Radiografía del endeudamiento: la brecha invisible de la mora entre CABA y Conurbano

La crisis económica, la erosión del poder adquisitivo y el encarecimiento de los servicios esenciales han modificado la función tradicional del crédito
Un hombre preocupado mirando su celular se toma la cabeza delatne de su notebook

El fenómeno del endeudamiento de las familias en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) atraviesa una metamorfosis severa, a partir de una serie de factores entre los que se encuentra la crisis económica, la erosión sistemática del poder adquisitivo y el encarecimiento de los servicios esenciales, que en conjunto han modificado la función tradicional del crédito.

Ello a partir del hecho de que el financiamiento, que históricamente estuvo volcado al apalancamiento patrimonial o la adquisición de bienes durables, se ha transformado en un mecanismo extendido de cobertura del gasto corriente y subsistencia diaria.

Según los microdatos procesados por el Centro de Estudios de la Ciudad (CEC) y la Fundación Friedrich Ebert (FES) a través de la plataforma interactiva mapadeladeuda.ar —desarrollada sobre la base de los registros de la Central de Deudores del Banco Central de la República Argentina (BCRA)—, el nivel de mora crediticia no responde de forma lineal al volumen nominal de dinero adeudado, sino a la calidad del empleo, el nivel socioeconómico de la zona geográfica y, fundamentalmente, la tipología de la entidad acreedora.

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), la tasa promedio de morosidad (entendida como aquellos atrasos que superan los 90 días en el sistema financiero formal) se ubica en el 11,7%. En contraste, al cruzar la Avenida General Paz y adentrarse en el Gran Buenos Aires (GBA), el indicador escala estrepitosamente hasta un promedio del 25,0%, lo cual significa que en el conurbano bonaerense, uno de cada cuatro deudores registrados se encuentra en situación de irregularidad o cesación de pagos formal.

La paradoja de CABA: endeudamiento elevado en el Norte, morosidad crítica en el Sur

En la Capital Federal, el volumen total de dinero acumulado en situación de mora asciende a $1,57 billones. Sin embargo, la geografía porteña refleja dos realidades financieras irreconciliables que conviven bajo una misma jurisdicción presupuestaria. Las estimaciones presentadas por el equipo de investigación del CEC remarcan esta asimetría. "Existe una paradoja central en la estructura del pasivo porteño: los sectores de ingresos medios y altos concentran las deudas nominalmente más abultadas, pero muestran índices de incobrabilidad mínimos porque utilizan el crédito como una herramienta táctica de liquidez. Por el contrario, en los barrios del Sur, montos mucho más pequeños generan un sobreendeudamiento asfixiante por la imposibilidad estructural de generar ingresos excedentes", destacan desde el centro de estudios. En este escenario, los barrios con menor morosidad (Corredor Norte y Noroeste) son:

- Núñez: 7,8% de tasa de mora y 9,1% de deudores en mora, respectivamente.

- Belgrano / Belgrano R: 8,4% - 9,4%

- Recoleta / Retiro: 8,4% - 11,0%

- Colegiales: 8,6% - 9,1%

- Palermo: 9,0% - 10,7%

El perfil del pasivo es un endeudamiento sofisticado orientado a la inversión, el consumo durable y el apalancamiento financiero, en el que predominan las tarjetas de crédito bancarias de alta gama, los créditos personales a tasa fija o variable y los préstamos prendarios para vehículos. La morosidad es marginal y responde a descalces transitorios de caja. En cuanto a los barrios con mayor morosidad, que se ubican en la Zona Sur y Sudoeste, se destacan los siguientes:

- La Boca: 22,0% - 26,7%

- Villa Soldati: 21,4% - 27,4%

- Nueva Pompeya: 20,7% - 26,3%

- Villa Lugano: 20,5% - 25,1%

- Barracas: 15,9% - 19,4%

El perfil del pasivo es un crédito de subsistencia y financiamiento informal o no bancario, en el que predominan las tarjetas cerradas de cadenas de retail, los préstamos en punto de venta, las financieras de barrio y las aplicaciones de microcrédito. El destino central es la compra de alimentos, el pago de facturas de servicios públicos vencidas y la cobertura de cánones locativos. En tal sentido, el análisis permite detectar que los municipios con mayor deuda son los siguientes:

- Presidente Perón: 34% de deuda en mora sobre el total de la deuda y 39,5% de deudores en mora sobre el total de deudores.

- Florencio Varela: 34,2% y 38,3%

- José C. Paz: 34,4% y 37,7%

- Malvinas Argentinas: 33,0 y 35,7%

- Pilar: 26,4% y 33,2%

En estos casos en particular, al analizar el comportamiento financiero, se deduce que la menor densidad de bancarización tradicional empuja a los hogares hacia circuitos de crédito no bancarios con tasas efectivas anuales (TEA) extremadamente elevadas, multiplicando las tasas de incobrabilidad. Dicho de otra manera, existe una fuerte dependencia de la financiación otorgada por casas de electrodomésticos, préstamos personales de billeteras virtuales y créditos en comercios de cercanía. Obviamente, en estos casos se registran los Costos Financieros Totales (CFT) más elevados del sistema financiero formal e informal.

