VIDEO | Panorama económico financiero de hoy en menos de 90 segundos
La economía arranca la semana mostrando una distancia cada vez más visible entre la macro y la calle. Por un lado, siguen entrando más dólares: la minería exportó u$s817 millones en abril, un salto interanual del 86,3%, y ya explicó el 10,5% de las exportaciones totales del país en ese mes. Junto con el agro y la energía, ese bloque se consolidó como uno de los grandes sostenes del frente externo. Pero del otro lado, el consumo y la producción todavía no muestran una reacción clara.
Minería récord: exportó u$s817 millones y ya explica más de 10% de las ventas externas
La mejora del frente externo no es menor. En el primer cuatrimestre, las ventas mineras al exterior sumaron u$s3.254 millones, con una suba interanual del 84,3% y un nivel récord para ese período. El sector ya representa 10,9% del total exportado por la Argentina en lo que va del año y en abril dejó además un superávit comercial propio de u$s737 millones.
Ese salto se explica sobre todo por oro, litio y plata. Solo en abril, el oro aportó u$s514 millones, el litio u$s187 millones y la plata u$s87 millones. El dato relevante para el Gobierno es que esta combinación, sumada a Vaca Muerta y al agro, sigue dándole aire a las reservas y a la balanza comercial en un momento en que la estabilidad cambiaria sigue dependiendo de que entren divisas genuinas.
Ventas pyme flojas, promociones masivas y un mercado sin precios de referencia
Pero en la calle la señal es otra. Según CAME, las ventas minoristas pyme cayeron 1,2% interanual en mayo. Es cierto que en la comparación desestacionalizada frente a abril mostraron una mejora de 1,2%, pero ese rebote no alcanzó para cambiar el cuadro general: en los primeros cinco meses del año acumulan una retracción de 3,1%.
Para sostener operaciones, muchos comercios se apoyan cada vez más en financiamiento, liquidaciones forzadas de stock y eventos de comercio electrónico. Incluso las ventas online de los negocios tradicionales crecieron 15,2% interanual, pero tampoco lograron compensar la debilidad del canal físico. El resultado es una rentabilidad mucho más apretada, con costos fijos y tarifas en alza y un clima de inversión que sigue siendo muy débil: 59,4% de los comerciantes considera que no es un buen momento para invertir.
Ese deterioro también se ve en algo muy concreto: la pérdida de valores de referencia. Hoy un mismo producto puede tener más de cinco precios distintos según el medio de pago, el banco, la billetera virtual o la promoción disponible. En supermercados son habituales los reintegros de 10% a 20%, y en algunos casos llegan a 25%. En la práctica, eso hace que el precio de góndola pese menos que la combinación de descuentos que cada cliente pueda aprovechar.
El fenómeno se vuelve todavía más evidente en bienes durables: un sillón puede costar unos $450.000 en efectivo o transferencia, subir a $600.000 en un pago con tarjeta y superar el millón de pesos en otros locales con financiación más cara. Esa dispersión habla de un consumo débil y de comercios que premian el contado, castigan el uso de tarjeta y buscan sostener ventas en un mercado mucho más sensible al bolsillo.
La crisis textil expone la otra cara: 40% de capacidad y más de 22.000 empleos perdidos
En la producción, el golpe ya se ve con claridad en uno de los sectores más castigados. La industria textil cayó 23,3% interanual en marzo y quedó 31,3% por debajo de los niveles de 2023. Las fábricas operan con apenas 40,2% de su capacidad instalada, lo que equivale a decir que siete de cada diez máquinas estuvieron paradas durante el primer trimestre.
El deterioro también ya bajó al empleo. El sector textil, confecciones, cuero y calzado perdió 22.156 puestos de trabajo desde diciembre de 2023, equivalente a una caída del 18% en el empleo asalariado privado. Además, desaparecieron 803 establecimientos productivos registrados, con cierres especialmente fuertes en indumentaria, cuero y calzado.
La otra cara de esa crisis está en las importaciones. Mientras caen la actividad y la inversión en maquinaria, las importaciones de indumentaria crecieron 79% en cantidades en el primer cuatrimestre y las de confecciones subieron 55%. Para el sector, la combinación de apreciación cambiaria, apertura comercial y consumo deprimido está desplazando producción local y profundizando la crisis.
En síntesis, los dólares aparecen y el frente externo gana aire. Pero el verdadero desafío sigue estando en otra parte: que esa mejora deje de verse solo en exportaciones, reservas y superávit, y empiece a sentirse en el consumo, el empleo y el bolsillo cotidiano.