ECONOMÍA

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El BCRA llevó las reservas a u$s47.908 millones, pero ahora el Gobierno busca mover consumo y actividad sin agravar el atraso cambiario
Por Julieta Rico
FINANZAS - 27 de Mayo, 2026

Caputo ya consiguió algo que hace unos meses parecía la prioridad absoluta: un dólar mucho más calmo. Ahora el problema cambió. Con las reservas brutas del Banco Central en u$s47.908 millones, el nivel más alto desde 2019 y récord de la era Milei, el Gobierno empezó a mover medidas para que esa estabilidad no conviva con una economía demasiado fría.

Caputo ya consiguió el frente que parecía más urgente: más reservas y menos tensión cambiaria

El colchón cambiario se armó con varias fuentes al mismo tiempo. Desde que el BCRA retomó las compras de divisas, acumuló 94 ruedas consecutivas con saldo positivo por unos u$s9.100 millones y quedó a un paso de la meta anual acordada con el FMI. La cosecha gruesa, las exportaciones energéticas de Vaca Muerta, la minería y el último desembolso del Fondo siguieron dándole aire al frente externo.

Ese escenario le permitió al oficialismo cambiar el foco. La urgencia ya no pasa solo por evitar sobresaltos con el dólar, sino por usar esa calma para que la economía muestre algo más que orden financiero. El propio mercado ya empezó a leer esa transición como una nueva etapa del plan económico.

Con ese colchón, el Gobierno empezó a mover medidas para apuntalar consumo y actividad

Por eso en las últimas semanas aparecieron medidas que no eran las esperables en un programa tan ortodoxo. El último informe a clientes de la consultora PxQ, del economista Emmanuel Álvarez Agis, al que tuvo acceso iProfesional relevó créditos a tasa preferencial del Banco Nación, hasta 30 cuotas sin interés para compras en cadenas de electrodomésticos, congelamiento de la nafta de YPF por 90 días, reducción de la tasa de interés de referencia, normalización gradual de encajes y más subsidios al gas para atravesar el invierno.

La señal es bastante clara: ya no alcanza con mostrar robustez en reservas o superávit comercial. Ahora el Gobierno necesita que el consumo, la producción y la actividad empiecen a mostrar números más firmes en la segunda mitad del año. Incluso dentro del oficialismo, ese giro ya aparece como una forma de empujar la economía real sin resignar el ancla financiera.

El riesgo de la nueva etapa: que el peso fuerte enfríe más a la economía real

Pero ese cambio de foco también trae un riesgo. Según un informe de LCG, el dólar oficial cayó 3,7% en lo que va del año mientras la inflación acumulada ronda el 13%. El resultado es un tipo de cambio real multilateral que volvió a niveles comparables a los de 2017.

La diferencia con aquel momento es que hoy Vaca Muerta ayuda a correr la restricción externa y el superávit energético permite tolerar mejor un peso apreciado. Pero eso no vuelve inocua la situación: el atraso cambiario ya empezó a mostrar síntomas sobre empresas y empleo, porque con un peso fuerte quedan más expuestos los sectores que dependen de competitividad para producir y vender.

En síntesis, el Gobierno entró en una etapa nueva, con más reservas y menos tensión cambiaria. Pero la prueba que viene es más difícil: usar esa calma para empujar consumo y actividad sin que el dólar quieto se vuelva un problema para la economía real.

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