El dólar encuentra un nuevo piso: qué están mirando bancos, brókers y consultoras
El dólar oficial opera este viernes 27 de febrero a $1430, en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa se negocia a $1406. En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vende $1472 ( 0,1%), y el MEP se ubica a $1429 (-0,2%). Por último, en el segmento informal, el blue se negocia, a $1425.
El dólar volvió a quedar en el centro de la escena en un mercado que, en muy pocos días, pasó de mirar casi exclusivamente el rendimiento de las colocaciones en pesos a volver a seguir con atención la dinámica del spot, la caja de los bancos y la capacidad oficial para sostener la acumulación de divisas. El movimiento no aparece como un episodio aislado ni como una reacción puramente especulativa. Lo que empieza a verse es un reordenamiento más amplio: cuando el costo del dinero de muy corto plazo cae de manera abrupta, sobran pesos en la plaza y, al mismo tiempo, las reservas siguen siendo la gran condición a resolver, el precio del dólar vuelve a tomar protagonismo como síntesis de todas esas tensiones.
En ese marco, el mercado enfrenta una pregunta mucho más relevante que la simple foto de una rueda: si la compresión de la tasa corta se consolida, si la liquidez sigue holgada y si el Banco Central mantiene el ritmo de compras, el dólar puede sostener una nueva zona de equilibrio aun sin una ruptura brusca. Pero ese equilibrio no es lineal. También depende de cuánto de esa compra oficial realmente se convierte en recomposición genuina de reservas, de cuánto se absorba luego por otras vías y de cómo el Tesoro administre las próximas licitaciones y vencimientos.
La discusión, por eso, ya no pasa solamente por si el tipo de cambio sube o baja en el día. Lo que se está recalculando es el vínculo entre la tasa corta, la liquidez del sistema y la calidad de la acumulación de reservas. Si una se relaja demasiado, puede empujar al dólar; si otra se fortalece de verdad, puede contenerlo. Y si el esquema financiero gana aire, el mercado empieza a mirar no solo el presente, sino también cómo se llega a los próximos meses con menos margen para seguir comprando estabilidad únicamente con señales tácticas.
La tasa corta se derrumba y el dólar encuentra un nuevo piso de demanda
Desde Portfolio Personal Inversiones señalaron que el avance del dólar de las últimas ruedas encaja con una recalibración del equilibrio cambiario frente a la fuerte baja de la tasa corta. En su lectura, el mercado empezó a corregir precios cuando el rendimiento del dinero a un día dejó de ofrecer el mismo ancla que venía sosteniendo parte de la demanda por colocaciones transaccionales en pesos. Esa fue, para PPI, la señal más inmediata detrás del cambio de tono.
Los especialistas del bróker detallaron que la caución volvió a ceder con fuerza hasta una tasa promedio ponderada de 26,1% TNA, luego de ubicarse en 30,5% TNA el martes y en 35,8% TNA el lunes. La señal fue acompañada por el mercado interbancario: el pase entre bancos cerró en 27,5%, contra 32,8% y 38,3% en las ruedas previas. Para PPI, esa secuencia consolidó la compresión de las tasas overnight y dejó en evidencia un cambio muy rápido en el costo del fondeo de corto plazo.
En ese contexto, los expertos de la sociedad de bolsa explicaron que la baja de la overnight no es un dato menor, porque altera el incentivo básico del mercado: cuando cae con tanta velocidad la tasa que remunera la liquidez inmediata, parte de esos pesos deja de encontrar atractivo en el muy corto plazo y vuelve a mirar el spot. En otras palabras, el dólar empieza a captar demanda no necesariamente por un evento disruptivo, sino porque la tasa deja de competir con la misma fuerza.
Para PPI, el punto central es que el mercado comenzó a anticipar un escenario de tasas más bajas en el corto plazo, y esa expectativa empujó una demanda adelantada sobre el dólar. El movimiento, así, no aparece como un salto desordenado, sino como la consecuencia de un sistema financiero que vio comprimirse una de sus referencias clave y empezó a reajustar el precio relativo entre quedarse en pesos muy cortos o cubrirse en el mercado cambiario.
La liquidez bancaria se afloja y los pesos empiezan a empujar más
Desde Portfolio Personal Inversiones explicaron que el aumento reciente en la cuenta corriente de los bancos terminó canalizándose hacia repos a un día con el Banco Central, un dato que ayudó a confirmar que la liquidez del sistema se aflojó con rapidez. En la última rueda analizada, las entidades colocaron $1,96 billones en ese instrumento, un salto marcado frente a los $0,5 billones de la jornada previa y también contra el promedio de $0,53 billones de las tres anteriores. Para PPI, ese cambio no fue un detalle técnico: fue la prueba de que había más pesos buscando destino.