En sentido inverso, los partidos que presentan la menor deuda en mora son:

- Vicente López: 12,2% y 14,3%

- San Isidro: 13,8% y 19,4%

En estos dos casos en particular, en líneas generales el perfil del pasivo presenta un acceso medio a alto a la banca comercial formal, mayor bancarización del empleo y utilización del crédito para consumo de bienes no durables con tarjetas de crédito corporativas o personales. Los otros partidos con menor porcentaje de mora son los siguientes:

- Morón: 19,1% y 21,8%

- Ituzaingó; 21,3% y 24,4%

- Lanús: 24.4% y 27,1%

En cuanto a estos partidos, el acceso a la banca comercial formal en algunos casos se reduce considerablemente, creciendo la presencia de otros tipos de financiación. Especialistas de la Fundación Friedrich Ebert sostienen al respecto: "Cuando el crédito bancario formal se retira o fija barreras de entrada inalcanzables para los trabajadores informales, el mercado no desaparece, sino que se precariza". Es por ello que en el segundo y tercer cordón del conurbano se observa un fenómeno de captura financiera, pues los hogares pagan los costos de financiamiento más altos de toda la economía para cubrir la canasta básica alimentaria.

En cuanto al diferencial en los porcentajes de mora, en general se coincide que este no es casual, ya que las casas de electrodomésticos y las tarjetas no bancarias operan con tasas de interés que incorporan desde el inicio una previsión de incobrabilidad gigantesca. Al cobrar Costos Financieros Totales que duplican o triplican la inflación esperada, la misma tasa usuraria convierte a un deudor con dificultades temporales en un moroso permanente.

La visión de los expertos en crédito: del riesgo sistémico a la trampa del pago mínimo

Para comprender la trampa del sobreendeudamiento, diversos analistas y consultores del sector bancario advierten sobre el cambio estructural en las pautas de mora y la falta de educación financiera frente a los nuevos instrumentos crediticios. "El gran riesgo actual no es una crisis sistémica bancaria de incobrabilidad masiva, ya que los bancos tradicionales ajustaron severamente sus requerimientos de originación y recortaron límites de crédito a los sectores de mayor riesgo", explica el analista Agustín Cramo.

"El verdadero problema es microeconómico y social: el sobreendeudamiento invisibilizado mediante mecanismos de financiamiento informal o de crédito digital automático que ahoga la capacidad de consumo de la clase media y baja", agrega.

En lo que respecta a la irrupción de las microfinanzas tecnológicas, analistas del sector fintech agregan: "La digitalización permitió democratizar el acceso al crédito a sectores históricamente excluidos de la banca tradicional. Sin embargo, en entornos de alta volatilidad de ingresos, el algoritmo de scoring de otorgamiento en tiempo real puede pecar de optimista. Al no exigirse documentación respaldatoria del flujo de fondos real del solicitante, se termina otorgando liquidez inmediata a familias que ya están sobreendeudadas en el circuito tradicional, acelerando el colapso financiero individual".

La bola de nieve de los gastos fijos: expensas, pago mínimo y refinanciación

Más allá del crédito bancario o comercial, en los últimos tiempos se viene registrando un fuerte crecimiento del endeudamiento no bancario en la clase media porteña y del primer cordón. De hecho, en los barrios de alta densidad residencial como Caballito, Almagro, Flores y Villa Crespo, la mora se canaliza a través de dos mecanismos silenciosos:

- La mora en expensas en los consorcios: La morosidad en los pagos mensuales de expensas en edificios de propiedad horizontal ha crecido sensiblemente, convirtiéndose en el primer gasto fijo que las familias deciden postergar antes de caer en mora con la tarjeta de crédito bancaria.

- La trampa del pago mínimo: El refinanciamiento del saldo de las tarjetas de crédito bancarias mediante el abono del pago mínimo genera una capitalización de intereses que absorbe una porción creciente de los ingresos netos familiares en los meses subsiguientes, empujando a los hogares a recurrir a segundos o terceros acreedores para cancelar compromisos previos. Esta es, según especialistas en crédito al consumo una de las mayores trampas operativas en las que caen los usuarios asalariados dentro del sistema formal, cuando buscan "atajos" para intentar aliviar problemas de caja.

"Muchos usuarios creen que cumplir con el pago mínimo de la tarjeta de crédito es una forma sostenible de administración mensual. La realidad es que la refinanciación continua del saldo remanente a través del esquema "revolving" genera una bola de nieve de intereses sobre intereses que absorbe hasta un 30% o 40% del ingreso familiar disponible en cuestión de tres meses, convirtiéndose en el paso previo e inevitable a la caída en mora definitiva", advierte el ejecutivo del área de tarjetas de un banco privado.

Sobre esta cuestión, el economista Claudio Zuchovicki enfatiza la trampa de la refinanciación mediante el pago mínimo de las tarjetas de crédito, pues señala que el costo financiero total (CFT) de las tarjetas y de los créditos otorgados por proveedores no financieros erosiona rápidamente el poder de compra de las familias, actuando como un "impuesto invisible" sobre el ingreso disponible.

Por su parte, Alejandro Einstoss, economista e investigador del IAE, destaca que el incremento en las tarifas de servicios públicos (luz, gas, agua) redujo el margen de maniobra de los hogares, empujando a muchos usuarios a utilizar la tarjeta de crédito o el endeudamiento informal para afrontar los gastos fijos del hogar.

En conclusión, el mapa del endeudamiento en el AMBA demuestra que el crédito ha dejado de operar como una palanca de movilidad social ascendente para convertirse en un amortiguador precario de la caída del nivel de vida, marcando una frontera invisible pero tajante entre los barrios que se apalancan para crecer y los municipios que se endeudan para subsistir.

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