MALA OPCIÓN

Compraron dólares para protegerse y terminaron perdiendo: el drama de haber comprado caro entre 2017 y 2023

Haber comprado dólares y tenerlos en el colchón dejó de ser sinónimo de protección para convertirse en un muy mal negocio, por perder poder de compra
Por Rubén Ramallo
FINANZAS - 02 de Junio, 2026

Durante décadas, para los argentinos comprar dólares fue sinónimo de preservar el patrimonio. Frente a una inflación crónica, crisis recurrentes y devaluaciones periódicas, la divisa estadounidense se convirtió en el refugio preferido de millones de ahorristas.

Sin embargo, la evolución reciente de la economía argentina está dejando una enseñanza incómoda para quienes apostaron por el billete verde en los momentos de mayor incertidumbre: comprar dólares no siempre garantiza conservar el poder adquisitivo. De hecho, quienes adquirieron divisas entre 2017 y 2023, especialmente durante los picos de tensión financiera, hoy descubren que esos dólares compran menos bienes y servicios que cuando realizaron la inversión.

El error de comprar en medio del pánico

Los argentinos suelen recurrir al dólar cuando aumenta la incertidumbre económica. Ocurrió durante la crisis cambiaria de 2018, volvió a repetirse durante la pandemia y alcanzó niveles récord en distintos momentos de la gestión de Alberto Fernández. En esos períodos, el temor a una devaluación impulsó a miles de pequeños inversores a comprar dólares a cualquier precio, convencidos de que la divisa seguiría subiendo indefinidamente. Sin embargo, los datos ajustados por inflación muestran otra realidad.

Medido en pesos actuales, es decir tomando en cuenta la cotización de cada momento y ajustarla por la evolución de los precios al consumidor, el dólar libre registró durante la presidencia de Alberto Fernández un valor promedio equivalente a $3.491. Incluso alcanzó un máximo de $5.191 en octubre de 2020, uno de los niveles más elevados de las últimas décadas en términos reales.

Muchos ahorristas compraron divisas cerca de esos máximos. Años después, el valor real del dólar se encuentra muy por debajo de aquellos registros. La situación también alcanza a quienes compraron durante los períodos de tensión electoral de 2022 y 2023, cuando las expectativas de devaluación llevaron a la moneda estadounidense a niveles históricamente altos.

La idea de que el dólar siempre protege los ahorros contiene una parte de verdad. A largo plazo, la moneda estadounidense suele resguardar mejor el capital que el peso argentino, pero eso no significa que cualquier precio sea conveniente. Al igual que ocurre con acciones, bonos o inmuebles, el valor de entrada es determinante para el resultado final de una inversión.

Entonces, la paradoja es evidente: el ahorrista mantiene la misma cantidad de dólares, pero esos billetes compran menos bienes y servicios que hace algunos años.

El fenómeno Milei y el cambio de escenario

La llegada de Javier Milei al Gobierno modificó profundamente las expectativas económicas. Tras la fuerte devaluación de diciembre de 2023, la combinación de superávit fiscal, desaceleración inflacionaria, mejora de reservas y normalización de variables macroeconómicas provocó una apreciación real del peso.

Como consecuencia, el dólar libre registra durante la actual gestión un promedio equivalente a $1.890 medido a precios actuales, muy por debajo de los valores observados durante gran parte del gobierno anterior. Esto generó una situación inesperada para muchos ahorristas: quienes compraron dólares en los momentos de mayor tensión descubrieron que la divisa vale hoy bastante menos en términos reales que cuando realizaron la operación.

La pérdida de poder adquisitivo del dólar no se observa solamente en los gráficos financieros. También aparece en decisiones concretas de consumo e inversión. Uno de los sectores donde el fenómeno resulta más evidente es la construcción. El costo de edificar una vivienda medido en dólares aumentó significativamente debido al encarecimiento de los materiales, la mano de obra y los servicios asociados a la actividad.

Lo mismo sucede con los automóviles. Diversos modelos de fabricación nacional e importados exhiben precios en dólares que se encuentran entre los más elevados de los últimos años. Para comprar un vehículo cero kilómetro hoy se requieren más dólares que en varios momentos de la década pasada.

La situación también se refleja en otros rubros. Alquileres, expensas, colegios privados, medicina prepaga, gastronomía, turismo y servicios personales registraron aumentos muy superiores a la evolución del dólar. En consecuencia, un ahorrista que conservó sus dólares durante años puede descubrir que hoy accede a menos metros cuadrados de construcción, menos vehículos o menos servicios que cuando decidió dolarizarse.

Algunos economistas describen este fenómeno como una "inflación en dólares". Bajo esta lógica, el problema no es que el dólar haya caído, sino que numerosos bienes y servicios aumentaron sus precios más rápido que la divisa estadounidense.

¿Dólar atrasado o precios adelantados?

El fenómeno alimenta uno de los debates económicos más intensos del momento. Por un lado, existen economistas que consideran que el dólar perdió competitividad frente a la inflación y que el tipo de cambio se encuentra atrasado. Por otro, crece el grupo de analistas que entiende que parte del problema radica en una acelerada recomposición de precios internos tras años de controles, subsidios y distorsiones. Desde esta visión, más que un dólar barato, la Argentina tendría una economía cara medida en dólares.

La diferencia no es menor. Si el problema es el atraso cambiario, la solución sería una devaluación. Si el problema son los precios internos, el ajuste debería provenir de una desaceleración inflacionaria y mejoras de productividad.

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