VIDEO | Panorama económico financiero de hoy en menos de 90 segundos
La economía deja una foto bastante nítida del momento. La industria y la construcción volvieron a caer en abril, justo cuando Luis Caputo salió a defender el programa con una idea opuesta: que sobran dólares y que el Banco Central viene comprando unos u$s100 millones por día. El contraste resume bien esta etapa. El frente cambiario gana aire, pero la actividad todavía no termina de despegar.
Industria y construcción cayeron en abril y frenaron el rebote
Los datos del INDEC mostraron que la industria cayó 2,8% interanual en abril y 2,1% frente a marzo en la medición desestacionalizada. La construcción también retrocedió 2,8% interanual y 4% respecto del mes anterior. Es decir, dos motores que en marzo habían mostrado señales algo mejores volvieron a quedar en terreno negativo.
El golpe fue especialmente fuerte en los rubros más vinculados al mercado interno. Los productos textiles bajaron 22,2%, maquinaria y equipo cayó 20,2%, prendas de vestir, cuero y calzado retrocedieron 15,9% y el sector automotor mostró una merma de 10,7%. En construcción, el freno se vio con claridad en insumos clave como cemento, hormigón, cales, yeso y asfalto.
Caputo eligió poner el foco en otro ángulo. Remarcó que la tendencia-ciclo sigue mostrando variaciones positivas y defendió el programa con el argumento de que la economía mantiene una dirección favorable. Pero incluso dentro de ese mensaje admitió el punto más sensible: los salarios todavía tienen que recuperar poder de compra.
Vaca Muerta y minería ya aportan casi tantos dólares como el agro
El alivio en el frente externo, de todos modos, es real. Según datos del Banco Central relevados por la consultora 1816, entre enero y abril Vaca Muerta y la minería aportaron unos u$s8.150 millones, prácticamente la misma cantidad de divisas que el complejo agroexportador en ese mismo período. Para un país acostumbrado a depender casi exclusivamente del agro, el cambio es estructural.
Ese ingreso no se explica solo por exportaciones. En energía y minería también pesa la liquidación de obligaciones negociables en dólares, un flujo que viene reforzando la oferta de divisas junto con el superávit comercial. A eso se suma que esos dos sectores concentran 93% de los proyectos anunciados bajo el RIGI, con 51% en minería y 42% en petróleo y gas.
Sobre esa base, Caputo insistió en que el viejo problema de la restricción externa perdió peso y que hoy hay dólares para importar, repatriar dividendos y al mismo tiempo seguir comprando reservas. Esa es la lectura con la que el Gobierno intenta sostener la calma cambiaria hacia el segundo semestre.
La City baja la expectativa de dólar, pero los alimentos vuelven a incomodar
El mercado, por ahora, acompaña esa lectura. Un relevamiento de FocusEconomics entre 45 consultoras y bancos locales e internacionales recortó la expectativa de dólar mayorista para fin de año a $1.664, unos 23 pesos menos que en el informe anterior. Eso implica una suba cercana al 15% desde los niveles actuales, muy lejos de un salto brusco.
El punto incómodo está en otro lado. Aunque el dólar esperado se modera y la carne dejó de ser el principal motor de la canasta, los alimentos siguen mostrando resistencia a la baja. En la Ciudad de Buenos Aires, la canasta alimentaria subió 2,8% en mayo, el doble que en abril, y consultoras privadas anticipan una dinámica similar para el índice nacional. Eco Go estimó 2,7% para alimentos, mientras Analytica y LCG ubicaron esa suba en torno a 2,5%.
Dentro de esa aceleración, los focos ahora pasaron a verduras y lácteos. La carne mostró bastante más estabilidad: Analytica registró apenas 1% de aumento en mayo y el precio del novillito en Cañuelas bajó desde la zona de $5.400 que había tocado en febrero y marzo hacia niveles cercanos a $4.900 a fines de mayo. Eso alivió parte de la presión, pero no alcanzó para desactivar del todo el problema en alimentos.
La discusión de fondo pasa por ahí. Los dólares que entran le dan margen al Banco Central y ayudan a sostener la calma cambiaria. Pero esa mejora todavía no alcanza para asegurar una recuperación más firme de la actividad ni para garantizar que el bolsillo deje de sentir presión. Si industria y construcción siguen frágiles y los alimentos vuelven a empujar, la macro puede respirar un poco más, pero la economía de todos los días va a seguir exigida.