Sus analistas apuntaron que este reacomodamiento era consistente con lo que venían observando desde la semana previa. Tras la inyección de liquidez que estimaron en $1,26 billones por operaciones de mercado abierto y en otros $0,72 billones por compras de divisas, no resultaba coherente que esos pesos quedaran inmovilizados a tasa cero en el BCRA. En ese marco, agregaron que los bancos venían sobrecumpliendo la integración de efectivo mínimo en febrero, por lo que el sistema tenía margen para mover esa liquidez hacia otros canales.
Para PPI, con ese corrimiento, la liquidez luce hoy mucho más holgada, y eso ayuda a explicar la caída abrupta de las tasas en los últimos días. El relajamiento, además, podía profundizarse con otra fuente de pesos: la licitación reciente del Tesoro implicó una expansión de $0,50 billones, a verse desde la liquidación del viernes. Ese factor sumó otra capa de presión sobre un mercado monetario que ya venía mostrando menor tensión.
La sociedad de bolsa también advirtió que, si no aparece una nueva absorción de liquidez por ventas del BCRA de títulos dólar linked, la compra de reservas seguirá teniendo un efecto expansivo. En febrero, según PPI, ese proceso venía aportando cerca de $0,13 billones diarios. Y con el Tesoro recién en condiciones de retomar un sesgo más contractivo en la licitación del 10/03 —con liquidación el 12/03—, la lectura del bróker fue clara: no solo la liquidez actual es más holgada, sino que el mercado puede estar viendo por delante una relajación todavía mayor. Ese combo, para PPI, fue el que empujó a los inversores a anticipar tasas más bajas y a demandar spot.
Comprar dólares no alcanza
Desde 1816 señalaron que la mejora en las condiciones financieras no depende solo de que el Banco Central compre divisas todos los días, sino de que logre recomponer las reservas netas de manera efectiva. Según describieron, esa es una condición necesaria para consolidar un escenario más sólido después de un 2025 políticamente más favorable para el oficialismo. Y en ese punto, la foto de arranque de 2026 todavía muestra una fragilidad que el mercado no deja de seguir.
Los expertos de la consultora explicaron que la dinámica de las reservas netas depende de tres factores: la intervención del BCRA en el MLC, las colocaciones netas de deuda en dólares del Tesoro y del propio Banco Central que no pasan por ese mercado, y la variación del precio de los activos en los que se invierten las reservas. Bajo esa lógica, remarcaron que el Central ya había comprado USD 2.641 millones en lo que iba de 2026, con saldo positivo diario desde el 5 de enero. Pero aun con ese flujo favorable, la recomposición neta seguía sin aparecer.
Para 1816, la razón es que las compras cambiarias convivieron con otros movimientos que neutralizaron buena parte de ese alivio. Según detallaron, el oro generó ganancias por más de USD 2.000 millones, pero incluso con ese impulso las reservas netas cayeron USD 2.100 millones en el año por los pagos netos de deuda, donde incluyeron Globales, Bonares, compromisos con el FMI y la contabilización de repos con vencimiento menor a 12 meses. En otras palabras, la compra de dólares existió, pero no se tradujo automáticamente en una mejora de la posición neta del Central.
Sus analistas apuntaron además que, al comparar el cierre de 2025 con el nivel al 23 de febrero, se veía una suba de USD 5.468 millones en reservas brutas, aunque al mismo tiempo crecieron todavía más los pasivos en dólares de corto plazo del BCRA. Ese descalce fue el que, según la consultora, llevó a las reservas netas hacia la zona de USD -2.500 millones. Dentro de esos pasivos incluyeron encajes en dólares, la deuda por el swap con China, pagos de capital de Bopreal a 12 meses y repos cuyo capital también vence en menos de un año. Por eso, el mensaje de 1816 fue que el mercado no mira solo cuánto compra el Central, sino qué calidad tiene esa acumulación cuando se descuentan los compromisos de corto plazo.
Qué sostiene hoy al dólar y qué puede cambiar en las próximas ruedas
Volviendo al plano cambiario más inmediato, desde 1816 señalaron que el Banco Central continuó siendo superavitario en el MLC durante los últimos días, con un spot operando varias ruedas por debajo de 1.400. Esa lectura no contradice la de PPI, sino que la completa: mientras la sociedad de bolsa puso el foco en la baja de tasas y la liquidez, la consultora remarcó que el Central siguió comprando y que eso también ayudó a moldear el nuevo equilibrio.
