¿Cuota o costo total?: esto es lo que mira la clase media argentina al sacar un crédito
Las estrategias para obtener financiación muestran diferencias profundas entre sectores, marcadas por necesidades y hábitos de consumo distintos
Al momento de decidir si tomar o no un crédito, no todos los hogares argentinos priorizan lo mismo. En la clase media, el 61,9% de los encuestados señala que lo que más pesa en su decisión final es pagar la menor cantidad posible de intereses.
En los barrios populares, en cambio, esa prioridad cae a 27,6%, y lo que gana peso es otra variable: para el 44,8% de estos hogares, lo determinante es que la cuota mensual sea baja, frente a apenas 14,6% en la clase media. La brecha entre ambos grupos no está tanto en si toman o no crédito, sino en qué restricción pesa al momento de elegirlo.
Qué mira primero cada grupo
Cuando se les pregunta qué es lo primero que miran al sacar un crédito, el 38,2% de la clase media responde "costo total del crédito" y el 28,9% "tasa de interés": juntas, esas dos opciones concentran el 67,1% de las respuestas. En barrios populares, esas mismas categorías reúnen apenas el 24,1% (17,2% y 6,9%, respectivamente).
En el otro extremo, el 44,8% de los hogares de barrios populares dice mirar primero el valor de la cuota mensual —más del triple que el 13,8% de la clase media— y otro 20,7% prioriza la cantidad de cuotas, frente a solo 4,7% en clase media. Sumadas, "cuota" y "cantidad de cuotas" explican 65,5% de las respuestas en barrios populares, contra 18,5% en clase media.
Esta distinción no es menor. Mirar solo la cuota puede llevar a subestimar cuánto termina costando un crédito en total: un plazo más largo reduce el pago mensual, pero suele aumentar los intereses acumulados a lo largo de toda la operación.
Por eso el Banco Central exige que las entidades informen el Costo Financiero Total (CFT), un indicador que resume en una sola tasa anual todos los componentes del crédito —interés, gastos administrativos, seguros— precisamente porque la cuota, tomada de manera aislada, no refleja el costo real de financiarse. Para un hogar que puede sostener distintos escenarios de pago, comparar el CFT entre opciones es lo que permite elegir el crédito más barato y no solo el más liviano mes a mes.
Qué prioridades encabezan el ranking a la hora de pedir un crédito
En la clase media, el ranking de "qué mira primero" ubica en los primeros lugares al costo total (38,2%) y la tasa de interés (28,9%), y recién en tercer lugar aparece la cuota (13,8%); ese mismo orden se refleja en la decisión final, donde pagar menos intereses (61,9%) encabeza claramente por encima de la cuota baja (14,6%) y la confianza en la entidad (10,6%).
En los barrios populares el orden se invierte casi en espejo: la cuota mensual lidera ambos rankings —44,8% como lo primero que se mira, 44,8% también como el factor más determinante en la decisión final—, seguida en el primer caso por la cantidad de cuotas (20,7%) y en el segundo por pagar menos intereses (27,6%), que pasa a un distante segundo lugar. Los requisitos de acceso y la rapidez de aprobación, en cambio, ocupan los últimos puestos en los dos grupos, lo que sugiere que la disputa central no pasa por las condiciones de acceso al crédito sino por cómo se mide su costo.
El trasfondo de la brecha: los datos de Findex
Para aportar contexto a estas diferencias, se utilizaron datos del Global Findex, una encuesta del Banco Mundial sobre inclusión y comportamiento financiero, cuya última medición en Argentina se realizó en 2024 sobre una muestra representativa de personas de 15 años o más. Entre los encuestados que se ubican en el grupo de menores ingresos, el 54,3% dice que conseguir fondos de emergencia en 30 días sería muy difícil, frente a 34,1% en el grupo de mayores ingresos: una brecha de casi 21 puntos porcentuales. Y cuando ese dinero aparece, la fuente de la cual se obtiene cambia entre ambos grupos: solo 7,1% del grupo de menores ingresos recurriría principalmente a sus ahorros, contra 21,3% en el grupo de mayores ingresos.
