DIFERENCIA CRECIENTE

El bolsillo manda: por qué se dispara la brecha del precio de la carne entre los supermercados y las carnicerías de barrio

Para una carnicería de cercanía es cada vez más dificil poder competir con las grandes cadenas que aplican estrategias que impactan sobre los precios
Por Rubén Ramallo
FINANZAS - 01 de Junio, 2026

La distorsión de precios relativos sumada a la pérdida del poder adquisitivo del salario volvió a modificar los hábitos de consumo de los argentinos, y el mercado de la carne vacuna —un termómetro histórico del humor social— no es la excepción.

En los últimos meses, se consolidó un fenómeno creciente: la brecha de precios de los mismos cortes de carne entre las grandes cadenas de supermercados y las carnicerías de barrio o de cercanía se ha ampliado de manera notable.

Históricamente, la carnicería tradicional competía por calidad, frescura y atención personalizada, manteniendo valores competitivos. Sin embargo, la dinámica inflacionaria actual, la disparidad en los costos de estructura y las herramientas de fidelización de las grandes superficies comerciales cambiaron por completo las reglas de juego.

Desde la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), sostienen que el fenómeno tiene una raíz clara en la pérdida de poder adquisitivo: "El consumidor actual no compra por fidelidad, compra por necesidad y oportunidad. Cuando el bolsillo aprieta, el traslado hacia los canales que ofrecen descuentos agresivos o financiación es inmediato, y ahí es donde la carnicería de barrio empieza a perder la pulseada".

La radiografía de los precios: ¿dónde conviene comprar?

Los relevamientos de las cámaras del sector y el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) exponen con dureza la amplitud de la brecha. En promedio, el valor del kilo de carne en supermercados resulta más económico que en las carnicerías tradicionales, una tendencia que se profundiza en los cortes de consumo masivo y de cocción diaria.

Tomando como referencia de los valores promedio por kilogramo para ciertos cortes, la brecha va del 8% para el peceto o la colita de cuadril, al 16% en el caso del vacío y el asado de tira, pero se extiende hasta un 35% en el caso de la carne picada o la falda. Los motivos de la distorsión en las góndolas

1. El poder de la escala y la negociación directa: Las grandes cadenas de supermercados operan bajo un esquema de economías de escala que las carnicerías tradicionales no pueden replicar, basado en compras por volumen a los principales frigoríficos exportadores o de consumo interno y/o en la integración hacia atrás, ya que muchas de ellas cuentan con sus propios centros de despostado o incluso feedlots propios.

"Las grandes cadenas de supermercados tienen una capacidad de compra que les permite absorber subas o negociar paritarias de precios con los frigoríficos de una manera que un carnicero que compra tres o cuatro medias reses por semana jamás podría" explica el consultor ganadero Victor Tonelli.

Y agrega un dato clave sobre el abastecimiento: "Muchas veces, los supermercados se abastecen de los saldos de exportación de la industria frigorífica, cortes de excelente calidad que entran al mercado interno a precios muy competitivos, algo a lo que el canal tradicional no tiene acceso directo".

A lo anterior se suma que para las cadenas de supermercados, la carne vacuna funciona muchas veces como un "producto gancho" o "líder de pérdidas". En tal sentido pueden darse el lujo de resignar rentabilidad en el mostrador de la carne (ofreciendo descuentos de hasta el 20% o 30% en días específicos asociados a determinados bancos) porque compensan ese margen con la venta de productos de almacén, limpieza o perfumería, donde la rentabilidad es mayor, algo que el mostrador de barrio no puede hacer.

Desde la perspectiva del consumo masivo, Guillermo Oliveto, especialista en tendencias de consumo y director de la Consultora W, analiza: "Hoy asistimos a un consumidor 'cazador de promociones'. El supermercado utiliza la carne como la gran carnada para traccionar tráfico a la góndola. Saben que si el cliente entra a buscar el asado en oferta, se lleva también la gaseosa, el carbón y el postre. El comercio de cercanía, al ser monoproducto, no tiene margen para realizar ese subsidio cruzado de rentabilidad".

A estos factores se suma que el costo de mantener la persiana abierta impacta de manera dispar según el tamaño de la estructura comercial, ya que para los pequeños comercios de barrio, el peso de los servicios públicos (principalmente la tarifa de electricidad para mantener las cámaras frigoríficas y heladeras exibidoras) y el costo de los alquileres comerciales de renovación constante se han vuelto difíciles de absorber con un volumen de ventas en descenso. En igual dirección, el canal tradicional sufre una presión impositiva y de costos logísticos locales que se traslada de forma directa al precio final del kilogramo en el mostrador, perdiendo competitividad frente a las estructuras hiper-eficientes de los grandes retailers.

Perspectivas: ¿una brecha sostenible?

Los analistas del sector ganadero y de consumo masivo advierten que esta brecha tiende a mantenerse, por lo que para la carnicería tradicional, el desafío ya no pasa solo por la calidad del producto o el histórico "vínculo de confianza" con el vecino, sino por la capacidad de supervivencia financiera ante un consumidor hiper-sensible al precio que, ante la crisis, opta por sacrificar la comodidad de la cercanía a cambio de aliviar el bolsillo en las góndolas de las grandes cadenas.

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