Sus analistas apuntaron que, en enero, las compras del BCRA podían explicarse casi exclusivamente por el boom de los préstamos bancarios en dólares, que se liquidan de inmediato y generan oferta en el spot. Sin embargo, en los primeros 23 días de febrero, el stock de préstamos en dólares ex tarjetas creció USD 413 millones, mientras en ese mismo período el Central obtuvo un saldo de USD 1.350 millones en cambios. Para 1816, eso muestra que el crédito siguió aportando, pero no fue el único soporte del resultado cambiario.
En paralelo, la señal de PPI agregó otra referencia útil para medir el ritmo oficial: en el material compartido por el bróker, el BCRA llegaba a acumular compras por casi USD 1.400 millones en febrero. La diferencia con la cifra de 1816 responde al corte temporal y al modo de medir cada serie, pero el mensaje de fondo es el mismo: el Banco Central siguió comprando en el mes. La cuestión, entonces, no pasa por la ausencia de intervención compradora, sino por cuánto de ese flujo termina reforzando de verdad la hoja de balance una vez que se restan vencimientos y pasivos.
Del cruce de ambas miradas surge una conclusión clara para el corto plazo: el dólar puede seguir encontrando sostén mientras coincidan tres factores a la vez, una tasa corta más baja, una liquidez bancaria más abundante y un BCRA con saldo comprador. Lo que puede alterar ese cuadro no aparece, por ahora, en un solo punto, sino en cualquier cambio de esas tres condiciones: que vuelva una absorción fuerte de pesos, que el Tesoro recupere más rápido el sesgo contractivo o que la mejora de reservas no alcance para sostener la confianza sobre el esquema.
Bonar 2027, depósitos en dólares y la verdadera clave para lo que viene
En el frente de deuda, desde 1816 señalaron que el equipo económico mantenía hasta ese momento la decisión de no ofrecer bonos en el exterior, a la espera de que el riesgo país siguiera descendiendo. En ese marco, destacaron la nueva apuesta con el Bonar 2027, que comenzó con una colocación de USD 150 millones a 5,82% TNA a 180 días, con posibilidad de ampliarse en una segunda vuelta por hasta USD 100 millones adicionales. La consultora consideró que había potencial para que el nuevo bono siguiera captando demanda en próximas subastas, dentro de un programa que podría llegar a USD 2.000 millones.
Para 1816, esa demanda se explicaba por varias razones. La primera era el plazo: lo describieron como el bono más corto de la curva soberana hard dollar, con amortización íntegra después de la elección presidencial de octubre de 2027, pero antes del final del mandato. La segunda era el canje CCL-MEP, que seguía alto pese a la baja del spot y de la brecha. Bajo ese supuesto, para un bono con modified duration de alrededor de 1,6, el rendimiento valuado al dólar MEP quedaba cerca de 210 puntos básicos por debajo del rendimiento valuado contra dólar cable. Ese diferencial, para la consultora, seguía alimentando el atractivo del instrumento.
A la vez, 1816 sumó un dato que funciona como colchón del esquema: la base inversora en dólares. Según detallaron, los depósitos privados en dólares y los FCI suscriptos en dólares seguían creciendo y ya superaban los USD 38.000 millones y los USD 12.800 millones, respectivamente. Incluso con la reactivación del crédito en moneda extranjera, remarcaron que el avance de los depósitos había sido tan veloz que los bancos mantenían más de USD 18.000 millones encajados en el Banco Central a tasa cero. Esa masa de dólares aporta profundidad al sistema, pero no resuelve por sí sola el problema de la calidad de las reservas.
Por eso, la verdadera respuesta a la pregunta sobre qué puede pasar con el dólar no está en una sola rueda ni en una sola tasa. Si la liquidez sigue holgada, si las tasas cortas continúan comprimidas y si el BCRA mantiene un saldo comprador, el spot puede seguir firme y el mercado puede sostener esta recalibración sin un salto brusco. Pero si esa mejora no viene acompañada por una recomposición real de reservas netas y por una administración más limpia de los vencimientos en dólares, el equilibrio seguirá siendo transitorio. Hoy, el mercado ve más apoyo táctico para el dólar que hace una semana. Lo que todavía no ve, con la misma claridad, es una solución definitiva para el frente de reservas.