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VIDEO | Panorama económico financiero de hoy en menos de 90 segundos

La salida de Adorni le devuelve algo de aire político al Gobierno, pero julio arranca con aumentos y con menos impulso para el crédito hipotecario
29/06/2026 - 13:50hs
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La salida de Manuel Adorni y la llegada de Diego Santilli reordenaron la agenda política justo en un momento en que el mercado venía mirando con más atención el ruido alrededor del Gobierno que los propios datos económicos. En la City creen que el impacto inmediato puede ser limitado, e incluso algo positivo, porque la salida de un foco de conflicto le devuelve al oficialismo algo que había perdido: aire político y control de agenda.

Pero la lectura importante no pasa por el cambio de nombres en sí. Lo que ahora van a mirar los inversores es si este movimiento ayuda a estabilizar la imagen del Gobierno en las encuestas y mejora la percepción de gobernabilidad. En una etapa en la que la política ya empezó a pesar sobre bonos, acciones y dólar, la señal clave no es Santilli como figura aislada, sino si el oficialismo logra dejar atrás semanas de desgaste y volver a ordenar expectativas.

La salida de Adorni baja ruido político y el mercado pasa a mirar encuestas

En el mercado conviven dos miradas. Una cree que la salida de Adorni puede ser leída como una descompresión del escenario político y ayudar a los activos locales, sobre todo a las acciones, que venían más castigadas. La otra es más cauta y sostiene que el verdadero termómetro no será la reacción inicial del lunes, sino lo que empiecen a mostrar las próximas encuestas.

Ese punto importa porque, a más de un año de las elecciones presidenciales, la política ya volvió a meterse en la valuación de los activos. La confianza en Milei, la capacidad del Gobierno para retomar el control de agenda y la posibilidad de fortalecer su posición en el Congreso empiezan a pesar sobre las decisiones de inversión tanto como los propios datos macroeconómicos.

Julio arranca con más presión sobre los gastos fijos

Mientras tanto, la economía cotidiana sigue mostrando otra preocupación. En la antesala de julio ya están confirmadas nuevas subas en prepagas, transporte, alquileres, luz, gas y agua. Para las familias, eso significa otro comienzo de mes con presión sobre gastos fijos justo cuando la desaceleración de la inflación todavía no se traduce en una sensación clara de alivio. Y a eso se suman las vacaciones de invierno, etapa que suele venir acompañada de aumentos de precios. 

Las prepagas aumentarán entre 2,1% y 2,9%. Colectivos, subtes y peajes en CABA y en provincia de Buenos Aires subirán 4,1%, los trenes 8,6%, la electricidad 1,5%, el gas 2,81% y el agua 3%. A eso se suman nuevos ajustes en alquileres, con subas que pueden ir desde 8,1% hasta 31,54%, según el tipo de contrato. Es decir, julio arranca con una batería de aumentos bastante concreta y muy visible para el bolsillo.

El crédito hipotecario pierde fuerza y se enfría un alivio para la clase media

A ese cuadro se suma otra señal menos ruidosa, pero importante para medir el humor económico: se enfrió uno de los canales que prometían algo de alivio para la clase media. En mayo, las operaciones con hipoteca en la Ciudad de Buenos Aires se desplomaron 54,8% interanual y quedaron en apenas 587 escrituras. En el acumulado de enero a mayo, la caída ya llega a 37,2%.

Hoy las hipotecas representan solo el 10,8% de las compraventas, cuando un año atrás explicaban casi el 23%. Detrás de ese freno aparecen varias razones: se agotó parte de la demanda contenida que había explotado con el regreso de los UVA, las tasas subieron respecto del relanzamiento original y el ingreso exigido para acceder a una vivienda ya vuelve a quedar lejos de la realidad de muchas familias.

Por eso, el punto de estas horas no es solo político. Es ver si este cambio de nombres le da al Gobierno margen para volver a ordenar expectativas, en un contexto donde el mercado mira encuestas y el bolsillo sigue sintiendo presión. Porque aunque la macro pueda mostrar señales más ordenadas, la prueba sigue estando en otro lado: cuánto tarda esa calma en llegar a la vida diaria y cuánto desgaste más pueden absorber los sectores medios.