La agencia Fitch Ratings subió la nota de deuda soberana argentina: cuáles son las razones y qué implica
Fitch Ratings subió la calificación de la deuda argentina de CCC a B- este martes. La mejora marca un punto de inflexión tras años de deterioro crediticio.
La agencia estadounidense destacó los avances en consolidación fiscal, acumulación de reservas y reformas estructurales del gobierno de Javier Milei. La decisión se basa en "balances fiscales y externos estructuralmente mejorados, avances en reformas económicas, mejores perspectivas para la acumulación de reservas y la expectativa de que el gobierno logrará financiamiento suficiente para cubrir sus obligaciones de deuda", según el comunicado oficial.
La nota B- ubica a la Argentina fuera de la categoría de default selectivo. Implica que el país empieza a recuperar credibilidad ante los mercados internacionales.
Reservas en alza y balanza energética positiva
El gobierno priorizó la compra de dólares en el mercado. El Banco Central acumuló u$s7.100 M hasta abril y apunta a sumar entre u$s10.000 M y u$s17.000 M en el año.
Fitch proyecta un aumento de u$s8.000 M en reservas internacionales netas, en línea con la nueva meta acordada con el FMI. "Las reservas siguen siendo bajas al considerar los pasivos de corto plazo, aunque esperamos que aumenten", advirtió la calificadora.
Argentina se convirtió en exportador neto de energía. El país fortaleció su resiliencia ante shocks globales de precios del sector.
La agencia proyecta un déficit de cuenta corriente de apenas 1% del PBI este año. El dato queda sensiblemente por debajo de la mediana de países con calificación similar.
Superávit fiscal como ancla de la política económica
El equilibrio presupuestario se mantiene como eje central. "El presupuesto equilibrado sigue siendo el principal ancla de la política fiscal, marcando una ruptura significativa respecto del pasado", sostuvo Fitch.
La calificadora estima un superávit primario del 1,1% del PBI para 2026. El déficit general argentino estará entre los mejores de la categoría B, según las proyecciones.
El gobierno logró "importantes victorias legislativas, incluyendo la reforma laboral y cambios en la Ley Nacional de Glaciares para flexibilizar restricciones ambientales a la minería", junto con la aprobación del presupuesto 2026. La agenda de desregulación y atracción de inversión privada ocupa un lugar central en la política oficial.
Estrategia de financiamiento sin salir a los mercados
La administración libertaria definió un paquete para afrontar los vencimientos en moneda extranjera. El plan contempla garantías multilaterales, emisión de bonos locales en dólares y recursos de privatizaciones.
"El Gobierno optó por no recurrir a los mercados externos, evitando mayores costos de endeudamiento, aunque esto limita la posibilidad de fortalecer el colchón de liquidez de cara al año electoral", expresó Fitch.
Los vencimientos de deuda en dólares aumentarán en 2027, antes de las elecciones presidenciales y legislativas. Los pagos a organismos multilaterales se cubrirán con nuevos desembolsos, según la agencia.
Inflación con resistencias y crecimiento desigual
El proceso de desaceleración de precios enfrenta obstáculos. La inflación mensual bajó a 1,5% en mayo de 2025, pero rebotó a 3,4% en marzo de 2026.
El traspaso de la devaluación, los ajustes tarifarios y el encarecimiento de la energía impulsaron el repunte. Fitch proyecta que la inflación mensual bajará por debajo del 2% hacia fin de año.
El crecimiento se concentró en minería, petróleo y gas, agricultura e intermediación financiera. La construcción y la industria permanecieron estancadas o en retroceso.
Para 2026, la proyección es de una expansión de 3,2%.
Riesgo político de cara a 2027
De cara a las elecciones presidenciales y legislativas de 2027, Fitch planteó que "la oposición se mantiene débil y fragmentada, aunque el bajo crecimiento y la inflación afectan la popularidad del gobierno".
Los mercados financieros "siguen siendo sensibles a estos desarrollos políticos", y el país se mantiene expuesto a shocks de confianza si la carrera electoral anticipa un viraje relevante en la política económica.
En materia de gobernanza, la calificadora asignó una puntuación media. Reconoció transiciones políticas pacíficas y participación política favorable, pero identificó desafíos en calidad institucional y control de la corrupción.
Qué implicancias tiene sobre Argentina el cambio de calificación
La suba de la calificación por parte de Fitch Ratings de CCC a B- tiene implicancias concretas para la economía argentina, más allá del gesto simbólico. En primer lugar, impacta directamente en el costo del financiamiento: aunque el país sigue en terreno especulativo, una mejor nota reduce la percepción de riesgo y, en consecuencia, puede traducirse en tasas de interés más bajas a la hora de emitir deuda. Esto es clave para un Estado que, tarde o temprano, necesitará volver a los mercados internacionales.
Otro efecto relevante es sobre la confianza de los inversores. Muchos fondos de inversión utilizan las calificaciones crediticias como guía para decidir dónde colocar su dinero. Si bien Argentina aún está fuera del radar de los inversores más conservadores, este tipo de mejoras amplía el universo de actores dispuestos a analizar oportunidades en el país, tanto en deuda soberana como en activos privados. En paralelo, puede favorecer el ingreso de capitales y mejorar las condiciones para empresas argentinas que buscan financiamiento en el exterior.
También hay un impacto en variables financieras locales. Una mejor percepción de riesgo país suele contribuir a una baja del indicador de riesgo soberano y a una recuperación en el precio de los bonos. Esto, a su vez, fortalece los balances de bancos y fondos que tienen esos activos en cartera, y puede generar un efecto positivo en el sistema financiero en general. Incluso puede ayudar a estabilizar expectativas cambiarias, en un contexto donde la confianza es un factor central.
Desde el punto de vista político y económico, la mejora funciona como un respaldo internacional a la estrategia del gobierno de Javier Milei. Este aval puede fortalecer la posición oficial en la negociación de reformas y en el vínculo con organismos multilaterales, además de servir como señal hacia el sector privado de que el rumbo económico empieza a generar resultados reconocidos fuera del país.
De todos modos, el impacto no es automático ni garantiza una mejora inmediata en la economía real. La calificación B- sigue marcando un nivel de riesgo alto, por lo que Argentina deberá consolidar estos avances para que se traduzcan en beneficios sostenibles, como mayor inversión, crecimiento y acceso fluido al crédito. El cambio, en definitiva, abre una puerta, pero no resuelve por sí solo los desafíos estructurales que arrastra la economía.