Riesgo país: su importancia, cómo llegó a 600 puntos y cuánto pagan empresas argentinas
El indicador se alejó de los mínimos de 2026, pero mientras el Tesoro paga más del 10% en dólares, varias empresas emiten deuda más barata
El riesgo país volvió a convertirse en uno de los números que más siguen los inversores argentinos. Después de haber perforado los 500 puntos y acercarse a niveles que no se veían desde 2018, el indicador elaborado por JP Morgan volvió a subir y se ubicó en la zona de los 600 puntos durante septiembre.
La pregunta es por qué un número que parece reservado para operadores de bonos termina teniendo impacto sobre las empresas, el crédito, las inversiones y, en definitiva, sobre la economía real.
La respuesta está en que el riesgo país funciona como una referencia del costo de financiamiento argentino en dólares. Cuanto mayor es la percepción de riesgo, mayor es la tasa que los inversores exigen para comprar deuda emitida por el Estado argentino. Y esa referencia también influye sobre las empresas locales, aunque no todas pagan la misma tasa.
El escenario actual resulta particularmente interesante. Mientras los bonos soberanos argentinos ofrecen rendimientos superiores al 10% en algunos tramos, las empresas están consiguiendo dólares a tasas bastante menores. En agosto, el costo promedio de las colocaciones corporativas en dólares fue de alrededor de 5,1% anual, según datos citados por PwC Argentina.
La diferencia permite entender una cuestión clave: el riesgo país no es la tasa que paga automáticamente cada empresa argentina. Es una referencia sobre la cual cada compañía suma su propio riesgo crediticio.
¿Qué es exactamente el riesgo país?
El indicador mide la diferencia entre el rendimiento que ofrecen los bonos argentinos y los bonos del Tesoro de Estados Unidos considerados de referencia y se expresa en puntos básicos. Cada 100 puntos equivalen a un punto porcentual. Por lo tanto, un riesgo país de 600 puntos representa, en términos simplificados, una sobretasa de 6 puntos porcentuales respecto de un bono estadounidense comparable.
Esto no significa que el Gobierno argentino pague exactamente 6% más que Estados Unidos por cualquier bono, pues el rendimiento final depende del plazo, el bono elegido, la legislación, la liquidez y las condiciones del mercado. Es por eso que el riesgo país funciona como un termómetro financiero. Cuando baja, los inversores están dispuestos a aceptar una menor compensación por prestar dinero a la Argentina. Cuando sube, ocurre lo contrario.
Por qué el número de Riesgo país genera tanta preocupación
Para entender la importancia del indicador hay que mirar su historia. El máximo histórico del riesgo país argentino se registró en agosto de 2002, después del default y de la crisis de la convertibilidad. Llegó a 7.222 puntos básicos y en el otro extremo, uno de los mínimos históricos se alcanzó en enero de 2007, cuando llegó a 184 puntos.
Un riesgo país de 184 puntos equivale a una sobretasa teórica de 1,84 puntos porcentuales. Un riesgo de 7.222 puntos representa más de 72 puntos porcentuales, pero entre ambos extremos se desarrollaron diferentes ciclos económicos y financieros.
Durante la crisis de 2001, el indicador se disparó desde niveles inferiores a 1.000 puntos hasta superar los 5.000. El 20 de diciembre de 2001 llegó a 4.449 puntos, en medio de la crisis política y económica pero luego continuó subiendo hasta alcanzar el récord de 7.222 puntos durante 2002. on la recuperación posterior, el riesgo comenzó a bajar. En 2007 alcanzó los 184 puntos pero la estabilidad duró poco.
En 2018, la crisis cambiaria volvió a elevar el costo de financiamiento argentino. En 2019, después de las PASO, el riesgo país volvió a superar los 2.500 puntos y en marzo de 2020, con la pandemia y la crisis de deuda, volvió a superar los 4.500 puntos.
Ya durante 2022 también volvió a superar los 2.500 puntos y al asumir Javier Milei, en diciembre de 2023, el indicador se encontraba en 1.923 puntos y llegó a 2.102 puntos en enero de 2024, pero posteriormente comenzó una tendencia descendente que llevó el riesgo a niveles cercanos a 400 puntos durante 2026. La reciente recuperación del riesgo, por lo tanto, debe leerse dentro de una historia caracterizada por fuertes movimientos.
¿Qué tiene que ver una empresa con el riesgo país?