Esa misma asimetría se repite en el ahorro y en las preocupaciones cotidianas: el 36,8% de los hogares de menores ingresos ahorró dinero en el último año, frente a 54,4% de los de mayores ingresos, y mientras el 50,4% de los primeros identifica los gastos mensuales o las facturas como su principal preocupación financiera, en el segundo grupo esa cifra baja a 42,6%. Esta menor capacidad para absorber imprevistos es consistente con un escenario en el que el valor de la cuota puede adquirir mayor peso al momento de elegir un financiamiento. Esto no implica que el hogar desconozca que un crédito más largo puede costar más: puede saberlo y, aun así, necesitar una cuota menor para poder sostener el pago mes a mes.
Según Findex, la proporción de personas que tomó dinero prestado de cualquier fuente es prácticamente la misma entre ambos grupos: 54,7% en el 40% de menores ingresos contra 56,7% en el 60% de mayores ingresos, apenas 2 puntos de diferencia. Lo que cambia es el instrumento. El crédito formal llega a 38% en el grupo de mayores ingresos pero cae a 24% en el de menores ingresos. La tarjeta de crédito muestra una brecha todavía más marcada: 32% contra 15%. Y el único indicador que se invierte es el endeudamiento informal: 29% de los hogares de menores ingresos recurrió a familiares o amigos, frente a 22% en el otro grupo. El endeudamiento no es exclusivo de un nivel socioeconómico.
La diferencia aparece en los instrumentos disponibles: entre los hogares de menores ingresos hay menor participación del crédito formal y de la tarjeta, y mayor dependencia de la red familiar o de amigos.
Por franja etaria, la tasa de endeudamiento es relativamente pareja entre los 18 y los 59 años (57,6% a 60,7%) y cae a 43,7% entre los mayores de 60. La franja de 30 a 44 años combina una tasa de endeudamiento alta (58,2%) con la mayor preocupación por gastos mensuales (54,8%) de todas las edades. El cruce entre edad e ingreso agrega matices: la brecha en la dificultad para conseguir fondos de emergencia entre el 40% de menores ingresos y el 60% de mayores ingresos es de 24,6 p.p. entre los 18-29 años, de 26,9 p.p. entre los 30-44, de 23,9 p.p. entre los 45-59, y se reduce a apenas 4,8 p.p. entre los mayores de 60. La restricción de liquidez asociada al ingreso es particularmente marcada en las edades activas, y se atenúa después de la jubilación.
Cómo interpretar la diferencia
De acuerdo con ambos relevamientos, a la hora de solicitar un crédito, en la clase media domina la pregunta "¿cuánto voy a terminar pagando?".
En los barrios populares, en tanto, pesa más "¿cuánto tengo que pagar este mes?". No es necesariamente una diferencia de información ni de educación financiera —evaluar la tasa y el costo total requiere cierto conocimiento, pero la elección también está condicionada por la capacidad efectiva de pago—. En un hogar con menor ahorro y menor margen frente a los imprevistos, una cuota baja puede ser prioritaria aun cuando implique, a la larga, un mayor costo total del crédito: no es una decisión menos racional, sino una decisión tomada bajo una restricción distinta.
La implicancia va más allá de la conducta de cada hogar. Si el problema de fondo no es cuánta información manejan los hogares sino cuánto margen financiero les queda para absorber un imprevisto, entonces las políticas de educación financiera por sí solas difícilmente cierren la brecha: junto con explicar cómo se calcula el CFT, habría que fortalecer los mecanismos que amplían ese margen, desde el ahorro formal hasta el acceso a fondos de emergencia. Y para las entidades que diseñan y comunican sus créditos, el dato es igual de relevante: si buena parte de los hogares de menores ingresos decide en función de la cuota, comunicar con claridad el costo total —y no solo el valor de la cuota mensual— es lo que realmente permite comparar y elegir mejor, sin dejar de responder a la restricción que enfrentan.