crítico, como planteó Epyca, es el destino de los dólares que eventualmente ingresen: si se canalizan a importaciones en lugar de inversión productiva, el stock puede mejorar transitoriamente, pero no se resuelve la generación de flujos sostenibles. En esa hipótesis, la economía podría volver a quedar frente a una restricción de divisas, con menos margen para sostener un equilibrio estable.

Por eso, lo que pasará con el dólar en 2026 no se juega solo en una pantalla: se juega en la capacidad de sostener condiciones de estabilidad, renovar deuda privada, mantener acceso al financiamiento y contener el atesoramiento en niveles que no asfixien la acumulación de reservas. Si alguna de esas piezas falla, el mercado suele reaccionar con rapidez y el tipo de cambio deja de ser un dato "calmo" para volver a convertirse en el centro del debate.

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