Una empresa argentina que quiere emitir deuda en dólares necesita convencer a los inversores de que podrá devolver el capital y pagar los intereses y para hacerlo, el mercado analiza sus ventas, flujo de caja, nivel de deuda, activos, sector económico, capacidad de generar dólares y perspectivas futuras, pero también analiza el país donde está radicada. Por eso, en términos simplificados, el costo de financiamiento de una compañía puede pensarse como la suma de tres componentes:
tasa de Estados Unidos riesgo argentino riesgo propio de la empresa.
No es una fórmula exacta para determinar el precio de una obligación negociable, pero permite entender cómo funciona el mercado. En tal sentido, una empresa que genera dólares por exportaciones y tiene bajo endeudamiento puede conseguir una tasa considerablemente menor que otra compañía que depende exclusivamente del mercado argentino.
Aquí aparece uno de los datos más llamativos del mercado argentino actual, ya que en agosto, las compañías consiguieron financiamiento en dólares a una tasa promedio cercana al 5,1% anual, siendo ese costo aproximadamente la mitad del rendimiento que el mercado estaba exigiendo al Tesoro argentino en determinados bonos soberanos. Esto significa que los inversores están diferenciando entre el riesgo soberano y el riesgo corporativo, claro está que no todas las empresas, por supuesto, consiguen 5%.
Las compañías consideradas de mayor calidad crediticia y con capacidad para generar dólares pueden acceder a mejores condiciones. Las que tienen más riesgo, plazos más largos o menor capacidad de repago deben pagar una tasa mayor. En este caso el sector energético aparece entre los principales beneficiados de esta situación.
El ejemplo más importante de las últimas semanas es YPF, pues la petrolera colocó en septiembre u$s1.200 millones a nueve años, con vencimiento en 2035 a una tasa nominal de 7,55%, mientras que el rendimiento efectivo para los inversores quedó en 7,85% anual. La demanda alcanzó unos u$s2.200 millones, es decir prácticamente el doble del monto colocado, pero el dato más relevante es el diferencial frente a los bonos del Tesoro estadounidense: alrededor de 300 puntos básicos. En abril de este año, la petrolera colocó u$s122 millones a una tasa del 5,5% para refinanciar deuda anterior tomada a una tasa mas elevada.
Fue el menor spread conseguido por YPF en sus emisiones internacionales, una señal de que los inversores estaban dispuestos a cobrar una prima relativamente baja por asumir el riesgo de la petrolera. Otro ejemplo reciente es Tecpetrol, pues la compañía colocó u$s450 millones adicionales de obligaciones negociables con vencimiento en 2033, con un rendimiento de 7,25% anual.
La diferencia entre Tecpetrol y algunas emisiones corporativas de tasas cercanas al 5% demuestra que el mercado no aplica una única tasa a todas las compañías, pues cada emisor tiene su propio spread. Una petrolera con producción y exportaciones puede ofrecer una estructura de riesgo diferente de una compañía cuyos ingresos dependen fundamentalmente del consumo interno.
Qué pasa cuando el riesgo país baja
El efecto más inmediato es sobre el precio de los bonos, ya que si el mercado considera que Argentina es menos riesgosa, aumenta la demanda por sus títulos. Cuando sube el precio de un bono, su rendimiento cae y esa caída del rendimiento mejora las condiciones para futuras emisiones. Obviamente, el mecanismo también puede trasladarse al sector privado.
¿Y qué pasa si vuelve a subir?
El mecanismo funciona en sentido contrario ya que una suba fuerte del riesgo país puede encarecer el financiamiento y, en determinados momentos, directamente cerrar el mercado. Entonces, las empresas pueden quedar obligadas a recurrir a bancos, utilizar fondos propios o postergar inversiones y también se encarece la refinanciación.
El riesgo país, entonces, no es solamente un número que aparece cada mañana en las pantallas de la City, pues no es otra cosa que el precio que el mercado asigna al riesgo argentino, aunque la experiencia 2026 es que el mercado ya no parece aplicar exactamente el mismo riesgo a toda la Argentina.
El Tesoro paga una determinada prima. Una petrolera con generación de dólares paga otra. Una compañía energética puede conseguir una tercera. Y una empresa con mayor exposición al mercado local puede enfrentar una tasa todavía superior. Esa discriminación es, precisamente, la que permite saber si la mejora del acceso al crédito está llegando a las empresas.
Y también explica por qué una eventual caída sostenida del riesgo país podría tener un efecto mucho más importante que simplemente mejorar el precio de los bonos: podría reducir el costo al que las compañías argentinas consiguen dólares para invertir, refinanciarse y crecer.